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Mabel Lozano: «Hablar para mi filme ha puesto en peligro la vida de este proxeneta»

Su último documental es «El proxeneta. Paso corto, mala leche», basado en su novela del mismo nombre.

Mabel Lozano: «Hablar para mi filme ha puesto en peligro la vida de este proxeneta»
Mabel Lozano: «Hablar para mi filme ha puesto en peligro la vida de este proxeneta»larazon

Su último documental es «El proxeneta. Paso corto, mala leche», basado en su novela del mismo nombre.

La cineasta Mabel Lozano tiene una manera muy particular de golpearnos en la retina y en el estómago con sus películas. Ella es así, capaz de dejarnos el cuerpo cortado sin utilizar ni una gota de violencia explícita. Es su sello. Ese y el de no revictimizar jamás a las víctimas de trata. Las mismas a las que lleva dedicando su trabajo y su esfuerzo desde hace más de una década. Su último largo, «El proxeneta. Paso corto, mala leche», llega tras el libro del mismo título que ella misma escribió. Al reto de su personalísima manera de contar, tan única y reconocible, Lozano ha sumado el de trasladar la esencia de lo escrito.

–No parece tarea fácil comprimir un libro, ni aunque sea propio...

–En él se ofrece una perspectiva mucho más grande de lo que es el proxenetismo. Pero, claro, no podía llevarlo a un metraje de tres horas de película; sobre todo, porque se trata de una tema bastante duro y no puedes tener al espectador agarrado de la tripa y retorciéndosela durante hora y media, debes meter todo lo que le quieres contar en 79 minutos porque, si no, no lo aguanta nadie.

–Tanta dureza es difícil de soportar, sí. Tampoco era liviano el discurso de sus anteriores películas, ofrecido en primera persona desde las víctimas, pero quizá éste de los verdugos, de los amos de la prostitución y la trata, resulta aún más aterrador.

–Desde luego, es una perspectiva única, más aún al contarlo él a cara descubierta. En otros trabajos metí diferentes voces, las de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la de la Fiscalía, las de las víctimas..., había muchos otros de los actores que intervienen en este fenómeno delictivo. En el caso de «El proxeneta», solo está su voz.

–Y más allá de la calidad extraordinaria de esta película, puro género negro que revienta toda posibilidad de sostener posiciones melifluas respecto a la prostitución y a la trata, ¿diría que conseguir el testimonio del proxeneta es su principal mérito?

–Esta misma película sin él no hubiera tenido ningún sentido. Te guste o no lo que contamos, es la vida de uno de los grandes capos de la prostitución y la trata de nuestro país y está narrada por él mismo. Eso tiene un valor incalculable. Sobre todo, porque, además de las víctimas o los clientes, habla de sus ex socios, de sus negocios anteriores, de cómo se sustenta todo ese sistema financiero con tantas complicaciones. Hacerlo ha puesto su vida en un serio y verdadero riesgo.

–No resulta cómodo escuchar la voz de un malo sin que sobrevengan mil y una reacciones. Hay quien prefiere obviar estas voces, como si, al no escucharlas, sus actos no se produjeran, ¿no?

–A las personas que me reprochan haberle dado voz a un proxeneta siempre les digo lo mismo: habría sido más fácil hablar de trata y prostitución con un panadero, pero ¡qué iba a saber ese hombre! Lo que hace el proxeneta es corroborar todo lo que las víctimas han contado durante años y que les ha costado ser cuestionadas y estigmatizadas. Y lo que hace también –y solo podía hacer él– es que se vea a los que eran invisibles y trabajaban de una manera impune gracias al anonimato. Hemos puesto en la picota la palabra proxeneta, que antes no aparecía en ningún discurso de la prostitución y la trata.

–Habla usted de la impunidad de los invisibles, pero, según se refleja en su película antes, no son solo los propios proxenetas. Lo que provoca más pavor es saber que tienen cómplices en todas partes.

–Para que este negocio funcione se necesita un entramado financiero y los proxenetas deben adelantarse a la ley. No son abogados, pero pueden tener en nómina a los mejores. El dinero lava muchas conciencias. En todas las profesiones hay delincuentes: entre los abogados, médicos, periodistas... Y esos delincuentes estuvieron dispuestos a ayudar a los proxenetas para sacar partido desde que comenzaron con la trata en 1992, cuando aún no había ley –la Ley de Trata está tipificada en nuestro país en 2010– y las Fuerzas de Seguridad del Estado aún no estaban formadas... Fíjese si han estado años trabajando con absoluta impunidad. Entre los cómplices también están los prostituyentes. Esos hombres que van todos los días a sus clubes a comprar carne humana.

–Prostituyentes, puteros... De-
mandan los servicios de las mujeres sin cuestionarse si son esclavas. ¿Tienen consciencia de su culpabilidad?

–Los prostituyentes –yo nunca los llamo puteros, porque no trabajo con putas, sino con mujeres prostituidas– están dentro del sistema. La prostitución está muy arraigada social y culturalmente en nuestro país. Y nadie quiere saber la realidad de esas mujeres pobres e inmigrantes; es mejor pensar que ganan mucho dinero porque les gusta mucho follar.

–Aunque usted lo recalque y el proxeneta arrepentido de su película lo certifique, parece que aún hay otro discurso, otro sector, otra gente que insiste en que son muchas las mujeres que son prostitutas porque les da la gana.

–Sí, es el discurso del patriarcado más hegemónico, que quiere mantener la prostitución porque es el bastión que le queda, y es también el de los proxenetas porque a ellos les interesa. No olvidemos que ellos crearon Anela (Asociación Nacional de Clubes de Alterne), la patronal de los proxenetas españoles, y que dentro de sus estatutos, en primer lugar, estaba legalizar la prostitución. Es exactamente el discurso del proxenetismo.

Personal e intransferible

Mabel Lozano nació en 1967, está casada, tiene tres hijos y se siente especialmente orgullosa «de mi familia y de mis amigos». No se arrepiente «de nada». Perdona «siempre» y olvida «siempre». Le hace reír «todo. Yo misma. Me río de mí misma cada día» y llorar, «la impotencia». A una isla desierta se llevaría «a mis amigos y familia». Le gusta comer y beber «de todo. Me lo como y me lo bebo todo». No es maniática, fuma de vez en cuando, aunque lo quiere erradicar, sueña muchísimo «con Yandy, la protagonista de “Chicas Nuevas 24 horas”. Sueño con su frase: “Quiero volver a casa con mi mamá”». De mayor le gustaría ser «mayor». Y si volviera a nacer sería «lo mismo que soy».