La pasión turca de Pronovias

La heredera de Pronovias, Gabriela Palatchi, se casa esta noche con el empresario turco Ediz Elhadef. La boda, una unión de raíces judías, pese al halo de misterio que la rodea, contará con la presencia de la flor y nata de ambos países

Gabriela Palatchi y Ediz Elhadef residen en Estambul desde que su noviazgo, de dos años, se estabilizó
Gabriela Palatchi y Ediz Elhadef residen en Estambul desde que su noviazgo, de dos años, se estabilizó

La heredera de Pronovias, Gabriela Palatchi, se casa esta noche con el empresario turco Ediz Elhadef. La boda, una unión de raíces judías, pese al halo de misterio que la rodea, contará con la presencia de la flor y nata de ambos países

Aunque ellos lo valoran como «algo íntimo y familiar», pero con doscientos invitados flor y nata, ya la consideran la boda –más bien bodón– del año. Aún alejada del estival bullicio barcelonés, atemperado por los calores vacaciones, no fallará ninguno de los convocados. Y no sólo en pos del aire más fresco de Puigcerdá, centro de la Cerdaña, sino por el romántico atractivo del enlace. La pareja fue bautizada admirativamente como «pasión turca» prueba de cómo conmocionó a la burguesía barcelonesa, cuando el empresario turco fundador de Pronovias, Alberto Palatchi Bienveniste, se instaló en la Ciudad Condal en 1922. Provocadora manera de volver a las raíces de los Palatchi. Como Isak Andic, dueño de Mango, que es tan internacional como Pronovias, los Palatchi tiene sus orígenes en la capital otomana.

En un principio, como Tito Palatchi había depositado la mayores esperanzas de herencia empresarial en su hija Gabriela –entonces responsable del sector productos– el noviazgo de la pareja generó el drama, la negativa y hasta la incomprensión del padre. Sólo el «amor sin barreras», como se retituló «West Side Story» en España, lo ha vencido todo. Y este anochecer, tan luminoso cerca de los Pirineos, se darán el «sí, quiero» ganado a pulso y combatiendo oposición.

Coleccionista de arte

Gabriela, que tiene el carácter paterno y adora el arte, como su madre, la guapa Susana Gallardo, que posee una colección de pintura contemporánea superior a la de Plácido Arango o los Koplowitz. Amancio Ortega, en cambio, no está por invertir en arte porque prefiere hacerlo en los mejores locales del planeta; por eso tiene sedes propias en lo mejor de la Quinta Avenida y los Campos Elíseos, ya no digamos en el Bond Street londinense, en que su hija y heredera Marta trabajó empezando desde abajo: fue dependienta asombrando a su rendido progenitor. No va de rica heredera y es un ejemplo en el que deberían mirarse muchas de nuestras vips de más pretensión o pedigrí que capital.

Gabriela peleó convencida y dura como es contra viento, mares y resistencia doméstica, oponiéndose porque ella tiene 25 años contra los 40 de su descarado objeto del deseo. Padeció, soportó y harta terminó marchándose a Estambul para estar al lado del Ediz tan amado. Ya se conocen a fondo, poco por descubrir. Sentado frente a ellos el pasado 27 de abril vi los cuidados de él y cómo lo acariciaba ella incansable. Casi los aplaudieron. Fue en el espectacular desfile de Pronovias en la 080 Barcelona, con seiscientas lámparas colgadas del techo, venga a subir y bajar acentuando claroscuros favorecedores de una primera fila donde destacaron Mo Samaranch, Balala Puig y Carmen Ensesa, cara exacta a la de su inolvidable madre, musa e íntima de Manolo Pertegaz.

Dos insustituibles. Bibi Salisachs tenía elegancia física y de carácter. otro ejemplo en que mirarse. La sencillez hecha chic, de mucha clase, que también aguantó traspiés familiares porque Juan Antonio Samaranch era de armas tomar con merecida fama de rompecorazones. Algunas se derretían con sólo verle bajo el blazer azul con el escudo del COI, que presidió dándole a Barcelona los mejores Juegos Olímpicos de la historia. No creo que los inminentes de Brasil aspiren a emularlos, no está el horno para bollos. Fue mítica en Barcelona la entrega de la ciudadanía a la causa olímpica y estimulante dedicación de los colaboradores. Yo lo viví durante 15 días. Como la memorable inauguración con Claudia Schiffer y Naomi Campbell en la pasarela, también Carla Bruni, pero entonces nada relevante en los desfiles. Cuatro horas de show aperturista donde Valentino gateó con Giancarlo –entonces adorado– y una Naty Abascal a quien le corría el sudor sobre el bezo. Pat Cleveland recuperó su impacto reconvertida en «Dama del paraguas» y Montserrat Caballé entonó el «Barcelona, Barcelona», ya himno ciudadano de algo perfecto que hoy deteriora Ada Colau.

Una ermita en Puigcerdá

Todo se me echa encima ante el enlace de esta noche, tras celebrarlo ayer en un hangar del puerto barcelonés vecino al hotel W. Muchos se preguntan cómo entrarán en la pequeña ermita de la imponente casa nada rústica, que está domotizada por Montse Carulla, la íntima de Carmen Camí, a la que Urdangarín dejó por la Infanta Cristina. La ermita está detrás de la Torre del Remei, escenario de la primera boda, luego frustrada, de Elena Ochoa y el sensible Luis Racionero. El último enlace súper vip que cobijó fue el de Carlota Villarubí, hija del directivo blaugrana, con el francés Vincent Goehrs, y en la que ella curiosamente vistió de Rosa Clará.

Gabriela lucirá dos trajes, uno de corte griego. Responderán al estilo y prestigio de la firma experta en tal moda que envía mundo adelante. La última tienda se abrió en Serrano, con Isabel Preysler de madrina. Igual Palatchi ya prepara diseño para el traje nupcial que la hará marquesa de Vargas Llosa realzada por el joyerío de un Rabat, que encontró en Isabel la mejor joya de su caja fuerte.

Me confirman que iniciarán su luna de miel en la casa menorquina cerca de Mahón que decoró, igual que la barcelonesa con pinacoteca, María José Fontana. «La de Puigcerdá es más aparatosa y confortable, un auténtico refugio de invierno», me dicen en el estudio de la creadora de ambientes tan reconfortantes como este ritual reducido a «sólo 200 o 250 de familia». Superará la «pasión turca» de Antonio Gala, que no tuvo final tan feliz ni apoteósico. Conociendo al empresario y su amor filial, supongo que en Puigcerdá verán amor del bueno y fuegos de artificio.