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¿Dónde está el Chanel de Jackie Kennedy?

En una sala sellada de los Archivos Nacionales de Estados Unidos, sin ventanas y a temperatura constante, se guarda el gran símbolo del día del asesinato de JFK.

Pocos saben que fue un hombre el que eligió uno de los vestidos más famosos del siglo XX. «En la comida estarán todas esas ricas mujeres republicanas vistiendo abrigos de visón y brazaletes de diamantes», dijo John F. Kennedy a su mujer. «Tú tienes que lucir como la más maravillosa de todas ellas. Sé simple, muéstrales a esas texanas lo que significa realmente tener buen gusto». Así que Jacqueline Kennedy mostró varias opciones a su marido y él se decantó por el modelo rosa, uno de los favoritos del presidente americano y que la Primera Dama ya había lucido en otras ocasiones. Lo llevó durante su visita a Londres en marzo de 1962 y en la Casa Blanca unos meses después mientras esperaba al presidente de Argelia, Ahmed Ben Bella, por ejemplo.

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A partir de ahí la historia se desencadenó sin que ninguno de sus dos protagonistas pudieran tomar las riendas de la situación. Ese mediodía fallecía Kennedy asesinado por Lee Harvey Oswald en el magnicidio más importante y mediático del siglo XX. A su lado, en el asiento trasero de la limusina que conducía a la pareja presidencial por las calles de Dallas, le acompañaba Jackie con ese vestido rosa que él había seleccionado para impactar a la sociedad texana y que al final se acabó convirtiendo en todo un símbolo. Fue ella la primera en atender a su marido, quedando empapada por su sangre.

«Voy a dejarme la ropa puesta», dijo la viuda de Kennedy cuando le comentaron que tenía su cambio de vestido preparado. «Quiero que todos vean lo que le han hecho». Cuentan que incluso confesó arrepentirse de haberse limpiado las manchas de sangre de la cara. Sus fotografías con aquellas ropas ensangrentadas en el avión presidencial asistiendo al juramento del vicepresidente, Lyndon B. Johnson, horas después de que su marido fuera declarado muerto, así como el impacto que tuvieron las imágenes de la televisión en las que se veía todo lo sucedido, acrecentaron la iconografía de ese conjunto rosa de falda y chaqueta.

Jackie era un icono de moda del momento. Desde su llegada a la Casa Blanca había enamorado a todo un país y las mujeres imitaban su estilo. Carine Roitfeld, uno de los nombres más importantes y respetados del mundo de la moda, reconocía hace unos años en una entrevista con el periodista Tim Blanks que la primera chaqueta de Chanel que ella había visto en su vida fue la de aquel vestido rosa (aunque fue corregida sobre la autoría por Karl Lagerfeld). El propio Kennedy, horas antes de su asesinato, hacía alusión en Forth Worth a la importancia mundial del estilo de su mujer: «Hace dos años, me presentaba en París como el hombre que acompañaba a la señora Kennedy. Y tengo esa misma sensación ahora aquí en Texas. A nadie le interesa lo que Lyndon (Johnson) y yo llevamos puesto». Y junto con el metraje de su asesinato, ese vestido es el gran símbolo de todo lo que aconteció aquel 22 de noviembre.

Secreto de estado

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De hecho, ese conjunto rosa es el único testigo que queda de aquel fatídico incidente y eso en Estados Unidos se respeta al máximo. Tal es el grado de protección que goza el vestido que pocos son los ojos que han podido contemplarlo. Una vez de regreso a la Casa Blanca, la misma Jackie Kennedy se encargó de meterlo en una caja y lo envió a su madre, quien tiempo después lo depositó en la sede de los Archivos Nacionales de Estados Unidos, en Maryland, acompañado de una sencilla nota manuscrita que rezaba: «Vestido y bolso de Jackie. Llevado el 22 de noviembre de 1963».

Y nunca más ha salido de allí. Se conserva en un lugar desconocido y guardado bajo secreto en una sala sin ventanas y a temperatura constante para preservarlo del paso del tiempo. Según lo estipulado en la donación que Caroline Kennedy, la única sobreviviente del matrimonio de Jacqueline y John F. Kennedy, hizo al país en 2003 no podrá ser expuesto al público hasta 2103. Y aun y todo, tras pasar ese siglo, los herederos de la familia Kennedy podrán volver a decidir qué sucederá con el vestido de su antepasado. La idea detrás de esta curiosa cláusula es evitar todo tipo de sensacionalismo con un acto que le costó la vida al presidente americano.

