El diablo también reza a dios

Durante una época, la mafia aún tenía la decencia de reconocer su clandestinidad. Cuando Hoover intentó combatir la depravación con la Ley Seca, aquellos chicos descubrieron que podían hacerse de oro con los vicios de los funcionarios de Hacienda. Mientras el FBI intentaba convertir a Chicago en una ciudad de meapilas, esos tipos multiplicaban el whisky, readaptando al siglo XX aquel viejo «hit» de las bodas de Caná. Con ese imperio delictivo salpicado de crímenes no marcaron sólo una década, también crearon un estilo que el cine no tardó en imitar. Hollywood, por una vez, tuvo la sensatez de aparcar las distendidas películas de Fred Astaire y contrató a sus mejores guionistas para recoger esa leyenda de sombreros de fieltro, ametralladoras Thompson y Días de San Valentín. Unos filmes que se amasaron con unos diálogos tan afilados que en la entrada de las salas había que advertir al espectador para que no se cortara con las palabras que escuchaba. Hasta corría el rumor de que los directores rodaron en blanco y negro para evitarle al público el espectáculo inmundo que suele causar el rojo de la sangre cuando se mezcla con el color verde del dinero. Ese puñado de novelistas y directores idealistas pensaban que estaban rompiendo la taquilla. No se dieron cuenta de que también estaban alumbrando un género. Sin duda fueron buenos tiempos. Hasta John Dillinger acudía al cine para enterarse de cuál era el siguiente banco que tenía que asaltar.Pero ahora todo ha cambiado. Hoy, los capos carecen hasta de esa originalidad. Son ellos quienes van al cine para aprender a vestirse. Incluso aprenden a leer para deletrear el nombre de Mario Puzo. Vittorio Casamonica ha muerto a los 65 años. Su última voluntad ha sido convertir la discreción de la muerte en un episodio de «Los Soprano» (en la imagen). Su ataúd llegó a la iglesia en una carroza tirada de caballos, mientras una banda saludaba sus restos con la banda sonora de «El Padrino». Una procesión de plañideras acompañaron a su alma corrupta hasta el altar. Hasta el diablo se vuelve cristiano en la hora de la muerte. Un boato que lo único que refleja es que hay tipos que no saben ni cómo usar el dinero. Si Don Vito lo viera...