En grado sumo

Távora falleció estando en activo con 88 años, como también siguen trabajando veteranos como Juan Diego, Galiana o Barrera

Salvador Távora con su hija Pilar / Foto: La Razón

Távora falleció estando en activo con 88 años, como también siguen trabajando veteranos como Juan Diego, Galiana o Barrera

Hace una semana falleció en la misma ciudad donde nació, Sevilla, el prestigioso autor, dramaturgo y director Salvador Távora. A sus 88 años seguía estando en activo y no le faltaba la ilusión por estrenar un nuevo espectáculo. Es admirable esta actitud aunque, por desgracia, en nuestra cultura no se valore ni se respete la veteranía como debiera.

La muerte de esta figura del teatro, que tuvo el privilegio de disfrutar de un gran y merecido homenaje en vida bajo la forma de documental, dirigido por su propia hija, Pilar, ha coincidido en Sevilla con la gira de Arturo Fernández, que el próximo jueves cumplirá los 90 años, donde más le apetece, sobre el escenario. Otro actor, andaluz en este caso y varios años más joven, pero de notable veteranía, es Juan Diego, más activo últimamente en teatro que en cine, aunque la labor sobre los escenarios pueda llegar a ser más agotadora físicamente, como en el caso de algunos de los personajes interpretados por este actor de Bormujos, cuyo último reconocimiento tuvo lugar hace escasos tres meses en el Festival de Cine de Gijón.

Fue Juan Diego quien contribuyó a que María Galiana, hasta entonces profesora en un instituto de Secundaria, tuviera la oportunidad de ser tenida en cuenta en Madrid (eran tiempos en los que apenas se producían películas en Andalucía). Ella había logrado un papel en «Madre in Japan», pero fue doblada por aquello de, tan execrable pero tristemente común entonces, eliminar el acento andaluz.

Una segunda vida

Tras esos primeros papeles, María Galiana obtuvo el Goya por su extraordinario trabajo en «Solas», de Benito Zambrano, en el año 2000, el mismo en el que se jubiló como profesora. Desde entonces disfruta de una segunda vida que le ha permitido hacer cine, teatro (actualmente con la obra «El mago», de su admirado autor Juan Mayorga) y, de un modo más permanente, televisión, medio en el que encarna a Herminia en la serie «Cuéntame cómo pasó» desde su origen, en el año 2001, y donde podrá seguir, dada su popularidad, hasta que la veterana actriz lo desee.

Otra persona con evidentes muestras de incombustibilidad es Víctor Barrera. Nacido en Carmona (Sevilla), se licenció en Derecho y se instaló en Venezuela, donde fue descubierto para el cine como actor, y más específicamente como galán. Tras coprotagonizar muchas películas de Paul Naschy, comenzó a dirigir. Su último largometraje, una adaptación del mito de Don Juan Tenorio titulado «Amar y morir en Sevilla», data de principios de este siglo. Desde entonces ha aprovechado para desarrollar otras facetas artísticas como la de galerista, escritor y, últimamente, autor de cómics, como el realizado sobre la figura del fundador del PSOE, Pablo Iglesias, o sobre los judíos en la época de los Reyes Católicos, para el que contó con la colaboración de su hija Gracia, ejecutiva en una importante cadena de televisión en Miami.

Asimismo vinculado con la escritura y el cine, Joaquín Arbide es otro ejemplo de carácter polifacético y prolífica actividad más allá de la edad que marca la jubilación. Es un nombre imprescindible en el teatro, la radio y el periodismo, con fuertes lazos con el cine, que se encuentra volcado desde hace varios años en plasmar por escrito sus recuerdos e impresiones de tiempos pasados en varios libros, que rezuman humor y nostalgia.

Hasta hace menos de un mes, el escritor y periodista malagueño Manuel Alcántara acudía a su cita diaria con los lectores del diario Sur. Al igual que Arturo Fernández cumplirá los 90 representando una función, Alcántara pudo celebrar los 91 escribiendo unas de las estupendas columnas con las que se deleitaban los lectores de este diario. No hace ni un mes falleció otro escritor asiduo a los periódicos, en este caso el ABC de Sevilla. Se trata de Julio Martínez Velasco, también crítico teatral, que siguió escribiendo artículos hasta tres semanas antes de cumplir los 93 años.

Junto a todos estos nombres ilustres hay muchos casos de personas desconocidas que son un ejemplo para la sociedad por su empeño en desarrollar una labor creativa con independencia de la edad física. Un caso bien representativo es el de Eusebio Herrera Torres, nacido en La Algaba (Sevilla) y que traemos a colación en este artículo porque precisamente en 2019 habría cumplido 100 años. A los 84, tras una extensa carrera como abogado, profesor universitario y notario, decidió aprovechar esas horas, con las que no contó antes, para reflexionar sobre algunos aspectos que le interesaban en el libro «La soberbia de la intelectualidad».

A veces no cuenta la voluntad del interesado en prolongar su actividad, como le ocurrió al genial Billy Wilder, recluido sus últimos años como supervisor de guiones. Otro cineasta de similar talla, el británico David Lean intentó hasta el último momento sacar adelante un ambicioso proyecto, «Nostromo», por el que se llegó a interesar Spielberg, pero sin fortuna.

Por el contrario, John Huston sí pudo filmar muy poco antes de morir, recluido en una silla de ruedas y conectado a una bombona de oxígeno, «Dublineses». Huston y la francesa Agnès Varda, que a los 90 años presentó ayer en el Festival de cine de Berlín su última película, son unos privilegiados en un mundo en el que se olvida con demasiada frecuencia que la veteranía es un grado y, en los nombres citados, aún más.