Opinión

La sombra de lo que quise hacer

“El 2019 pasará a la historia como el año que vivimos votando peligrosamente. Los cambios son asombrosos»

“El 2019 pasará a la historia como el año que vivimos votando peligrosamente. Los cambios son asombrosos»

Ya es presidente de la Junta de Andalucía Juan Manuel Moreno Bonilla. Ha podido y ha sabido conformar una mayoría absoluta que le da toda la legitimidad para gobernar nuestra tierra durante cuatro años, si el tripartito resiste ese tiempo. Sabido es que una silla de tres patas no es cómoda para mantenerla en pie durante demasiado tiempo. Me han gustado sus primeros pasos, la visita a esta especie de senador vitalicio de Andalucía que es el señor Clavero Arévalo. Es poner en imagen clara y aviso para navegantes y socios díscolos que la autonomía andaluza no es una especie de almoneda en liquidación. Igualmente, que en su toma de posesión tuviese a su lado a Rajoy, Soraya y Javier Arenas, sus mentores y su apoyo, para llegar a este momento dice mucho, porque estas tres personalidades de su partido ya estaban amortizadas para la actual directiva del PP. Incluso el mismo presidente si los votantes no hubiesen decido otra cosa.

El 2019 pasará a la historia como el año que vivimos votando peligrosamente. Los cambios son asombrosos. Vean el ejemplo de Podemos: se presentaron hace poco más de 5 años como asaltantes del mismísimo cielo, ejemplo de virtudes, de unidad...Y de los fundadores, como en la copla, que pocos van quedando, algo parecido le está pasando con los votantes. El diputado Echenique comentaba tras la marcha de Podemos del también diputado Errejon, que lo ético sería que el citado dejara su acta de congresista al partido, aunque entendía que si así lo hiciera de qué iba a vivir. Deja claro que la política es una forma de vida. Que se fije en su líder, al que presta adhesión inquebrantable, el señor Iglesias: le quedan 20 años de hipoteca. La verdad, como está el panorama, no hay ninguna seguridad de que los señores de Iglesias se puedan mantener 20 años en el Parlamento. Esto ocurre en casi todo. Solo hay que pasear por una calle comercial de cualquier ciudad para darse cuenta. Hasta hace unos años los comercios eran inalterables; hoy, si dejas de pasar por una vía seis meses te encuentras que lo que era una famosa y acreditada pastelería ha pasado a ser una tienda de sanitarios de lujo. Lo que durante años fue la sastrería de referencia es ahora un local de ropa «low cost». Donde permaneció por 100 años un teatro por el que pasaron los mejores artistas, ahora tenemos un mercado gastronómico. Pero volviendo a la campaña electoral, en las recientes elecciones andaluzas los partidos potenciaban a los candidatos, disimulando casi vergonzosamente las siglas de la formación. Visto lo visto en Andalucía, en las municipales y autonómicas vuelve el partido y su herencia. Y es que no hay nada más conservador, para mí afortunadamente, que las herencias. Recordemos que durante años uno de los lemas más repetidos del PSOE era aquel de «Cien años de honradez». Hoy está olvidado esto, dado el panorama que vivimos, donde el día del trincón es casi todos los días. Por cuestión de esas historias los dos grandes partidos han tirado para animar sus mítines de la herencia de sus grandes líderes históricos. Es como decir a las nuevas formaciones que les falta fondo de armario político. Tampoco hay que hacer leña de tanto árbol caído, estoy convencido de que la mayoría de los que se han dedicado a la política empezaron con las mejores intenciones, incluso algunos de los que pueblan cárceles y atascan juzgados. Como escribe el poeta cubano Pérez Olivares «que todo cuanto hice, no fue sino la sombra de lo que quise hacer». Esto nos pasa a todos, a los políticos en mayor grado, además de estar expuestos a un bombardeo continuo. Para Andalucía y para España siempre lo mejor, esto está por encima de partidos y personas. Por cierto, qué oportuna la agenda del Rey de España y los españoles. Escuchaba el jueves la entrevista que le hacía Carlos Herrera al embajador del Reino Unido. Reiteradamente en sus respuestas contestaba: «Como embajador de su majestad la Reina y por tanto del gobierno de su majestad...». Qué difícil oír algo igual a un embajador de España. Vivimos llenos de complejos democráticos, no nos vayan a tachar de cortesanos. Claro que si ya ni el cuerpo diplomático mantiene la exquisitez en el protocolo, vámonos, pero sin apagar, por si la luz nos hace ver la vida de forma más cristalina.