Héroes de la guerra de Cuba

Con apenas 500 españoles, el 2 de julio de 1898 el general Vara de Rey protagonizó la heroica defensa del Caney frente a más de 7.000 enemigos.

El general Vara de Rey en la batalla de El Caney, imagen de portada de la revista «Desperta Ferro Contemporánea n.º 21: Cuba 1898». Foto: Pablo Outeiral-Desperta Ferro Ediciones

Con apenas 500 españoles, el 2 de julio de 1898 el general Vara de Rey protagonizó la heroica defensa del Caney frente a más de 7.000 enemigos.

«Nunca he visto –según afirmó uno de los oficiales españoles en El Caney– nada parecido al arrojo y valor de los soldados americanos. Avanzaban sobre nuestras trincheras sin camisa, con el pecho desnudo expuesto al fuego letal de los fusiles». Correspondiendo al elogio, el coronel norteamericano Sargent escribiría: «El valor de los españoles superó todo lo imaginable. Las granadas hacían explosión en las calles, los blocaos saltaban por los aires, esquirlas de plomo barrían las trincheras, penetraban en cada rendija, en cada esquina, en cada aspillera, pero los soldados de aquel incomparable héroe, el general Vara de Rey, serenos y decididos, no dejaban de emerger de las trincheras para lanzar descarga tras descarga contra los atacantes». Se trataba de quinientos hombres, superados diez veces en número, y sin artillería con la que enfrentarse a las cuatro piezas norteamericanas: pero la división de Lawton no fue capaz de pasar tan fácilmente como había previsto. Dos horas debía durar el ataque, pero el bombardeo, que comenzó a las 6.35 de la mañana y no cesó hasta las 15.00 horas, se prolongó más de ocho, durante las cuales los asaltantes iban a tener que desencadenar una embestida tras otra, maniobrar por el endiablado terreno para posicionarse de nuevo y volver a dar un paso al frente, solo para ser rechazados una y otra vez antes de lograr el éxito final. Dos fueron las piedras angulares de la defensa española: un edificio y un hombre. El primero, el fuerte de El Viso, posado sobre la colina, donde cuarenta hombres aguantaron los embates de centenares de norteamericanos.

El otro puntal de la defensa fue Joaquín Vara de Rey, un hombre sin apenas historia que había ostentado diversos mandos militares menores antes de ser gobernador militar de las Marianas y comandante de la guarnición de Ávila, desde donde se presentó voluntario para marchar a Cuba en donde lo aguardaban la muerte y la gloria. Cuando cayó el fuerte de El Viso, la defensa se retiró al pueblo y, tras ceder también el perímetro exterior de este, los que quedaban se reunieron junto a la iglesia en torno a su jefe que, sabedor de la importancia del lugar que defendía, los exhortó a seguir resistiendo hasta que una bala le atravesó ambas piernas. Su sustituto, el teniente coronel Puñet, acabaría protagonizando la resistencia final y la retirada, milagrosa, de los últimos ochenta combatientes hasta Santiago de Cuba. Vara de Rey no habría de verlo, pues la gravedad de sus heridas forzó que se organizara de inmediato un traslado al hospital, sito en la capital de la provincia. Para ello, lo tendieron sobre una camilla y así partió, acompañado de su hermano, sus tres hijos y una escolta de cuatro soldados. Los norteamericanos no habían sido capaces de encontrar la vereda que cruzaba la selva hacia San Miguel de Laja, pero estaban muy cerca, y tal vez el ruido del cortejo, el movimiento, o el ensañamiento, los llevaran a abrir fuego contra el grupo (según otras fuentes, pudieron ser los insurrectos cubanos quienes acabaran con su vida). El herido fue alcanzado otra vez, y los que lo acompañaban de nuevas no pudieron continuar su camino. «Lamento tener que comunicarle –escribió el general Shafter al mando español– el fallecimiento del general Vara de Rey, quien con dos de sus hijos resultó muerto en el curso del combate del 1 de julio. Su cuerpo será enterrado esta mañana con honores militares. Su hermano, el teniente coronel Vara de Rey, está herido y se halla en mi poder, junto con el capitán

Vara de Rey».

Para saber más

«CUBA 1898»

Desperta Ferro Ediciones Contemporánea, nº 21

68 págs.

(7 euros)