El frenético ritmo de los valientes

El Sevilla pone fin a su mini-crisis con un fútbol de alto nivel que le permite remontar a la Real (3-2)

El Sevilla pone fin a su mini-crisis con un fútbol de alto nivel que le permite remontar a la Real (3-2)

De remontado a «remontador», el Sevilla expió el domingo sus pecados del jueves y regaló a su gente su primera victoria casera del curso, amén de un partidazo contra una Real Sociedad que venía con intención de encaramarse al liderato. Pero un vendaval de fútbol y furia sepultó el buen arranque del equipo txuri urdin.

Durante el primer cuarto de hora, seguía el Sevilla en Eibar o, como poco, afectado por la misma empanada sideral que le costó el triunfo frente a los otros guipuzcoanos de Primera. Reguilón no jugó en Ipurúa, así que quiso solidarizarse con sus compañeros con una pérdida ante Januzaj, que asistió a Oyarzabal para el 0-1 cuando apenas sí se habían apagado los ecos del himno del Arrebato. En descargo del lateral cedido por el Real Madrid, debe quedar consignado que completó una primera parte, más allá de ese error, espectacular e hizo pasar un calvario a su par belga.

Al Sevilla, que amenazó derrumbe hasta el empate, lo despertó del letargo una combinación entre sus dos magos, Banega y Nolito, que reivindicaron el talento en plena era del fútbol supersónico. Cada amago ofensivo de los vascos provocaba tembleque en el entramado defensivo de Lopetegui, más por la gran calidad que atesoraban los atacantes que por la fragilidad de una zaga que resistía con firmeza. Pero no lograban los locales abrirse camino por los pasillos, así que el argentino sacó el compás para destilar un pase medido que el sanluqueño, con un dificilísimo remate a bote pronto, alojó junto al poste. Una pequeña obra de arte a dos manos; o, mejor escrito, a dos pies.

La igualada disipó las dudas que habían generado las dos derrotas consecutivas y los sevillistas volvieron a ser ese grupo frenético cuyos laterales desarbolan al rival. El problema es que la mayoría de los centros tenían como destinatario a Luuk De Jong, que, digámoslo así para no andarnos con rodeos, malvive en la Liga española como un pulpo en una gasolinera.

Como si no hubiese pasado por el vestuario, el Sevilla salió a toda mecha tras el descanso. Provocó dos saques de esquina en dos minutos y, antes de cumplirse el tercero, Banega sorprendió con un saque rápido de falta hacia Ocampos, que quebró a Zurutuza antes de fusilar a Moyá con un trallazo cruzado. No es hombre especulativo Imanol Alguacil, que sacó a todo lo que tenía para atacar dejando inmensos espacios en su mitad de campo. Pedía la Real la sentencia a gritos y el descabello que rozó Joan Jordán con un misil al palo lo ejecutó Mudo Vázquez al empujar a la red un buen centro de Pozo, excelentes sus minutos como extremo derecho.

En pleno despiporre sevillista, con sus delanteros malogrando situaciones de cuatro contra uno, Portu cazó un pase de Odegaard y acortó distancias. Quedaban tres más el descuento, pero esta vez nadie entró en pánico y los puntos se quedaron en el Sánchez-Pizjuán, que ya echaba de menos ver ganar a los suyos.