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Marita Lorenz: la amante de Castro llega al Hollywood de Trump

Jennifer Lawrence dará vida en la pantalla a esta mujer alemana en una versión cinematográfica que incluye su encierro en Bergen Belsen, su trabajo de espionaje y el tormentoso «affaire» que tuvo con Fidel Castro

Marita Lorenz en La Habana (1959)
Marita Lorenz en La Habana (1959)

Jennifer Lawrence dará vida en la pantalla a esta mujer alemana en una versión cinematográfica que incluye su encierro en Bergen Belsen, su trabajo de espionaje y el tormentoso «affaire» que tuvo con Fidel Castro

La vida de Ilona Marita Lorenz está ligada a algunos de los momentos clave de la historia del siglo XX. Nació en Alemania en 1939, apenas unos días antes de que Hitler invadiera Polonia y estallara la Segunda Guerra Mundial. Sus padres, una americana y un capitán de barco alemán, colaboraron con los aliados y los nazis a la vez y, a los 7 años, Marita fue enviada a Bergen Belsen, el campo de concentración donde murió Ana Frank. Después de la guerra viajó a EE UU, donde se cruzó con personajes como Frank Sturgis, una de las figuras principales del escándalo de Watergate, que la reclutó para la CIA. Según Lorenz, allí conoció a una amplia red de espías y contrarrevolucionarios que intentaban tumbar a Fidel Castro; entre ellos Lee Harvey Oswald, que poco después sería culpado de asesinar a J. F. Kennedy. Pero uno de los personaje más significativos de todos con los que se cruzó –y con el que más intimó– fue el propio Castro, con quien mantuvo una complicada relación en La Habana.

Tras la muerte del dictador cubano muchos de sus numerosos romances han cobrado relevancia, pero Hollywood ya había puesto el ojo en Marita desde comienzos de este año. Sony adquirió los derechos de su libro, «Yo fui la espía que amó al comandante», publicado en España por Península, para hacer una película y le encargó el guión a Eric Warren Singer. Con «La gran estafa americana», éste probó su capacidad para narrar en la gran pantalla una complicada historia basada en hechos reales y ahora lo volverá a hacer con la enrevesada vida de Marita. Y para protagonizar esta gran historia, una actriz con la que Singer ya ha trabajado exitosamente: Jennifer Lawrence. Para formar el trío perfecto sólo faltaría que se uniera a la producción el laureado director David O’Rusell, que ha encontrado inspiración en Lawrence para «Joy» (también basada en hechos reales) y «El lado bueno de las cosas».

- Pasión en el camarote

El primer encuentro entre Marita, entonces de 19 años, y Fidel, de 32, fue el 27 de febrero de 1959, cuando el barco que comandaba su padre, el «Berlín», atracó en el puerto de La Habana. Después de la guerra y de pasar una época viviendo entre Florida y Nueva York, la joven decidió sumarse a la tripulación del «Berlín», que recorría las Indias Occidentales. La revolución liderada por Castro había triunfado menos de dos meses antes, y el mismo día en que el «Berlín» llegó a Cuba éste fue nombrado primer ministro. La alemana recuerda que aquel día le vio acercarse en lancha y en compañía de un grupo de hombres: «Cuando llegaron junto a nuestro barco vi que eran muchos, barbudos y armados, vestidos con ropas militares, pero mi atención se fijó especialmente en uno de ellos, el más alto de todos. Realmente me gustó lo que vi, me cautivó su rostro», escribió en su libro. «Soy el doctor Castro, Fidel. Soy Cuba», se presentó, y exigió subir a la embarcación.

Preguntó por el capitán, pero Marita le contestó que ella era la encargada. Entonces lo llevó por el barco, enseñándole la sala de máquinas, los comedores y, finalmente, los camarotes. «Cuando llegamos al área de primera clase le mostré dónde estaba mi camarote. Entonces me dijo: “Quiero ver”. Abrí la puerta y en ese instante me cogió del brazo y me empujó dentro. Sin más ceremonias, me dio un gran abrazo y me besó», recuerda Marita. «Desde ese primer encuentro me quedó claro que ejercía una gran atracción sobre la gente. Yo no era una excepción, y decidí no dejarlo ir», escribió de aquel día. Efectivamente, poco después volvería a Cuba invitada por Fidel, que la llamó a casa de su hermano en Nueva York y le dijo: «Mañana te mando un avión». Fue apenas una de las primeras muestras de poder y dinero que Castro le daría a su «alemanita», como la llamaba. Tras su llegada la instaló en una habitación del Habana Hilton y se ocupó de sus gastos. Uno de los extravagantes regalos que le hizo fue un anillo con sus iniciales en diamantes, que diseñaron juntos.

Pero el romance se complicó. Marita conoció a Sturgis, que le pidió que le diera información sobre Castro y ella aceptó. Poco después, quedó embarazada, una noticia que asegura que su amante se tomó con tranquilidad. Sin embargo, la vida que imaginaba en La Habana se esfumó cuando fue drogada una mañana e intervenida quirúrgicamente. Le dijeron que había perdido al niño, pero, en 1981, cuando volvió a Cuba, el propio Castro le confirmó que su hijo estaba vivo y le dejó conocerlo. Se llamaba Andrés, vivía en la isla con los que habían sido profesores de inglés de su padre y estudiaba Medicina.

- Veneno en La Habana

Después del falso aborto, Marita fue enviada de vuelta EE UU, y allí realizó labores de espionaje, haciendo de agente doble con los miembros del Movimiento 26 de julio y los de la Operación 40, destinada a derrocar a Castro. Una noche, en Nueva York, trataron de asesinarla y el FBI le aseguró que había sido orden de su ex amante. Marita, en su libro, pone en duda que Fidel fuera capaz de algo así. Poco después, en 1961, la CIA le pidió que «neutralizara a Castro»: debía viajar a la isla y envenenarlo. La joven se embarcó hacia La Habana, pero sabía que no sería capaz de asesinar a su gran amor. Por eso, cuando llegó, tiró las pastillas venenosas por el bidé y le confesó todo a Fidel: «Entonces sacó su pistola de la cartuchera y me la dio. Yo la empuñé, la miré y le miré a él, que seguía tumbado, había cerrado los ojos y dijo: “Nadie puede matarme. Nunca jamás”», relata.

Marita Lorenz vive hoy en Queens, Nueva York, y tiene 77 años. Su hermana, Valerie, dijo al «New York Post» que está «devastada y con el corazón roto» desde que se enteró de la muerte del dictador, ya que «estuvo enamorada de él toda su vida».