«Las constituciones que no se reforman estallan»

CATEDRÁTICO DE DERECHO CONSTITUCIONAL. Acaba de publicar «La reforma constitucional inviable» (Catarata), un libro en el que desgrana los principales problemas de la Carta Magna

Javier  Pérez  Royo
Javier Pérez Royo

Javier Pérez Royo es catedrático de Derecho Constitucional. Acaba de publicar «La reforma constitucional inviable» (Catarata), un libro en el que desgrana los principales problemas de la Carta Magna

El 20 de diciembre la sociedad española se enfrentará a una de las situaciones más delicadas de su etapa actual una vez que se conozcan los resultados de las generales. Gane quien gane y pacte quien pacte en el horizonte democrático estará adecuar la Constitución de 1978 a la nueva realidad española. Javier Pérez Royo (Sevilla, 1944) acaba de publicar con la editorial Catarata «La reforma constitucional inviable», un libro con el que pone sobre la mesa los principales problemas de la Carta Magna.

-¿De verdad nos hemos quedado sin Constitución?

–No, lo que quiero decir es que nos hemos quedado sin Constitución territorial. Es decir, la Constitución Española (CE) vino a facilitar el proceso de un régimen dictatorial a uno democrático y además para resolver la integración territorial de las nacionalidades y regiones en ese estado único. Son dos problemas que en algunas constituciones van juntos pero en otras no, como sucede con la República Francesa que tiene unos territorios neutros. En España, por razones históricas, cada vez que las sociedades han tenido un papel democrático se ha planteado el problema de la integración de los territorios. Esto se lleva a cabo por la aprobación de los Estatutos de autonomía que descentralizan la gestión del Estado. En Cataluña se pactó la reforma estatutaria entre el Parlamento de Cataluña y las Cortes Generales, se aprobó, se sometió a referéndum donde se le dio el visto bueno y luego fue recurrido ante el Tribunal Constitucional desautorizando el pacto entre ambas cámaras quitándole la última palabra a los ciudadanos catalanes. El resultado es que en Cataluña hay una deriva hacia el independentismo y quienes estaban por la autonomía entienden que si no caben en esa Constitución se marchan de ella y buscan otra.

–Pero a los andaluces sí nos vale nuestro Estatuto, ¿por qué a los catalanes no?

–A ellos les valía el que tenían, estuvieron cuatro años con ese Estatuto y no pasó nada. Desde el 2006 al 2010 está en vigor y ni se rompió la unidad del Estado e incluso las elecciones que se celebraron en ese momento se desarrollaron con la misma tónica que las anteriores y por lo tanto la presencia de los partidos de gobierno en Cataluña era muy importante. El PP y el PSOE tenían un porcentaje muy superior al 50% de representación y eso ya se ha acabado.

–¿La CE es irreformable?

–Nada de eso, es perfectamente reformable, no es excesivamente rígida y está en la media de las europeas. Las mayorías que se exigen para las reformas y revisión son las habituales en otros países. El problema es político porque España nunca ha reformado su Constitución, por eso cada ciclo tiene que comenzar con un ejercicio nuevo del constituyente.

–Pero mantiene que si el PP no quiere no habrá reforma.

–Claro, porque para hacer una reforma es fundamental compartir un diagnóstico entre el Congreso de los Diputados y el Senado. Una vez que se decide que hay que modificar la Constitución hay que estudiar qué reforma es la que hacemos. Ahí es cuando hay que buscar el consenso, que es un punto de llegada, no de partida. Si se niega eso es que no se quiere cambiar nada, que es lo que asegura el Gobierno en la actualidad. Si no hay una voluntad de marcar un camino hacia el consenso la reforma está cerrada, que es lo que se plantea en este momento.

–Siempre se habla del consenso del 78, ¿pero ése es otro mito más que nos han contado?

-La verdad es que consenso sí que hubo y la prueba es que llevamos viviendo 40 años en el mejor periodo de la Historia de España con este acuerdo. Lo que sucede es que las tres grandes decisiones no se discutieron, se colaron en la CE pero no se debatieron. No se habla de la Monarquía, porque se hizo para restaurarla, la composición del Congreso de los Diputados y del Senado viene de la Ley para la Reforma Política y del Decreto Ley de Normas Electorales y se mete en la CE sin debate alguno. En tercer lugar hay una decisión antifederal con un Senado provincial que lo que hace es cerrar la posibilidad de que se pueda evolucionar a una constitución federal. Aquello se hizo así porque salíamos del régimen del que salíamos, porque la democracia era incipiente y amenazada.

–¿Y ha servido para algo?

–Desde luego ha tenido mucho recorrido, con esta Constitución hemos hecho el aprendizaje de la democracia, algo que en España antes no se logrado nunca. Ha posibilitado que la sociedad española hiciera una síntesis política bipartista pero que ahora ya no sirve a la complejidad social actual. Las Cortes Generales no permiten que la sociedad española se manifieste en toda su dimensión, por lo que vamos a tener un problema de legitimidad. Si la CE no opera sobre un bipartidismo no funciona, porque está pensada para que haya sólo dos partidos predominantes.

–Vamos, que estamos en el mismo punto muerto en el que se encontró el «turnismo».

–A esta Segunda Restauración, en la que estamos, le puede pasar lo mismo que a la de 1876, que se llevaron 30 años diciendo que había que reformarla y al final llegó el 14 de abril de 1931 y se esfumó todo. España se acostó monárquica y amaneció republicana, las constituciones que no se reforman estallan.

–¿El 21 de diciembre de 2015 cómo nos vamos a levantar?

–Creo que nos vamos a levantar con un Parlamento fragmentado, mucho más de lo que lo hemos tenido hasta ahora. Más parecido al primero, sobre todo porque el resultado de las elecciones habrá que mirarlo detenidamente. Creo que se va a votar de manera muy distinta según los territorios y eso vamos a tener que tomarlo en consideración, porque no va a haber esa fidelidad interna que hemos vivido hasta ahora. Entraremos en un espacio nuevo y tendremos una síntesis desordenada.