El más grande perdedor

«Resulta triste que tengamos comunidades que quieran arrinconar el español». «Cervantes tuvo la mala suerte de coincidir en vida con Shakespeare»

«Resulta triste que tengamos comunidades que quieran arrinconar el español»

El perdedor es sin duda el personaje más importante de la literatura, el teatro y el cine. Posiblemente porque el número de perdedores en la vida es infinitamente mayor que los triunfadores o los ganadores sin contar la delgada línea que separa el triunfo del fracaso. En estos días estamos viendo como teóricos grandes triunfadores se convierten en perdedores. Esta introducción viene a cuento de los justísimos, y posiblemente escasos, actos para conmemorar el 400 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes. El autor del Quijote es en el mundo de habla hispana el prototipo del perdedor.

Siempre buscando una estabilidad económica, un puesto social que se le niega, con 23 años tiene que huir a Italia, por problemas con la justicia. Allí se enrola con las tropas de la que fue la madre de las batallas de la época, Lepanto. De ella sale tullido, cautivo y preso en Argel. Liberado, vuelve y empieza sus caminos de recaudador, que siempre le trajeron problemas. Se casa y el matrimonio se va a pique a los dos años. Recala en Sevilla, con la pretensión de marchar a «hacer las américas»; confía en la recomendación que le ha dado el propio Felipe II, pero termina en la cárcel. Cumplidos los 36 años comienza a escribir. A los 58 años, edad que en la época era la de un anciano, escribe la primera parte del Quijote. Su teatro, su poesía, tienen enfrente al favorito, al ganador de la época, Lope de Vega, que se mofaba abiertamente de él. Su vida en Valladolid sigue como siempre, sin sosiego. Sin gloria.

El ser reconocido como el creador de la novela moderna, aclamado príncipe de las letras, el ocupar siglo tras siglo la corona del mejor autor en lengua española no le llega en vida. Pero incluso en esta parte vuelve a ser perdedor al coincidir en su vida con Shakespeare. La armada invencible significó el comienzo de la decadencia del imperio español y el comienzo del británico, que duró hasta casi finales del siglo XX. Consiguió una etapa tan prolongada por tener siempre una potente armada y una lengua que impuso en la mayoría del mundo. Cervantes tiene poca y no excesivamente atractiva dramaturgia, mientras que el inglés ofrece en su extensa obra un catálogo de todas las pasiones del ser humano. Añadamos la lengua inglesa y no será difícil entender por qué en el cuarto centenario de ambos, Shakespeare le gana la partida. Desde Laurence Olivier a Leonardo di Caprio pasando por Marlon Brando, Richard Burton, Al Pacino, Peter O’toole... No hay un actor de relevancia que no tenga una obra del inglés en su haber. En España ha sido el don Juan Tenorio, incluso «La venganza de don Mendo», los papeles que los grandes actores han llevado en su repertorio. Aunque también los grandes tengan en su repertorio obras del genio inglés.

Contemos la difusión mundial en el cine, donde se han hecho mil versiones de las obras del británico. Curiosamente, Don Quijote de la Mancha, posiblemente a través del musical americano «El hombre de la Mancha» es cuando ha llegado a mayor conocimiento mundial. Incluso se realizó una versión cinematográfica interpretada por Sofia Loren y Peter O’Toole. De todo lo escrito se desprende que una lengua y tan poderosa como la española es un arma poderosísima que hay que tener a punto para la batalla pacífica de la cultura.

Las sedes del Instituto Cervantes repartidas por el mundo tienen tanta labor que hacer como las propias embajadas, quizás no se trate tanto de tener un grandioso y carísimo edificio como el de la calle de Alcalá madrileña, se trata de que Cervantes y todos los escritores que lo hacen en español, se conozcan y que consigan una fuerte presencia cultural en nuestra lengua. Solo hay que pensar que un pequeño país como era Gran Bretaña en tiempos de Isabel I haya conseguido que su lengua sea la primera que en cualquier país avanzado se estudie la lengua propia y la de Shakespeare.

El español ha tenido un fortísimo avance, pero indudablemente no tanto, en los círculos poderosos de la política y las finanzas. Por eso resulta patético que tengamos comunidades en España que quieran que sus jóvenes dejen a un lado una lengua importante, indudablemente poderosa, para que hablen solamente una para siete millones de personas y eso sí, y el inglés. Desde el Rey de España a toda persona lúcida se ha repetido que siempre es mejor sumar que restar, sumar en español siempre será una buena opción de futuro, y en esto el estandarte de Don Miguel de Cervantes es fundamental.