Federico el gafe

Una mujer se asoma por una ventana del instituto de enseñanza secundaria Federico Mayor Zaragoza de Sevilla donde resultaron heridos dos alumnos y una profesora tras producirse una deflagración en el laboratorio de química del centro / Foto: Efe
Una mujer se asoma por una ventana del instituto de enseñanza secundaria Federico Mayor Zaragoza de Sevilla donde resultaron heridos dos alumnos y una profesora tras producirse una deflagración en el laboratorio de química del centro / Foto: Efe

La primera prueba de que el Gobierno bi(tri)partito andaluz planea derogar, o al menos mitigar, algunos excesos de la legislación sobre memoria histórica es que mantienen el nombre de Federico Mayor Zaragoza en un instituto de Bellavista, que para colmo es la barriada sevillana de donde es oriundo Felipe González. Es cierto que el niño mimado del franquismo, que lo convirtió en el rector más joven de la historia universal de las universidades, se ha ido con los años deslizando hacia la izquierda con la discreta habilidad del burócrata y no se ha convertido en agente egregio del Komintern por una mera cuestión de tiempo, aunque sí oficia como baluarte inconquistable para todo movimiento antioccidental que surja a orillas de cualquiera de los siete mares. No debe pues extrañar que en el centro educativo que lleva su nombre una deflagración hiriese ayer a tres personas, una profesora y dos alumnos a quienes dizque algún experimento en clase de química salió mal. Paparruchadas. Ciertos nombres los carga el diablo y mantener el de Federico Mayor Zaragoza es una invitación a la desgracia. A la hora de la explosión, peroraba Javier Imbroda, consejero de la cosa, en un evento organizado por este diario y nadie tuvo el reflejo de preguntarle si pensaba rebautizar el instituto o su intención era mantenerle una denominación tan imbricada con el régimen anterior. Aunque, quizá, no habría podido contestar con sinceridad, pues sentía la vigilancia del líder de Vox en Andalucía, Francisco Serrano, cuya presencia era patente pese a que tomó la precaución de camuflarse entre la plana mayor de Ciudadanos con una camisa naranja. También se rumoreaba que andaba por allí Juan Marín, pero nadie lo vio porque lo visto ha perdido quince kilos desde que asumió el poder. Es la radiografía de un silbido puesta de perfil.