De la teoría de «los cuatro golfos» a todo un régimen bajo sospecha

Cerca de 300 imputados en el fraude, entre ellos dos ex presidentes

Los ex presidentes de la Junta Manuel Chaves y José Antonio Griñán
Los ex presidentes de la Junta Manuel Chaves y José Antonio Griñán

sevilla- Donde acaba la memoria, empieza la hemeroteca. El PSOE reaccionó en un primer momento al escándalo de los ERE señalando que era obra de «tres o cuatro golfos». Los imputados superan los 260. Precisamente, el Tribunal Supremo propone continuar el procedimiento contra cuatro ex altos cargos andaluces: José Antonio Griñán, José Antonio Viera, Gaspar Zarrías y el propio Chaves por presunto delito de prevaricación administrativa.

El PSOE llegó a denominar como «enemigos de Andalucía» a los que cuestionaran la actuación de la Junta en el «caso ERE». El ex vicepresidente Valderas, de IU, muleta del PSOE la pasada legislatura, también se sumó a la teoría de la «fruta podrida». No sólo los ex dirigentes cuestionaron el procedimiento abierto. Susana Díaz, 16 de agosto de 2014: «Pongo la mano en el fuego por Chaves y Griñán». Ya en la pasada campaña electoral, ante las cámaras de «La Sexta Noche», rectificaba: «No pongo la mano en el fuego por nadie». El 21 de noviembre de 2014, Micaela Navarro, presidenta federal del PSOE, también aseguró poner «la mano en el fuego» por Chaves y Griñán, en los que tenía, dijo, «exactamente la misma confianza que en la Justicia». El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, a lo máximo que ha llegado, noviembre de 2013, es a asegura que pone «la mano en el fuego por la presunción de inocencia». La ahora absuelta Mar Moreno, 14 de mayo de 2011: «El asunto de los ERE no se puede estirar más y no tiene más recorrido». «Han pinchado en hueso». Griñán, que en principio también se abonó a la teoría de «los cuatro golfos», tras declarar ante el Supremo, en un arrebato, dio en la clave: «No hubo un gran plan pero hubo un gran fraude». Chaves, aún parapetado, respondió a su antiguo amigo: «Si el fraude fue grande o pequeño lo decidirán los jueces». El PSOE, instintivamente, se sumó a la posición de Chaves.

En todos los casos de presunta corrupción, la Junta, aunque siempre ha dicho públicamente que colabora con la Justicia, ha puesto cuantas piedras ha podido en el camino. Entrega selectiva de documentos, retrasos, desacreditación de los jueces, negación de responsabilidades. Durante la campaña de 2012, Alfonso Guerra llegó incluso a insinuar «una relación fuerte personal» entre el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, juez en excedencia, y la magistrada Mercedes Alaya. Durante la testifical de la ex consejera Magdalena Álvarez, la jueza recriminó al PSOE que a pesar de ejercer de acusación particular adoptara «una posición más propia de una defensa». Desde 2012, el consejero de Justicia es Emilio de Llera, fiscal en excedencia. El CGPJ estudió la petición para que cesara en sus «ataques» a la jueza Alaya.

De «cuatro golfos» a casi 300 imputados, entre ellos los dos ex presidentes andaluces. El presidente de la Diputación de Sevilla, durante un acalorado debate –así lo justificó luego– llegó a hablar de «cuatro puteros y cocainómanos». Villalobos (febrero de 2012) criticó que le den «crédito a las declaraciones de un sinvergüenza, de un chorizo, de un alcohólico... de un putero, sí, de un putero. ¿A ése van a darle crédito?». El aludido, el ex director general de Trabajo Francisco Javier Guerrero, le puso una querella. El 3 de abril de 2012, Griñán aseguró en el Parlamento que puede decir «sin bajar la mirada» que su Gobierno es «honrado». En la comisión de investigación del Parlamento (septiembre de 2012), Chaves dijo: «Yo no estoy, ni estaré, incurso en ninguna responsabilidad penal». El TS les acusa de «cebar sin descanso» el «fondo de reptiles».