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Todo lo contrario que el resto de pertenencias de Jackie. Gran parte de su armario se conserva en la biblioteca presidencial sobre la Administración Kennedy. Algunos de los vestidos más importantes y conocidos se guardan como si de un museo de indumentaria se tratara, lejos de la cámara secreta donde permanece la creación de Chanel. En esa sala sólo se conservan el conjunto de chaqueta y falda, una creación de Chanel de 1961 firmada por Chez Ninon, la blusa y el bolso en azul y las medias, que según cuentan están protegidas por una toalla blanca. Todo manchado con la sangre de John F. Kennedy, ya que Jackie nunca quiso que se limpiara.

w el misterio del sombrero

Lo que no se conserva es el sombrero que llevaba la Primera Dama. El casquete desapareció, según indican algunos historiadores, durante las horas posteriores al asesinato. En un primer momento parece que pasó a custodia de los Servicios Secretos, que después se lo entregaron a la secretaria personal de la Primera Dama, pero ahí se pierde su pista.

Durante un tiempo, el famoso traje sólo se conocía en blanco y negro. El pueblo en general desconocía el color, ya que nunca se habían visto imágenes que no fueran en diferentes tonalidades de grises. Fue con motivo de la apertura de la Comisión Warren cuando el público en general supo que Jackie Kennedy lucía un modelo de color rosa cuando John F. Kennedy fue asesinado. La próxima mujer que volverá a vestir ese modelo rosa será la actriz Natalie Portman, que interpreta a la Primera Dama en la película «Jackie». La propia casa Chanel ha participado en la elaboración del vestido y ha colaborado para conseguir una réplica lo más exacta posible de esa pieza tan importante. Es curioso que en la más destacada reproducción anterior que se ha realizado de este conjunto, en la serie «The Kennedys», fue Giorgio Armani el encargado de su confección.

¿Original o copia? ¿quién diseñó el vestido?

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Uno de los grandes debates –o misterios– que han acompañado al famoso traje desde que se convirtiera en el «look» más icónico de Jacqueline Kennedy tras el asesinato de su marido en Dallas es la autoría del vestido. ¿Era un diseño original de la firma Chanel o, por el contrario, una copia? «El vestido fue una copia “line-by-line” del diseñador Oleg Cassini», aseguraba Karl Lagerfeld hace unos años en una entrevista al periodista Tim Blanks .

Aunque bien es cierto que Cassini (franco-estadounidense) era uno de los modistos de cabecera de la entonces Primera Dama, también era asidua a la moda francesa. De este modo, Hubert de Givenchy diseñó gran parte de los modelos que lució a lo largo de su vida –sobre todo antes de mudarse a la Casa Blanca–, al igual que hicieron Christian Dior y Chanel. Tanto fue así que los gastos en compras de ropa en París durante la campaña electoral de su marido se convirtieron en debate nacional, por no decir en escándalo. «Compro la ropa en tiendas y busco gangas como todas las mujeres americanas», declaró Pat Nixon, esposa de Richard Nixon, el oponente republicano de Kennedy, en un intento de arremeter contra el candidato demócrata a través de las facturas de su mujer.

Para cortar de raíz los comentarios sobre la preferencia de Jackie por la moda gala y la cantidad de dinero que se gastaba fuera de las fronteras americanas, se decidió que la Primera Dama adquiriera diseños exclusivamente realizados en Estados Unidos, lo que justifica, por ejemplo, que en los archivos de la Biblioteca Kennedy en Boston encontremos a partir de 1961 una mayor presencia de vestidos de diseñadores estadounidenses, como Gustav Tassell y Norman Norell, además de Oleg Cassini y Chez Ninon, en detrimento de las piezas firmadas por Givenchy. He aquí la respuesta sobre la autoría de Chanel.

Está públicamente reconocido que el modelo es uno de los «looks» de la colección otoño-invierno de 1961 de la firma francesa, pero el sistema de fabricación en aquellos momentos era algo diferente al que conocemos actualmente. A los salones parisinos acudían propietarios de «boutiques» y salones de costura de todo el mundo, que tras pagar una elevada suma de dinero para poder acceder al desfile tenían derecho a comprar el patrón de los diseños que se habían presentado. De esta forma, podían replicarlos tal y como se habían concebido por las casas francesas.

Éste es el caso del vestido que la viuda de Kennedy lució el 22 de noviembre de 1963. Se trataba de un diseño de la firma gala, aunque elaborado con los patrones y telas de Chanel por la «boutique» Chez Ninon de Nueva York. Fue allí donde Jackie lo adquirió evitando así las críticas contra ella por comprar moda francesa.