Opinión

Sobredosis de modernidad

Los sociólogos más serios dan por aceptado que el movimiento 'alt right' es la respuesta a la dictadura de lo políticamente correcto»

Fue un dato casi banal pescado al vuelo durante una larga conversación en la que el reportero intentaba determinar qué factores habían incidido en la conversión de Sedella, pueblo de moda en la Axarquía malagueña, de ciudadela roja a plaza reconquistada por los azules. No es baladí la terminología, pues usa Vox un lenguaje reminiscente de hazañas medievales para añadirle épica a su irrupción. Precisamente en aquella comarca, último reducto mahometano, culminaron los Reyes Católicos la (re) cristianización de la Península Ibérica. La dinastía nazarí terminó en Boabdil, cuya efigie entregando las llaves de Granada a un noble castellano figuraba en el escudo de Sedella sin que ningún lugareño tuviese conciencia de su racismo o su islamofobia atávicos. Seguramente, es más, sin que hubiesen dedicado un segundo de su vida a cuestionar la iconografía del emblema... hasta que el alcalde comunista tuvo la ocurrencia de convocar un referéndum para cambiarlo por los motivos (peregrinos) arriba expuestos. Votaron cuatro gatos, en consonancia con la chuminada, quórum suficiente para perpetrar la gilipollez intervencionista, ese tocarle los dídimos al paisanaje por puro deporte o, peor aún, por considerarlo indigno de decidir por sí mismo ni siquiera en asuntos tan nimios. Los sociólogos más serios, quienesquiera que sean y dondequiera que anden, dan por aceptado que el movimiento «alt right» al que pertenecen los doce diputados voxeros (con Trump, Bolsonaro, Orban y otras yerbas similares) es la respuesta del ciudadano asfixiado por la dictadura de lo políticamente correcto. No se me ocurre una explicación más plausible de la mutación electoral de los sedellanos, que debieron indignarse como hienas por la enmienda a su historia que les impusieron esos camaradas tan modernos que los gobiernan.

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