Desapariciones suspendidas en el tiempo

La comunidad andaluza acumula medio centenar de casos activos sin resolver y algunos se remontan hasta cuatro décadas

La Policía durante la búsqueda del cuerpo de Marta del Castillo en el río Guadalquivir
La Policía durante la búsqueda del cuerpo de Marta del Castillo en el río Guadalquivir

El de Diana Quer es el último caso que ha trascendido en la actualidad. Joaquín Fernández García desapareció en Carboneras (Almería) el 11 de septiembre de 2008; 23 años, complexión delgada; vestía camiseta verde pistacho; está operado de neumotórax en ambos pulmones. Su familia mantiene viva la esperanza a través de un blog e incluso se ofrece una recompensa por cualquier indicio. María Teresa Fernández Martín desapareció en Motril (Granada) el 18 de agosto de 2000; edad: 18 años; 1,70 metros; cabello largo rubio; complexión delgada; pantalón largo burdeos, camiseta de tirantes azul marino. José Antonio Gómez Osuna desapareció el 26 de julio de 2000 en When-Londres; 46 años; 1,70 metros; pelo moreno; tatuaje oscuro en la nalga derecha en forma de animal. José Melgar Becerra desapareció en Ronda (Málaga) el 17 de octubre de 2012; fue visto por última vez junto al centro de salud Ronda Sur (antiguo Hospital Santa Bárbara); complexión delgada; vestía jersey burdeos, camisa a cuadros, pantalón marrón. En la comunidad se cifran cerca de medio centenar de casos de desapariciones sin resolver, algunas con hasta cuatro décadas sin respuestas. Con más o menos esperanza, según el caso, según los años, en sus hogares seguirán esperando este año.

Una desaparición, a diferencia de un fallecimiento, puede llegar a impedir que se complete el proceso de luto. Cuando habían pasado dos «interminables» días y media ciudad ya participaba en la búsqueda, el tío de Marta del Castillo, que, ya se temía lo peor, lo confesaba. Entre la posibilidad de que no apareciera y la muerte, prefería «la muerte». «Poder pasar página», algo que no ha sucedido finalmente: que haya un cuerpo al que poder velar y llorar. A los estados del luto se une la duda. Una duda eterna. Sin cuerpo, existe la posibilidad de aferrarse –el sentimiento manda– a que siga viva.

La desaparición suspende a los seres queridos en un no-tiempo y un no-espacio, burocrático –la certificación de la muerte del conocido como Niño Pintor de Málaga es un ejemplo– y emocional. Se calcula que unas 15.000 personas han desaparecido en los últimos 20 años en España. En Andalucía, cerca de medio centenar de personas se hallan en paradero desconocido y en búsqueda activa, según el cómputo de SOS Desaparecidos. Un día se fueron o se las llevaron, quisieron desaparecer o fueron desaparecidas. Las familias de los afectados se quejan de la frustración de tener que esperar 24, 48 o 72 horas para poder poner la denuncia. Recomienda denunciar lo antes posible. En el caso de los menores, la demora varió tras la desaparición de Marta del Castillo y, antes, de Mari Luz Cortés. El padre de Marta, Antonio del Castillo, lamentó que si la noche del crimen la Policía hubiera podido entrar en el domicilio de Carcaño –estuvieron en la misma puerta–, el caso, probablemente, estaría resuelto. Existe una máxima no escrita en la mayoría de casos, también en el de Marta. Los padres que denuncian la desaparición conocen a sus hijos y, en casi todos los casos, si pensaran que puede ser una chiquillada, no denunciarían. «Yo conozco a mi hija. No se iría sin avisar», reiteraba Del Castillo.

Este año se han puesto 14.500 denuncias por desaparición en España, la Policía ha resuelto más de 13.200, según el Ministerio de Interior. Casos activos se suman a los de Yéremi Vargas, Teresa Fernández, Sara Morales, David Guerrero –el niño pintor– o Angustias Roldán.

Otro punto común entre las desapariciones son las llamadas falsas. Y hasta los videntes y tahúres. La Policía recomienda no poner el teléfono del domicilio en los carteles, pero, ante la posibilidad de obtener algún detalle, los padres en muchas ocasiones lo ponen.

Las habitaciones se convierten en santuarios, en algunos casos, y se conservan tal y como estaban, caso de Marta del Castillo. Las desapariciones, asimismo, condicionan el trato hacia el resto de miembros de la familia, sobre todo en el caso de que haya más hermanos.

El informe anual de desaparecidos en España apenas tiene un año. Hasta entonces, las estadísticas corrían a cargo de las asociaciones de familiares. Los cuerpos de Seguridad llevaban el cómputo por separado. Se estima que se acumulan unos 100 casos sin resolver al año y las denuncias están entre las 10.000 y 14.000 anuales. Los últimos datos del Ministerio del Interior hablan de que solo en 2015 se produjeron 24.995 denuncias por desapariciones (14.473 en lo que va de 2016), de las que se resolvieron «al menos 24.088, aunque muchas veces se olvidan de retirar la denuncia, aunque haya aparecido la persona en cuestión», advierten los expertos en la materia. Hasta septiembre había 1.270 búsquedas activas en España, entre las que se encuentra la de la joven madrileña Diana Quer, de la que se perdió el rastro la madrugada del 22 de agosto.