Begoña Gómez: la mujer de rojo se queda blanca

Begoña Gómez, mujer de Pedro Sánchez, se había forjado la fama de ser la versión española de Michelle Obama; estaba preparada e irradiaba seguridad para ocupar La Moncloa –«nos vemos allí», repetía tras las cámaras a los presentadores de los debates televisivos–, pero sus planes, de momento, se han ido al traste, aunque no pierde la esperanza: «Cariño, el paseo a La Moncloa no ha terminado», le dice todavía a Sánchez

Debate de «no» investidura. Begoña Gómez acompañó a su marido al Congreso de los Diputados, en uno de los días más importantes de su  carrera política
Debate de «no» investidura. Begoña Gómez acompañó a su marido al Congreso de los Diputados, en uno de los días más importantes de su carrera política

Begoña Gómez, mujer de Pedro Sánchez, se había forjado la fama de ser la versión española de Michelle Obama; estaba preparada e irradiaba seguridad para ocupar La Moncloa

Lo reconocen amigos íntimos de la pareja y lo atestiguan quienes han estado con ella en estos últimos meses. Begoña Gómez Urzaiz, la esposa de Pedro Sánchez, estaba muy segura de que su marido lograría ser presidente del Gobierno. «Nos vemos en Mon-cloa», fue la frase que repitió una y otra vez durante todos los debates televisivos a los que le acompañó durante la campaña electoral del 20-D, según miembros de la Academia de Televisión y profesionales de los platós de las cadenas más importantes que así lo escucharon. Esta mujer rubia de carácter fuerte, vasca de nacimiento y economista de profesión, ejerce una gran influencia sobre el líder del PSOE y perfilaba ya su mudanza a la sede presidencial. Ahora, sus planes se dieron de bruces. «Ha pasado de estar preparada para La Moncloa a decepcionada por no llevar un cambio de estilo», afirman en su entorno sobre el chasco que se ha llevado la todavía primera dama socialista y sus planes de acceder a la residencia presidencial.

- Bajo la bandera

La presentación estelar de Begoña se produjo el día que apareció junto a su marido delante de una enorme bandera de España con un rutilante vestido rojo. De manga francesa y muy ceñido para resaltar su esbelta figura, la esposa de Sánchez quiso imitar a las primeras damas norteamericanas. Un largo beso cómplice y manos entrelazadas exhibían la sintonía de una pareja joven y moderna. «Los Obama españoles», decían en el equipo de Sánchez entusiasmados con la comparación. Todos cuantos han estado cerca del secretario general del PSOE coinciden en que ambos estaban convencidos de llegar a Moncloa. Así se lo confesaba la propia Begoña a compañeras de su trabajo y a algunas dirigentes del partido, como la madrileña Sara Hernández, la alcaldesa de Getafe que Sánchez utilizó para fustigar de malas y poco democráticas maneras a Tomás Gómez y a la cúpula socialista madrileña. «Amigas en el partido no tiene, pero observa mucho y ejerce de espía de su marido», opinan varios dirigentes. Al inicio de la campaña electoral la pareja pactó «un juego de cromos», según sus colaboradores. El papel de Begoña era romper cualquier esquema con sus antecesoras, tener un perfil propio y no amilanarse ante nada. Ello se comprobó en el acto en el que Sánchez fue designado candidato a la presidencia del gobierno, ante aquella gigantesca bandera y, sobre todo, durante los debates televisivos. Quienes participaron en su preparación afirman que actuaba como una perfecta «media naranja» de Sánchez y se deshacía en planes de futuro: «Tuvo claro que quería y podía llegar a La Moncloa». Entre los vecinos de la urbanización de Pozuelo, donde residen, nadie detectó gestos de mudanza, pero sí observaron mucho movimiento de coches y personas. En su papel de compañera en campaña, Begoña ya no almorzaba ni era vista de compras en su centro comercial habitual. De hecho, ella misma confesó a varias amigas que hubo de cuadrar su agenda para cuidar a las dos hijas de la pareja, Ainhoa y Carlota, de diez y ocho años. «Mis suegros y mis padres nos ayudan muchísimo, sin ellos sería complicado», les aseguró.

