La raja de la falda de Lola Astanova, la pianista de Trump

El presidente de Estados Unidos cuenta con una artista en la Casa Blanca que traslada la música clásica en algo más moderno a través de su piano y de su ropa atrevida.

Lola Astanova
Lola Astanova

La música es para oírla, para cerrar los ojos y dejarse llevar con la imaginación a través de sus cambios de ritmo. La música tampoco se toca, o al menos eso reza uno de los discos de Alejandro Sanz. Pero, ¿se mira? ¿Se observa? Quizá si es Lola Astanova la que hace sonar el piano, los ojos pueden desviarse para fijarse en sus tacones de aguja o su llamativa apariencia.

Ha interpretado a Chopin, a Rachmaninoff y a Liszt y, fuera de lo clásico, ha hecho versiones de Rihanna y de Gershwin, con las que consiguió millones de visualizaciones. Nació en 1985 en Uzbekistán cuando Tashkent era la capital de aquella República Soviética y en 2003 emigró a Estados Unidos para hacerse un hueco en la música clásica del país presidido entonces por George W. Bush. Pero no fue con éste con quien Astanova encontró su lugar, sino con el presidente actual. La pianista, que viste con brillos y escote, es amiga de Donald Trump y, además, toca el piano para él en la Casa Blanca. Se conocieron en 2012, días más tarde del debut en política de Trump durante un evento de recaudación de fondos para la American Cancer Society.

Mientras Astanova tocaba el piano en Mar-a-Lago, un resort patrimonial ubicado en Florida y que fue proclamado Hito Histórico Nacional, Trump participaba en un acto benéfico rodeado de caviar ruso y un tobogán de vodka. Un tiempo después, volvió a tocar en el mismo lugar, esta vez en beneficio de la American Heart Association, pero en este momento sí hubo un indicio de la amistad entre ambos: Trump donó 50 mil dólares a la organización “en nombre de la virtuosa pianista Lola Astanova”, según una cuenta a la que ha accedido la revista “Rolling Stone”.

De todos los pianistas que habrá en Estados Unidos, quien tuvo la suerte de acercarse a la Casa Blanca fue Astanova, que cuenta con muchos fanáticos rusos y que conoció a Trump en eventos sociales. El 4 de julio tocó el Himno Nacional en la Casa Blanca y, según la citada publicación, no fueron los norteamericanos los únicos que pararon a escucharla, sino también los rusos: “Ella rompió el hielo entre Estados Unidos y Rusia”, publicó una vez el medio ruso “Sputnik”, que le ha dado mucha cobertura a la pianista afincada en Norteamérica.

La lucha más sexy

Según la publicación rusa, la pianista confesó que no busca romper estereotipos, sino acercar la música a su territorio. Una de sus formas de llevarlo a cabo es con la elección de su ropa: “Quiero que mis vestidos se vean brillantes y armoniosos, porque es parte de mi representación”, explicó a “Sputnik” mientras expresaba su manera de vincular sus interpretaciones musicales con su armario. Habrá a quienes sus altos tacones y sus vestidos llamativos le recuerden a la pianista china Yuja Wang, cuya raja en la falda le acompaña cuando hace sonar sus notas en el piano. Para Wang, la música es su vida, pero la moda le apasiona. Por ello, tanto Astanova como la pianista china tienen mucho en común: ambas se alejan de lo “clásico” para reproducir a Chopin vistiendo “a la última”. ¿Cuál de las dos hace de un concierto una experiencia más sexy?