Siempre con Andalucía

Sé que será imposible, pero cuánto disfrutaría si el día 28 se aparcara la precampaña electoral»

El Parlamento andaluz celebró ayer su jornada de puertas abiertas / Foto: Ke-Imagen
El Parlamento andaluz celebró ayer su jornada de puertas abiertas / Foto: Ke-Imagen

Aprovecho el último domingo de febrero para escribir de mi amor inmenso a mi tierra, Andalucía, y lo hago hoy para compartir mi amor con el mayor número de hombres y mujeres que leen un periódico los domingos. El 28 de febrero me parece una buena fecha para celebrar de dónde somos y, aunque pensara que otras fechas serían mejores, no la cambiaría. Aunque estuviese en mi mano, hay que unirse en ciertos momentos. Sé que será imposible, pero cuánto disfrutaría si el día 28 se aparcara la precampaña electoral y se viviera la fiesta de todas las andaluzas y andaluces, dejando las siglas, los argumentarios, las mentiras, las medias verdades, las promesas que nunca se cumplirán en casa. Todos los días que se celebran en el mundo sirven para recordar, enaltecer, valorar, determinadas situaciones, actividades o personas. Quisiera que así fuese en el día de Andalucía, mi tierra. Nací en su capital, Sevilla, de madre de El Puerto de Santa María y padre malagueño, no es mal trío, el bravo e inmenso océano Atlántico. El mar de la cultura, ese que va de Algeciras a Estambul perfumadito de brea, el Mediterráneo. El Guadalquivir, ese río que siempre quiso ser mar, de hecho lo es. Su legendaria historia y los grandes barcos surcándolo así lo atestiguan. De esas aguas, de esos poderosos vientos, me siento vasallo. Mi gran suerte ha sido saber que tenía que vivir fuera, que recorrer otras tierras, otros mares, en los que aprendí tanto de la vida, que además fueron generosos. Por eso cuando decidí, ya maduro, volver a mi tierra y enraizarme en ella como un viejo olivo, lo hice a conciencia, sabiendo que por encima de la política de siglos, que siempre dejó estas tierras para más adelante, que a pesar de las miles de cosas que quedan por resolver y que nunca se resolverán del todo, ni aquí ni en Pekín, incluyendo todos los países de tan largo recorrido. Como decía al principio, quiero en el Día de Andalucía proclamar que hay tanto que esta tierra milenaria te da. Desde los tartessos a los romanos que nos dejaron parte de su avanzadísima forma de vida, Itálica, Baelo Claudia, en las inmensas playas de Bolonia, donde ya inventaron la almadraba del atún. Andalucía dadivosa siempre, les dio dos de sus mejores emperadores, Trajano y su sobrino Adriano. Los árabes nos dejaron historias interminables y ese orientalismo embriagador, con decir Alhambra de Granada, Mezquita de Córdoba y Giralda de una ciudad a la que siempre vigila Sevilla. Murillo, Velázquez, Picasso, Falla, Turina, Lorca, Cernuda, Alberti, Juan Ramón, los Machado y claro está que Rafael de León. Cartel de lujo para Andalucía, España y el mundo. A este cartel le faltan miles de nombres, que a esta tierra siempre le han faltados grandes industrias, pero ha tenido y tiene como ninguna, grandes artistas en todos los terrenos, de tanta gente, de tantos paisajes, de nuestros vinos de nuestra comida, de nuestras tradiciones, de nuestra austeridad y de nuestra largueza, de nuestras penas con sonidos de saetas, de nuestra alegría desbordante, de esa forma de vivir, que no se refleja en los grandes ranking internacionales... De tantas cosas que hay que celebrar. Andalucía por sí, con sus hijos, con pan, cultura y libertad. Gracias tierra mía, feliz día.