Doña Letizia y el misterio de la ópera

No sólo de cine vive Doña Letizia. Su interés por la música clásica ha ido en aumento. Frecuenta el Teatro Real y cuando sus compromisos se lo permiten acude sin llamar la atención y disfruta de la ópera discretamente, como hizo el jueves con «La flauta mágica» de Mozart, acompañada por Felipe VI y sin ocupar el palco real. A sus hijas les está inculcando el gusto por la música y las bellas artes

Aunque la música clásica era territorio de Doña Sofía, la Reina Letizia acude con frecuencia al Teatro Real
Aunque la música clásica era territorio de Doña Sofía, la Reina Letizia acude con frecuencia al Teatro Real

El Teatro Real de Madrid es un lugar especial para Letizia. En él fue aclamada por primera vez como prometida y ahí tomó conciencia de que el periodismo era el pasado. La historia regia comenzaba con banda musical de autores rusos interpretados por Rostroprovich. Ese coliseo del arte enfrente del que podría ser su casa palacio es más frecuentado por Doña Letizia de lo que muchos habíamos creído hasta ahora. En la lista de Spotify premium de la Reina, se escucha The Killers, Maná, Hombres G y Los Planetas y acude, fuera de agenda oficial, al Festival de Benicassim, al Circo Price, a la sala la Riviera, al palau Sant Jordi o al Teatro Alfil de Madrid e incluso, puede que hasta vea, en la intimidad palaciega, el programa de televisión «La Voz».

Con la música de Rostropóvich dejó de ser la periodista Letizia Ortíz para convertirse en prometida real. A media tarde la pareja anunciaba el compromiso en el jardín de la casa del entonces Príncipe. España pudo escuchar en boca de Don Felipe: «Nos presentamos enamorados, comprometidos, convencidos e ilusionados» y un par de horas después le ponían música al compromiso. Acompañando a sus futuros suegros y del brazo de su príncipe Felipe, Letizia asistía a su primer acto oficial, un concierto en el Teatro Real de Madrid. El proceso hacia el principado comenzaba con música de autores rusos, Prokófiev, Korsakov o su admirado Dvorak y con la grandeza de ser interpretados por el propio Rostropovich. Imposible empezar con más nivel. Durante el principado han abundado las óperas como «Cosí fan tutte» de Mozart o «Tosca» de Puccini y en el joven reinado de Doña Letizia suenan muchas melodías, unas oficiales establecidas en la agenda oficial que se publica todos los viernes y otra privada, de la que no se informa, pero que tiene un dial musical de espectro más amplio. Especial fue su presencia en el coliseo para ver «El público», estreno mundial de una ópera basada en la obra de Federico García Lorca. Lo disfrutó mucho. Al acabar la representación visitó a los artistas. Rubén Olmos, uno de los bailarines comenzó a cantar y bailar mientras el resto le jaleaba con palmas, entre ellos Doña Letizia, que no pudo resistirse.

En la partitura oficial, con traje ejecutivo y en horario que permita, en la medida de lo posible, la conciliación familiar suya y la de su equipo, asiste a la inauguración de la temporada del Teatro Real desde el palco real pero fuera del horario laboral oficial, mantiene una intensa vida privada con capacidad para el rock, los ritmos hipster, el pop, y he aquí lo novedoso, cuando la gran mayoría pensábamos que la música clásica era territorio de la Reina Sofía, podemos afirmar que Doña Letizia, acude con frecuencia al Teatro Real. Sí, en sus momentos privados con ropa informal y de «incógnito» también acude a escuchar a los clásicos. Cuando creíamos que Los Planetas, U2, Alejandro Sanz o Maná (en la última visita del grupo mexicano a Madrid, no pudieron ver a Doña Letizia como acostumbran, pero sí que hablaron con ella por teléfono) formaban su lista de Spotify y la asistencia a los conciertos de todos ellos empleaban buena parte del horario privado de la Reina Letizia en vaqueros, camiseta y chupa de cuero, resulta que es aficionada a la música clásica y que se decanta por autores más complejos.

