La líder que no tuvo que pedir que la llamaran Susana

La presidenta de la Junta, Susana Díaz
La presidenta de la Junta, Susana Díaz

Ni pidiéndolo lo consiguió su antecesor, a pesar de llevar en política desde que ella –1982, ocho años– no había hecho ni la Comunión. «Llamadme Pepe», pidió José Antonio con porte califal. Y el pueblo siguió llamándolo Griñán en tanto se ponía la alargada sombra que dejó Chaves. Susana Díaz Pacheco llegó siendo Susana, y con su nombre de pila, a la vez que tornaba los zapatos de esparto por el tacón, se ha instalado en el imaginario colectivo con la vocación del elefante en la cacharrería. Es tan «Susana», que hasta sus rivales, como de Despeñaperros hacia arriba, se confunden entre Díaz y Díez. La última encuesta del Egopa la coloca como la política mejor valorada de España en Andalucía y su índice de notoriedad sólo lo supera –con Rosa Díez empata– Rajoy (99,3%) y Rubalcaba (97,6%), dos actores políticos a los que les han salido canas en la barba y hasta se las han tapado con decolorante mientras ella se dedicaba a estudiar las costuras, y las cañerías, de la federación política más importante de España. En apenas tres días –cinco meses, toma de posesión y nombramientos incluidos–, Susana Díaz les sigue a rueda. Si esto no es un «efecto Susana», como dice la oposición, se le parece bastante.

El estudio de Invierno de 2014 del Capdea señala que «el 83% de los andaluces conoce a la presidenta de la Junta, Susana Díaz, con un significativo aumento de su grado de conocimiento respecto al verano de 2013, cuando era consejera (58,4%)». Entonces, Susana Díaz no era una consejera más. Era la consejera de Presidencia, habitual de las ruedas de prensa tras los Consejo de Gobierno y líder del PSOE de Sevilla, con la cuota mediática que conlleva. En apenas cinco meses, el grado de conocimiento de Díaz –Susana– se ha elevado 35 puntos. En cuanto a la valoración de su actuación política, los ciudadanos le otorgan una media de 5 puntos. Su segundo Diego Valderas es conocido por el 67,3% de los encuestados y obtiene un 4,1 de media. A Zoido (3,6 de valoración) lo conoce el 61,6% de los andaluces (+5,3%) y a Antonio Maíllo, un 25,1% (+4,1%). Griñán se fue con un 3,93 de nota y un 94,1% de notoriedad pero arrancó con un 64,8% (algo más que Susana como consejera) y tardó dos años en alcanzar la actual repercusión de su sucesora.

Con el «efecto Susana» ha mejorado también la percepción del Gobierno de la Junta. «Desde el cambio en la Presidencia, se han reducido en 23,5 puntos porcentuales las valoraciones negativas sobre la gestión realizada por el Gobierno andaluz», indica el Egopa. Con todo, «el 34,7% de los andaluces califica como mala o muy mala la actuación del Ejecutivo autonómico, frente al 28% de calificaciones positivas». La actuación de IU es percibida de forma negativa por el 45,5% de los encuestados y de forma positiva por el 30,8%. La oposición del PP es valorada negativamente por el 69%. El «efecto Zoido», que en la lucha por el Ayuntamiento de Sevilla podría compararse al de Susana Díaz, estadísticas en mano, ha virado en «contraefecto Zoido», considerando, además, que se puso al frente del partido que ganó las elecciones en la región. El nuevo líder popular, Juan Manuel Moreno Bonilla, se ha librado, al no preguntarse por él aún, de una odiosa comparativa. Moreno, que aspira a ser conocido como Juanma, era el tapado de Rajoy y, sociológicamente, más allá de Málaga, tan conocido como puedan serlo los líderes del PA (7,4%) o UPyD (4,7%). El «efecto Susana» tiene su epicentro en un perfil cercano –hija de un fontanero de Triana, primera mujer en el cargo– , en la estudiada y apretada agenda –se ha visto con todos: de Botín a los queseros de Cádiz, pasando por la UE, Moncloa y Zarzuela–, un discurso sencillo –unidad de España, tolerancia cero con la corrupción– sin demasiada trascendencia práctica y en un liderazgo sin fisuras del aparato. La mercadotecnia de Chaves vendía la irrealidad de una Andalucía puntera. Los sondeos y la calle, a día de hoy, ratifican una «Susana imparable».