«El IFA era una caja pagadora a la que Viera y Fernández le succionaron el alma»

El ex jefe jurídico del ente «sentía que querían que nada saliera del ámbito interno de la Consejería de Empleo»

El secretario general del IFA y jefe de la asesoría jurídica de febrero de 2003 a junio de 2004, Francisco José Oyonarte (Efe)

El ex jefe jurídico del ente «sentía que querían que nada saliera del ámbito interno de la Consejería de Empleo»

La segunda parte de la comparecencia del ex jefe de la asesoría jurídica del IFA entre 2003 y 2004 Francisco José Oyonarte ante la Audiencia, lejos de desmerecer a la primera –en la que tiró del latinajo «Roma locuta, causa finita» para explicar el caso omiso de a las reticencias jurídicas– consagró al ex alto cargo de la agencia pagadora de los ERE por su capacidad postimpresionista y romántica, a un tiempo, en la descripción: «El IFA era una caja pagadora a la que le succionaron el alma». El magistrado presidente Juan Antonio Calle Peña solicitó al testigo que especificara y Oyonarte citó expresamente al entonces consejero José Antonio Viera y al que fuera su segundo y sucesor, Antonio Fernández.

El ex jefe de la asesoría jurídica del órgano pagador de los ERE insistió –en su segunda jornada como testigo en la causa por el llamado «procedimiento específico» por el que se juzga a una veintena de ex altos cargos de la Junta, entre ellos los ex presidentes de la Junta Manuel Chaves y José Antonio Griñán– en que «el director general del IFA recibía una orden y una transferencia y tenía que pagar». Oyonarte, que insistió en que «nunca llegaron los expedientes» para poder ser revisados ante sus reticencias, señaló que «el único cometido» del ente «era pagar». Su «insistencia en conocer el contenido de los expedientes» se debía a que quería «dar confort a la firma de mi director general». «Todo lo que venía (de Empleo) era crisis; no vinieron los expedientes», indicó. Cuestionado por las defensas, describió la situación con Hamsa (Hijos de Andrés Molina) y Santana como «conflictos gordísimos» que generaron «problemas de orden público» y obligaron «a que la sede del IFA fuera protegida por la Policía». «Fueron momentos críticos de una envergadura descomunal», señaló para explicar «la necesidad», en estos casos, de «contratar asesoramiento con grandes despachos».

Oyonarte defendió su «absoluto respeto profesional» por los ex directores generales del IFA «Mencía, Serrano, Cañete y Valverde». «Si hubieran imaginado la más mera irregularidad en los expedientes del centro directivo, lo hubieran parado. Eran personas honorables», destacó. Oyonarte recordó que IFA/IDEA es una entidad «subordinada» y debía «ceñirse a la orden» de «una entidad superior». «Recibe una transferencia finalista y no podía hacer otra cosa que pagar», dijo. El ex jefe de la asesoría jurídica del Instituto de Fomento de Andalucía admitió que «no tenía la misma opinión que los directores generales» posteriores a los citados con los pagos, lo que supuso diferencias personales. «Me gustaba más mi criterio jurídico que el del señor Viera o el señor Fernández», relató. «Sentía que no querían que nada saliera del ámbito interno de la Consejería de Empleo», describió. Oyonarte señaló que hasta la llegada de los dos ex altos cargos de la Junta imputados, «el presidente del IFA era una personalidad. El ente era respetabilísimo» por «tanto como había hecho por los intereses de Andalucía», señaló, hasta que «al IFA se le fue succionando el alma para ser algo a las órdenes del consejero de turno». Ante el requerimiento del magistrado, señaló que «le succionan el alma desde la entrada de Fernández» y «perdió su valor». «El IFA vivió su momento más alto con J. M. Romero. Con Durbán se mantuvo. Después el IFA perdió su alma».

Oyonarte explicó que Francisco Mencía «se sintió muy poco apoyado por la Consejería». «Por Viera (que presidió el ente de enero de 2003 a abril de 2004) y Fernández (presidente del IFA de mayo de 2001 a enero de 2003)», especificó después. «Elaboró un plan director para volver a dotar de alma al IFA que llevó al consejo de dirección de la Consejería y volvió en tales condiciones de salud que tuvo que ir a un centro médico», relató. A los «pocos meses», como en su caso, «no era cómodo en la Consejería».