- «Personalidad propia»

Compañera sí, pero no «adosada», dicen amigos de la pareja como prueba de que Begoña apoya en todo a su marido pero con personalidad propia. Hace más de diez años, en una fiesta de amigos, el político se enamoró de una chica rubia, nacida en Bilbao y estudiante de Económicas. Moderna, bien formada y con trabajo. Así la definen quienes bien la conocen, destacando su fuerte carácter. «Nunca irá de ‘‘señora de’’, pero siempre estará a su lado», advierten. Su encuentro fue un auténtico flechazo que hizo a Sánchez abandonar sus ligues de juventud. «Pedro cortó en seco su fama de Casanova», dice un amigo. Begoña es algo mayor que el líder socialista y aporta madurez al matrimonio. Se casaron hace una década en el Ayuntamiento de Madrid durante una ceremonia civil oficiada por Trinidad Jiménez. Los dos han mantenido su amistad con la ex ministra de Sanidad y Exteriores, y a veces cenan en algún local de moda madrileño con ella y su pareja. «Trini es mi madrina de boda y mi madrina política», comenta a veces el candidato.

Gómez vino muy joven a estudiar en Madrid. Se conocieron en la Facultad de Económicas de la Universidad Complutense, se enamoraron y comenzaron pronto a vivir juntos. Según compañeros de la época, «fue él quien se mudó a la casa de ella». Ambos comparten gustos. Les gusta la música «indie», como La habitación Roja, Lori Meyers o Rural Zombies, y el cine español de directores «progres». En la última gala de los Goya la pareja demostró su buena sintonía con el «rojerío» de la industria y Begoña causó furor con un vestido sin mangas, de nuevo muy ceñido en gris plata, que paseó por la alfombra roja de la mano de su marido con aires de estrella presidencial. Ello dio mucho que hablar y suscita ahora irónicos comentarios: «La mujer de rojo se ha quedado blanca». O sea, de momento, en su casa y sin paseíllo hacia La Moncloa.

Antes de su lanzamiento a la política, a Begoña se la veía a menudo por la Universidad Camilo José Cela, donde Pedro es catedrático de Estructura e Historia del Pensamiento Económico. «Es un chica encantadora y muy guapa», dicen desde el círculo docente. Durante la carrera, se especializó en Estadística y Auditoría, materias que ahora desempeña en una consultora. El tiempo libre lo dedica a sus dos hijas. «Son el ojito derecho de su padre», comentan desde la universidad, en cuyo despacho siempre ha tenido retratos de las niñas. Se les ve como una pareja unida, con el ambicioso objetivo del poder. Begoña ejerce gran influencia sobre Pedro y los íntimos reconocen que le había prometido ser presidente del gobierno. «El chasco ha sido fuerte», admiten sus amigos.

«Sánchez ligaba mucho ya desde los años del Ramiro de Maeztu», el instituto donde estudió. Sin embargo, su mujer no es celosa porque sabe que en el fondo es un gran tímido. «Ella le da seguridad y en los recesos él le pedía consejo», explican organizadores de los debates televisivos.

- «No tira la toalla»

Asimismo, Pedro comparte con su mujer la pasión por el baloncesto, deporte que practicó en el Ramiro, jugó en el Estudiantes y ahora es patrono de su Fundación. A Begoña también le gusta, pero nunca ha encestado. Ella practica aerobic y pilates en un gimnasio de Pozuelo de Alarcón, donde viven, y llevan a sus hijas a un colegio público. Vecinos de la zona afirman que es afable y que le encantaba hacer la compra en un conocido centro comercial. «Moderna y pendiente de sus niñas», aseguran. Las cosas cambiaron con la campaña electoral. Algunas de sus compañeras de trabajo resaltan su carácter: «Como decimos las feministas, es una mujer empoderada, con un perfil profesional muy potente». Lo cierto es que, de momento, sus planes se han ido al traste, aunque parece que no ha perdido la esperanza. En su entorno insisten en que Begoña no tira la toalla y sigue confiando en su marido: «Cariño, el paseo hacia La Moncloa no ha terminado», le dice todavía. Así es ella de segura y optimista.

Elogios y críticas por igual

Sin la ambición política que demostraron Hillary Clinton o Ana Botella, pero con la férrea determinación de subir a los altares gubernamentales a su marido, Begoña Gómez es el perfecto ejemplo de la implicación y el estilo de una «primera dama». A diferencia de Elvira Rodríguez, la mujer de Mariano Rajoy, o Sonsoles Espinosa, la de Rodríguez Zapatero, es muy extrovertida con las cámaras cuando acompaña a Pedro Sánchez. Eso sí, todavía no ha concedido entrevistas personales. Un largo beso o un gesto de victoria tras un debate televisivo le han granjeado elogios y críticas a la par por su naturalidad.