Seguridad a cargo de robots

El Qylatron tiene unas puertas que se abren, se introduce un objeto y detecta si es peligroso

El Qylatronfue desarrollado por una experta en terrorismo
El Qylatronfue desarrollado por una experta en terrorismo

En los eventos deportivos y recintos de ocio, en breve desaparecerá el personal humano y todo será controlado por medio de sensores, inteligencia artificial y cámaras.

En los eventos deportivos y recintos de ocio, en breve desaparecerá el personal humano y todo será controlado por medio de sensores, inteligencia artificial y cámaras.

A una semana de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, el Gobierno de Brasil ha despedido a la empresa privada que estaría a cargo de la seguridad (no consiguió contratar a los 3.400 efectivos acordados) y recurrirá a cámaras, detectores de metales y policías activos y retirados.

Éste es el primer paso hacia una confianza cada vez mayor en las capacidades de la tecnología para reducir los riesgos en eventos multitudinarios al mínimo.

Las cámaras no parpadean, los sensores no mienten y la inteligencia artificial no puede ser sobornada. Ahí está el Qylatron, por ejemplo. Imaginad un panal de abejas de cuatro metros de ancho por dos de alto, con seis puertas hexagonales. La persona acerca la entrada o pasaje (sea un concierto, un encuentro deportivo o un aeropuerto), una de las puertas del Qylatron se abre, la persona introduce su equipaje de mano y la máquina detecta si el contenido es peligroso o prohibido. Por ejemplo, en un concierto es capaz de detectar la presencia de alcohol camuflada en una botella de refresco o de algún elemento químico o radiactivo utilizado en explosivos. Si los sensores y rayos X no detectan una amenaza, la puerta se abre y el usuario recupera su carga; de lo contrario, se enciende una alarma y la puerta se bloquea, pudiendo contener en su interior una explosión pequeña (los datos exactos no se han revelado en este sentido).

El Qylatron fue desarrollado por la experta en terrorismo Lisa Dolev y es capaz de controlar el acceso de hasta 600 personas por hora. Ya ha sido probado en el estadio Levi de San Francisco y en breve al Departamento de Seguridad de Estados Unidos lo comenzará a usar en aeropuertos.

Pero este es sólo un dispositivo. También se han comenzado a usar cámaras inteligentes que, gracias a un software de aprendizaje, detectan la dilatación de las pupilas, el ritmo cardiaco, la temperatura y la presión arterial para determinar quién puede representar un riesgo eventual. Este tipo de software aprende comunicándose con cámaras y sistemas de seguridad de todo el mundo. Y, por si fuera poco, no sólo actúan durante el evento, sino antes. Mucho antes. Estos programas son los encargados de revisar todas las opciones de seguridad de un determinado lugar, estableciendo los mejores puntos de acceso, los lugares más débiles, los posibles escenarios y realizando recomendaciones basadas en cientos de simulaciones.

La ventaja de estos sistemas es que es difícil engañarlos, no pierden el foco de atención y pueden ponerse a punto con poco tiempo de anticipación. Lo único que les falta es la intuición de un ser humano experimentado.