Bob Dylan, un mujeriego y discreto Nobel

El recién nombrado Nobel de Literatura es un hombre tan mujeriego como discreto, ya que, aunque ha tenido numerosas amantes y al menos dos relaciones tormentosas, también logra mantener oculta gran parte de su vida privada.

Sara Lownds. Fue el gran amor de su vida, madre de cuatro de sus hijos y musa de algunas de sus más famosas canciones
Sara Lownds. Fue el gran amor de su vida, madre de cuatro de sus hijos y musa de algunas de sus más famosas canciones

El recién nombrado Nobel de Literatura es un hombre tan mujeriego como discreto, ya que, aunque ha tenido numerosas amantes y al menos dos relaciones tormentosas, también logra mantener oculta gran parte de su vida privada.

«Fui un mal marido y un buen padre». No es mal resumen de su vida sentimental éste que hizo el propio Bob Dylan, un hombre cuya vida privada ofreció escasos resquicios, aunque sí los suficientes como para saber quiénes fueron las mujeres más importantes de su vida. Principalmente dos: Sara Lownds y Carolyn Dennis, con las que se casó y de las que se divorció. Antes de Sara, que fue el gran amor de su vida, cabe citar dos jóvenes que estuvieron muy presentes durante su adolescencia y cuando comenzaba a volverse famoso. La primera fue la angelical Suze Rotolo, fallecida el 24 de febrero de 2011 por un cáncer de pulmón. Es la muchacha que camina abrazada a Dylan por las calles del Greenwich Village en la legendaria portada de «The Freewheelin», de 1963. Aquello no duraría mucho porque Suze nunca soportó las exigencias de la fama y porque Dylan comenzaría pronto a «distraerse» con otras chicas. Por ejemplo, Joan Baez.

Un corto idilio

Por entonces, en aquellos primeros sesenta, ella era más conocida que él. Ambos comenzaron un idilio que a duras penas lograron mantener en secreto. Muchos dicen que Dylan sólo se aprovechó de la fama de ella para saltarse pasos hacia el estrellato. Lo que sucede es que Baez se enteró de que el «asunto» estaba terminado cuando supo que Dylan se había casado con una jovencita discreta llamada Sara. No fue la forma más elegante, desde luego.

Efectivamente, Bob y Sara se conocieron a finales de 1964 y el 22 de noviembre de 1965, durante el descanso de una gira, aprovecharon para casarse cuando ella ya estaba embarazada de Jesse. Fue una ceremonia tan íntima que sólo tuvo dos invitados, los testigos, que fueron el mánager de Dylan y una amiga de Sara. Los padres de Bob, Abe y Beatty, ni se enteraron ni por supuesto fueron invitados.

En esos primeros meses de matrimonio, Dylan continuó explotando su papel de estrella del rock y numerosos testigos hablan de múltiples «affaires» con artistas, cantantes, modelos y demás muchachas de buen ver. Siempre fue consciente de su carisma y capacidad de atracción, y lo explotó a modo.

Inicialmente, Dylan se instaló junto a Sara en el mítico Chelsea Hotel, lugar lleno de bohemia y centro de reunión de decenas de artistas, desde Leonard Cohen a Janis Joplin, desde Gore Vidal a Stanley Kubrick. Dicen que allí apuñaló Sid Vicius a su mujer, Nancy, el 12 de octubre de 1978. En cualquier caso, durante aquella mitad de los sesenta fue un lugar lleno de inspiración para Dylan, que compuso en su suite canciones como «Sad-Eyed Lady of the Lowlands», dedicada a su mujer, mientras vivía apaciblemente con Maria, la hija de Sara de su anterior matrimonio.

Después, la familia se trasladó a los bucólicos bosques de Woodstock, a una espaciosa mansión de once habitaciones llamada Hi Lo La. Le costó 12.000 dólares, y allí comenzó a escribir la famosa canción «Like a Rolling Stone». Un accidente de moto sufrido el 29 de julio de 1966 obligaría al cantante a recluirse en su casa durante una larga temporada que duraría ocho años. Fueron los tiempos aparentemente más estables –difícil hablar de felices– de la pareja, que tuvo tres hijos más a los que Dylan quiso con locura y dedicación.

