Prosa fecal

Cristina Morales / Foto: Efe
Cristina Morales / Foto: Efe

De la escritora (¿?) granadina Cristina Morales, residente en La Habana y ganadora del Premio (¡!) Nacional de Narrativa, se han destacado sus múltiples incoherencias, empezando por la pulsión burguesa de embolsarse los 20.000 eurazos de la dotación económica sin compartirlos con la famélica legión y siguiendo por el aplauso a los terroristas callejeros de Barcelona, fascinación apologética por la desobediencia de una propagandista del muy autoritario régimen cubano, donde la menor disidencia es reprimida inmisericordemente. El periodista José María Albert de Paco, sin embargo, ha tenido la paciencia de sumergirse en su obra, valga la elección del verbo para resaltar el valor del colega que, literalmente, se ha hundido hasta la coronilla en las aguas fecales de su prosa para extractar, por ejemplo, este pasaje: «Empiezo a tirarme pedos silenciosos, apretando el culo para que no suenen, haciendo equilibrios sobre los isquiones en el asiento, avergonzándome del olor. Alguna vez he llegado a la Autónoma con las bragas cagadas. Después de soltar un poquito de caca ya puedes aguantar mejor, pero siguen quedando seis paradas con el lametoncito de mierda en el culo. ¿No hay lavabos en el tren? No, en los ferrocarriles de corta distancia de la Generalitat no hay lavabos. Hay que subirse al tren meada, cagada y follada». Se comenta por sí mismo, habrán comprobado, pero no deja uno de pasmarse con la puerilidad de un jurado que, consumido un quinto del siglo XXI, aún vive bajo la máxima de «épater les bourgeois», sin reparar en que nada hay ya menos rupturista que una palabrota o una referencia escatológica. Yo mismo, propietario de inmuebles en el centro e inversor en múltiples fondos bursátiles, me puedo limpiar el culo con los textos de Cristina Morales sin que nadie se escandalice.