El colapso en los hospitales no cesa

Los hospitales andaluces continúan al límite, una situación acentuada por la oleada de casos de gripe y la falta de recursos para atender la ingente demanda de asistencia. Un ejemplo paradigmático de la grave situación que está atravesando la sanidad pública andaluza es el hospital Virgen Macarena de Sevilla, cuyo gerente dimitió la pasada semana como consecuencia de la marcha también del gerente del Servicio Andaluz de Salud (SAS) y la reordenación que está haciendo la consejera de Salud, María José Sánchez Rubio, de la primera línea de este departamento. Tal es la sobrecarga de pacientes y la falta de camas, especialmente en el área de urgencias, que la dirección, tal y como denunció ayer CC OO, ha impedido a los delegados sindicales acceder a la zona para comprobar la situación.

La central alerta de que se han codificado las cerraduras de las puertas, «vulnerándose de manera flagrante la Ley Orgánica de Libertad Sindical», por lo que acusa a la dirección del hospital de «esconder los problemas» y de recortar, en los últimos años, un 18 por ciento de las camas. La dirección, no obstante, reconoció que se ha implantado este nuevo sistema, pero que obedece al intento de «mejorar el confort y la privacidad de los pacientes». En este sentido, enmarca la medida en un plan de rediseño del área de urgencias, que contempla, entre otras actuaciones, la reforma estructural de la zona –que terminará en septiembre– y la habilitación de boxes independientes para pacientes con mayores necesidades.

La falta de medios humanos es tan evidente que la Consejería de Salud se ha visto obligada a anunciar un refuerzo para este departamento, concretamente tres médicos, seis enfermeros y seis auxiliares. También explicó que el hospital, durante la época de frío, atiende una media de 500 urgencias diarias y que el tiempo de espera ronda las tres horas y media, «siempre dando prioridad a los pacientes de mayor gravedad».

Pero el caos organizativo no queda aquí. La saturación en el hospital ha llegado a tal punto que, tal y como denunció el sindicato Satse, un total de 19 pacientes con diversas patologías han sido ingresados en la planta de obstetricia, conviviendo en el mismo espacio junto a recién nacidos. «Es inconcebible que un único enfermero se vea obligado a atender a toda una planta con 23 camas, en las que están siendo ingresados pacientes de especialidades muy diversas», subrayó la central, lo que «no sólo pone en peligro la atención y la salud de los ingresados, sino que dificulta la labor del personal para atender a los recién nacidos». En concreto, Satse asegura que hay ingresados tres pacientes que deberían estar en el área de traumatología, «con sus correspondientes férulas y tracciones», dos en otorrinolaringología, tres en medicina interna, uno en cirugía general y tres programados para una intervención quirúrgica.

La dirección, nuevamente, se vio obligada a reconocer esta circunstancia, aunque rebajó el número de pacientes a once. Igualmente, defendió que la presencia de estos enfermos «no supone riesgo alguno para las parturientas ni para los recién nacidos», exponiendo una curiosa explicación: las habitaciones pareadas están separadas con mamparas. En cuanto a la sobrecarga de trabajo de los profesionales, aseguró que esta planta se ha reforzado con una enfermera y una auxiliar de clínica, concretamente en los turnos de tarde y noche.