Sin embargo, llegó un tiempo en el que se aburrió de tanto arbolito y buscó regresar a «la acción». En 1974 volvió a las giras y, también, a los flirteos. Esta vez indiscriminadamente. Sara se hartó y, a pesar de que intentaron varias reconciliaciones, el asunto murió y se puso más que feo. Ella incluso acusó a su marido de pegarle. Comenzó el principio del divorcio, un proceso horrible. Para entonces, hacía años que Dylan intentaba dar forma a su sueño de residencia en una propiedad que había comprado en Malibú. Aquello sería un proyecto faraónico que causaría tremendas tensiones entre el matrimonio. En un momento, tuvieron a 56 artesanos trabajando en la decoración de un salón con espacio suficiente como «para montar a caballo», según relataría el propio Bob a su arquitecto. Sara, absolutamente despechada, pidió todo menos la luna para firmar el divorcio: más de 36 millones de dólares, la casa de Malibú y, lo que es más importante, un porcentaje de derechos casi vitalicio de los temas, al entender que ella había sido «la musa que inspiró gran parte de la obra de Dylan», según argumentaron sus abogados. De hecho, una de las últimas canciones que el artista compuso durante el matrimonio se llamó «Sara». Se trataba de muchísimo dinero. Con todo, la más amarga disputa, la que sacó al aire todas las vergüenzas, fue la custodia de los hijos. Sara lo ganó todo.

Dylan tardaría en recuperarse de aquel golpe, lo que no impidió que continuara adelante con su azarosa vida sentimental. Entre 1978 y 1981 llevó junto a su banda un coro femenino de tres o cuatro componentes y las malas lenguas dicen que todas visitaron su dormitorio. De hecho, las peleas de ellas por conseguir a su hombre se trasladaron a las propias actuaciones. Las chicas se pegaban realmente sobre el escenario y Dylan tuvo que cambiar de coristas sobre la marcha. Una fue Carolyn Dennis, quien entró en la banda en abril de 1978 después de girar con Burt Bacharach. También había cantado en el legendario «Exile in Main Street» de los Rolling Stones. No era mal bagaje. «Debo admitir, por vergonzoso que resulte, que no sabía quién era Bob Dylan», confesaría.

Activista extrovertida

Dylan y Carolyn mantendrían a lo largo de los años relaciones a intervalos, y con 31 ella se quedó embarazada. Dio a luz a una niña el 31 de enero de 1986 que recibió el nombre de Desiree Gabrielle Dennis-Dylan y la pareja se casó cinco meses después. Ni siquiera los amigos más íntimos del cantante o su propia familia supieron al principio la existencia de Desiree y sólo salió a la luz en la biografía que Howard Sounes publicó en 2001. Con el tiempo, la última hija de Dylan se convertiría en una joven activista sin ocultar su condición de lesbiana. Bob y Carolyn se divorciaron en 1992 después de otro acuerdo multimillonario que volvió a dejar tiesas las cuentas del cantante, aunque todavía con mucho tiempo para recuperarse, como se comprobaría.

Con los años se rumorearon otras muchas relaciones de Dylan. Se habló de una actriz, de una ejecutiva de su casa de discos y hasta se comentó la posibilidad de que se hubiese vuelto a reconciliar con Sara. La única certeza es que mantiene una excelente relación con todas sus ex mujeres, hijos y nietos, a los que adora ver en festividades señaladas como el Día de Acción de Gracias –procura que no coincida con alguna gira–, las Navidades o ciertos cumpleaños. Además, Sara y Carolyn cumplieron escrupulosamente una parte del acuerdo de divorcio con Bob: no airear públicamente aspectos de su relación. Las bocas quedaron selladas.