Revolución atómica

Hace más de medio siglo que se creó el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Nació con una idea utópica bajo el nombre «Átomos por la paz».

El 11 de marzo de 2011, un tsunami provocó una catástrofe en Fukushima
El 11 de marzo de 2011, un tsunami provocó una catástrofe en Fukushima

Hace más de medio siglo que se creó el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Nació con una idea utópica bajo el nombre «Átomos por la paz».

En su última visita a Irán, el director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Yukiya Amano, trató de despejar algunas dudas del Gobierno iraní sobre la actuación de la institución que dirige. No en vano el OIEA se ha convertido en pieza clave del acuerdo nuclear alcanzado entre Estados Unidos y el régimen iraní hace un mes. Un acuerdo histórico que ha vuelto a poner sobre el tapete de las relaciones internacionales el problema de la energía atómica.

De hecho, fue en plena confrontación de intereses entre bloques cuando nació el OIEA, tal día como ayer de 1957. Entonces lo hizo bajo el nombre de «Agencia». La historia de esta institución es también la historia del errático camino que las naciones del mundo han seguido: desde el más naif optimismo pacifista al alarmismo más injustificado.

La agencia vio la luz el 29 de julio tras un largo trabajo de «lobby» iniciado por el presidente de EEUU Einsenhower. En sus inicios, tenía un fin mucho más loable, ancho y utópico que su verdadera misión actual: «Promover el desarrollo de una energía nuclear segura, pacífica y conciliadora, especialmente en los países del Tercer Mundo». De hecho, el concepto inicial surgió bajo el nombre «Átomos para la paz», propuesto a las Naciones Unidas por el mismo Einsenhower en la Asamblea General de 1953.

En teoría, las naciones del mundo habían alcanzado un grado de desarrollo suficiente como para dar el paso definitivo a la nuclearización pacífica. Se vivió todo un despertar con no pocos tintes de ingenuo romanticismo. En 1957 había en el mundo 28 plantas nucleares pertenecientes a 6 países. 15 años después había 375 repartidas en 50 naciones. El objetivo del plan «Átomos para la paz» era alcanzar los 2.000 reactores instalados en el año 2000. Hoy, la realidad es muy distinta. La oposición popular a la energía atómica (carente de fundamento técnico pero arraigada en el ideario de defensa del medio ambiente), las tensiones políticas cambiantes (de la lucha entre bloques al conflicto de Oriente Medio o el terrorismo radical islamista) y los accidentes como el de Chernobyl paralizaron de golpe los entusiasmos atómicos de los años 50 y 60. Hoy el OIEA ha quedado en una institución de control que evita la proliferación de las instalaciones para uso militar y en gestor de las crisis venideras (con algunas deficiencias como se demostró en Fukushima) más que en una auténtica plataforma de desarrollo científico y económico.