Ortega Cano reaparece junto a Manzanares y Morante

Conmoción y expectación ante la reaparición inminente de Ortega Cano. Será el 16 en el coso de Benidorm, que no está entre los grandes de España y se considera turístico, como el de Marbella o Estepona. Es mucho el reclamo de la población alicantina a la que es adicta Belén Esteban. Allá estará encabezando la afluencia de vips ante la vuelta, acaso para quedarse, del número uno murciano. Me lo anticipó en la entrega de los premios Corazón a la solidaridad. Fue una tarde de calor en los jardines del Hotel Miguel Ángel y tuvo buena respuesta de los famosos que aún no estaban de veraneo. Todo está en puertas, como esa sorprendente rentré de Ortega, que marcó época y al que aún añoran. Sus desplantes ante los silbidos eran auténticos arranques furiosos. Un coraje que ha heredado, y no diría que para bien, por su hija, Gloria Camila. También prodiga los desplantes y lo mismo se enfrenta a Chabelita que a un informador –por ejemplo, yo– tildándole de pelota. Su padre ni se inmuta, acostumbrado a esas impertinencias. Ignora que callar es un valor en alza y bien lo practicaba su madre, Rocío Jurado, a la que admiré como no ocurre con Gloria Camila. Elogié su recién recuperado pelo negro y volvió a llamarme pelota. No sé de qué va, a parte de amadísima hija con un fortunón heredado de la chipionera que su hermano dilapida en juergas y excesos mal reprimidos.

El torero forma cartel con Manzanares –que esta temporada anda ya por el séptimo cielo– y el siempre imprevisible Morante de la Puebla. Cita de números uno que han revolucionado a la afición. Desplaza otro problema familiar, como el regreso de José Fernando con su novia de ida y vuelta, una relación que su padre no mira con buenos ojos. El matador iba impecable con un traje de lino gris contrastado con camisa negra y una corbata salpicada de frases animadoras; quizá lo necesita ante la cita del 16. Lo elogió María Bravo, una de las condecoradas esa noche por su apoyo a la infancia. Mostró un generoso y envidiado escote. Se la veía feliz con su novio desde hace cinco años . Ella es 14 años mayor y no le importa. Como tampoco explicar detalladamente que está en plena menopausia a los 49. «No me afecta en nada. Es una cosa mental que algunas mujeres fomentan», reconoció ante la dueña de Pandora, Silvia Guenun. Contaba que acaba de descubrir Sanlúcar de Barrameda, la aristocrática ciudad andaluza de los Medina Sidonia. «Ahora me dedicaré a Huelva, creo que son magníficas sus playas. Estoy cansada de Marbella e Ibiza», me dice.

Precisamente, a Ibiza marchaban los Alvarno, que saben aislarse de la locura isleña. Con la vicepresidenta del Consell, Marta Díaz, hablamos de la operación policial anti Amnesia. Sorprende que sea ahora, al inicio de temporada. Una maniobra desestabilizadora del histórico local. En Sitges, cuando tenía La Atlántida, conocí mucho a su dueño, Martin Ferrer. Otra época, nada que ver con el presunto blanqueo de ahora. La política lo lamentaba frente a Josemi Rodríguez-Sieiro, que alucinó ante su mini de malla. Tiene piernas y las enseña en una nueva manera de vestir un cargo, observaron desde Mónica Martín Luque a Isabel Abdo, que compartían llamativos bolsos de Coco. Impactaron, como el Pucci de María León, herencia de su madre. La actriz ansiaba ya su verano en el Aveiro portugués donde se casó. La cita dio para mucho, aunque nada comparable al retorno de Ortega Cano.