- Saludar a los artistas

Es más de Gluck y de Stravinsky que de Bach y Rossini, autores más difíciles de entender porque hacen una música con ritmos sincopados y disonantes. En esa bipolaridad de vida tan diferenciada que lleva Doña Letizia, la pública y la privada, hemos sabido que acude al coliseo musical de forma lo más discreta posible. No elige los días de estreno, sino cuando ya está rodada la obra, salvo, por ejemplo, en la actual apertura de temporada con «Roberto Devereux», de Donizetti. Concluida la función quiso saludar personalmente a los cantantes y lo hizo junto a Teresa Berganza. Coincidieron ambas en el escenario sin saberlo. Fuera de los focos estaban la mezzo y el elenco, encabezado por Mariella Devia y Gregory Kunde. Estuvo atenta y cariñosa y demostró un enorme interés por los títulos que se van a representar en 2016, por los que preguntó y a cuyas explicaciones atendió sin perder detalle. El jueves volvió al Real. No ocupó un palco, sino que se sentó en el patio de butacas junto al Rey para ver «La flauta mágica», de Mozart, cantada por el primer reparto de cantantes.

Cuando va a asistir al Real avisan desde el Palacio de la Zarzuela, incluso unas horas antes del recital o la ópera, lo justo para hacer el inevitable control de seguridad y acude con el despliegue más discreto posible y siempre acompañada de amigas. Evidentemente no ocupa el palco real, sino uno discreto lugar donde ver y no ser vista, que tradicionalmente esa ha sido la función de algunos palcos. Gracias a que siempre se reservan unas localidades para imprevistos, se puede atender su deseo de acudir de «incógnito», lo que resulta difícil en el mundo digital ya que algún Facebook es testigo de esa asistencia de Doña Letizia al Teatro Real, dado que los teléfonos móviles son incompatibles con la privacidad. No se queda ahí su interés y afición, ella pide los libretos de las óperas que se representan en el Real, las escucha y lee el argumento antes de acudir a la representación. A Doña Letizia le gusta especialmente Gluck, el músico alemán del XVIII que gozó de la protección de la reina María Antonieta. En su vida privada también roza los niveles más altos de perfección y preparación.

A Don Felipe, hasta la llegada de Doña Letizia, no se le conocía más interés por la música que las clases recibidas en sus años de estudiante en el colegio, el mismo al que van sus hijas, con disciplinas de flauta, xilófono y piano o los conciertos veraniegos de su amigo el regatista Jaume Anglada, que tiene en Letizia a su mayor groupie.

La pasión de Leonor y Sofía por el ballet

Aún es pronto para saber las habilidades musicales de las pequeñas Leonor y Sofía, gracias a que el Rosales es un colegio que concede mucha importancia a la música, actividad que se incrementa en casa dada la afición de la abuela Sofía y de la propia Letizia, seguro que las niñas sacarán provecho. «Pongo música clásica a mis hijas a diario», dijo este verano en la inauguración de los cursos de la Fundación Princesa de Asturias. A finales de noviembre llevó a las niñas al Auditorio Nacional a escuchar a la Ritirata, un grupo de interpretación histórica creada y dirigida por el violonchelista Josetxu Obregón. El ballet es otra de las aficiones que la Reina se ha preocupado de inculcar a sus hijas. Cuando ha ido con ellas al Teatro Real lo ha hecho con total discreción. El centro educativo al que asisten cuenta con un coro en el que Leonor puede cantar sus primeros villancicos públicamente en el pequeño escenario que tienen montado en el gimnasio o mostrar sus habilidades con el xilófono, violín, guitarra, piano, cello, flauta travesera, guitarra eléctrica o batería ya que es obligatorio elegir un instrumento.

Dos reinas en una función de cine

De todos es sabido que Doña Letizia es una apasionada del séptimo arte. El jueves disfrutaría aún más que de costumbre con el montaje de la Komische Oper de Berlín, impresionante en su puesta en escena que recuerda a las proyecciones de cine mudo. De hecho, los actores interactúan con las imágenes que se proyectan. Hay en esta «Flauta» mozartiana ecos de Buster Keaton y más de un guiño al cine en blanco y negro, como es el caso de la Reina de la noche, que en la función del jueves cantaba Ana Durlovski.