La Encina y el guindo

“Colocado en un chiringuito juntero, el hombre quería el sueldo durante el proceso electoral» Administración”

David de la Encina / Foto: EP
David de la Encina / Foto: EP

De David de la Encina, alcalde de El Puerto de Santa María, se alaba en la Bahía la templanza con la que ha gobernado toda la legislatura pese a la incomodidad de tener que hacerlo aliado con esa gente tan picajosa de la zurdera extremada, Podemos e IU en sus diferentes franquicias locales. Le cabe a su apellido el chiste facilón de considerarlo un político bellotero, juego de palabras injusto para quien ha deparado un cuatrienio sin sobresaltos en la villa alfonsí, donde tan sencillo es caer en la tentación del urbanismo vampírico y donde una boyante comunidad empresarial merece ser mimada con exenciones antes que esquilmada con exacciones. Con semejantes socios, es de imaginar que no habrá sido sencillo... En vísperas de otra campaña, sin embargo, ha quedado acreditada la gravedad de su pecado original y, sobre todo, el escaso respeto por las instituciones que cunde en un partido, el PSOE-A, cuya apropiación de lo público alcanzó niveles paroxísticos de inconsciencia: ni siquiera se daban cuenta de que estaban actuando mal. Colocado en un chiringuito juntero desde la post-adolescencia, el hombre aceptó la cándida túnica de aspirante a la alcaldía portuense con la condición de que le fuese mantenido el salario de la Administración durante el proceso electoral, pese a que debía consagrar sus jornadas a la propaganda partidista. Pillado en falta, se pregunta qué hay de extraño en ello. ¿De la Encina caído de un guindo? Imagine que se le plante en el despacho un agente de la Policía Local para solicitarle un alivio en las guardias, sin restarle un céntimo de sueldo, porque el Partido Popular lo ha metido en su lista para el 26 de mayo y le apetece más mitinear que dirigir el tráfico. Pues exactamente eso es lo que hizo él hace cuatro años. ¡Y lo pidió por escrito!