Lifestyle

Roy Halston, el (olvidado) Steve Jobs de la moda

Frederic Tcheng presentó en el festival de Sundance un documental que recupera la historia de este modisto olvidado y que ya fue comprado por la distribuidora The Orchard

Roy Halston junto a Liza Minnelli, su amiga y musa, en una escena del documental / Foto: Sundance
Roy Halston junto a Liza Minnelli, su amiga y musa, en una escena del documental / Foto: Sundance

Triunfa en el festival de Sundance un documental sobre el olvidado modisto Roy Halston

Fue el hombre que adornó la cabeza de Jackie Kennedy con aquel sombrero color azul empolvado el día de la inauguración de la presidencia de J.F.K. El “pillbox” se convirtió en icono de una época y disparó la carrera de quien lo diseñó. Y, sin embargo, hoy muchos no recuerdan su nombre. Roy Halston fue el epítome de la elegancia americana en los años setenta en Nueva York, donde se codeaba con Liza Minnelli, Andy Warhol y Elizabeth Taylor, pero su historia de éxito y ruina ha sido olvidada por el gran público.

En el único documental sobre moda presentado este año en Sundance, Frederic Tcheng recupera la vida y las creaciones de Halston, un chico humilde de Iowa que enamoró a la élite neoyorquina con sus sombreros y que lanzó su carrera desde los grandes almacenes Bergdorf Goodman's. Como escribía Boris Izaguirre hace unos años, Halston “le había quitado la vergüenza a la moda estadounidense, y le añadió a su espíritu práctico y deportivo el refinamiento que se solía asociar a Europa”.

En el documental, Tcheng recrea la meticulosa búsqueda que él mismo realizó para reconstruir la historia de este hombre que fue olvidado por el mundo de la moda a pesar de haber mantenido durante años una sólida posición en su cima. “No existía un récord exhaustivo de la vida de Halston, desde su nacimiento hasta su muerte”, explica Tcheng a “The Hollywood Reporter”, y añade: “Así que me encontré haciendo un trabajo de detective. Quise colocar al público en ese modo investigativo para que pensaran: "¿Quién fue el verdadero Halston?"Porque todos tenían una experiencia diferente de él”. La razón de esa multitud de percepciones se encuentra en que el modisto quiso enterrar su pasado y crear un personaje que resultara interesante en el Manhattan de Studio 54, donde era un cliente fijo, así como para la prensa.

Tcheng también utiliza para su narrativa audios de conversaciones entre su protagonista y las personas con las que trabajaba, entre ellos Andrew Goodman, dueño de Bergdorf’s, así como material nunca antes visto de un desfile suyo en China, en 1980, rodado por NBC y vídeos de los desfiles que celebraba en sus espectaculares oficinas de la Olympic Tower, en Nueva York. “La absoluta genialidad de su trabajo (...) la ingeniería de la ropa que se puede ver en el patronaje... si tuviera que compararlo con alguien contemporáneo, diría que es como el Steve Jobs de la moda; de verdad, existía un minimalismo, una exigencia a sí mismo de crear la ropa más simple y pura posible”, afirma Tcheng sobre su protagonista.

Así como cuenta cómo Halston construyó su imperio, explica cómo lo perdió. El primer paso en el camino hacia el declive fue un acuerdo que el modisto firmó en el que vendió su marca y los derechos sobre su nombre. En palabras del director, “su legado fue enterrado por la absorción corporativa”. Otra decisión desafortunada, aunque noble en su intención, fue la de firmar un contrato millonario con JCPenny para diseñar colecciones a precios muy accesibles. Si bien hoy decenas de grandes diseñadores se han asociado con marcas de pret-a-porter, como H&M, para presentar colecciones conjuntas, en ese momento la jugada de Halston no fue bien recibida por la aristocracia que hasta entonces pagaba altas sumas por sus diseños. Como consecuencia, las tiendas de más alta categoría, empezando por la propia Bergdorf Goodman’s, dejaron de vender su marca.

La caída en desgracia la completaron el carísimo vicio de cocaína de Halston, quien para mediados de los ochenta gastaba hasta tres mil dólares semanales en esa droga, su transformación en un hombre con el que era muy difícil trabajar y la relación tóxica que mantuvo durante diez años, entre idas y venidas, con el artista venezolano Víctor Hugo. Más tarde, ya sufriendo las consecuencias del sida, el diseñador se convirtió en un recluso.

“¿Cómo es posible que este hombre que llegó a la cima del mundo, que consiguió tantas cosas, haya sido olvidado en apenas treinta años?”, se pregunta Tcheng. La respuesta se encuentra en su documental, que de acuerdo con la distribuidora The Orchard -que lo compró poco después de que se estrenara en Sundance- se podrá ver en cine y televisión esta primavera.