Tiempos pasados

Hace justamente una semana este mismo espacio comenzaba con una referencia a la muy recomendable «Chernobyl» (disponible en HBO), que retrotraía al espectador a uno de los incidentes más relevantes del último cuarto del siglo pasado. La serie suponía, además, una inmersión en la sociedad soviética de los años 80 gracias a su perfecta recreación.

La tercera temporada de uno de los grandes éxitos de Netflix, «Stranger things», que reproduce con precisa fidelidad el universo ochentero, se estrena el próximo jueves coincidiendo con la fiesta nacional de Estados Unidos, lo que reproduce el esquema de las «majors» de Hollywood al elegir ese día para sus películas más relevantes. El éxito de la serie protagonizada por la joven Millie Bobby Brown, nacida en Marbella, ha propiciado la realización de otros títulos que emulan el cine de dicha época con adolescentes metidos en problemas por sus ansias de desentrañar misterios; es el caso de la muy entretenida «Verano del 84», estrenada en el Festival de cine de Sitges y recientemente editada en dvd. Hace apenas dos semanas se ha lanzado en este formato «Phantasma», título mítico que hizo las delicias de los aficionados al cine de terror y que se recupera ahora con motivo del 40 aniversario de su estreno en una edición, la primera hecha en buenas condiciones en España, con muchos extras. Y en el otro extremo, el grupo infantil de la década por excelencia fue «Parchís», objeto de un documental que Netflix estrenará en menos de dos semanas.

Casualmente, la película andaluza de mayor éxito, «La isla mínima», trascurre a principios de los 80. Por entonces estaba en pleno auge el denominado cine «quinqui», un fenómeno sobre el que han coincidido en los últimos meses dos documentales con planteamientos bien diferentes. El malagueño Rafael Robles, más conocido como «Rafatal», realizó «Navajeros, censores y nuevos realizadores» mientras que Juan Vicente Córdoba volcó su pasión por este cine en «Quinqui stars», presentado anoche en Sevilla y que suele ser acogido gratamente por el público joven de los barrios de la periferia. En el mismo complejo donde ayer se proyectó esta película se presentará mañana «Stramonium», el último largometraje que el polifacético Joaquín Ortega (director, productor, actor, coordinador de acción, especialista, además de responsable de Niafffs, único festival en España dedicado al cine de acción, que se clausura mañana) ha realizado y al que define como ochentero por la temática, estética y banda sonora.

Al margen del cine y la televisión hay muchas actividades que certifican la evocación de esta época. En la localidad sevillana de Tomares, municipio más rico de Andalucía y organizador de una envidiable Feria del Libro, se celebra desde hace dos años la Primavera Ochentera, que contó en la pasada edición con Danza Invisible, Siniestro Total, Javier Gurruchaga y la Orquesta Mondragón, entre otros. La iniciativa privada tampoco permanece ajena a este resurgimiento y también mañana tendrá lugar un Torneo Arcade en el centro comercial Los Arcos de Sevilla, organizado por el cineasta David Chamizo, en el que se podrá jugar al Tetris, Pac-Man, Space Invaders y Street Fighter 2, que tanto éxito tuvieron. Chamizo es uno de los integrantes de la asociación tras la que se encuentra el salón Arcade Planet, en Dos Hermanas (Sevilla), lugar de referencia obligada en España gracias a sus más de cien máquinas que hacen las delicias de los nostálgicos de estos juegos; entre promotores se encuentra Juan Ventura, uno de los mayores especialistas de España en efectos digitales («La Peste» es su trabajo más representativo).

Estos días coinciden en Sevilla dos exposiciones en instituciones públicas que recogen la fecunda obra, vinculada con los años 70 y 80, de sendos artistas. La Casa de la Provincia de la Diputación exhibe «ADN. Crónicas urbanas en alta fidelidad», del pintor y diseñador Manolo Cuervo; nacido en Isla Cristina (Huelva), se dio a conocer gracias a sus carteles para Cita en Sevilla, decidida apuesta municipal por la cultura que supuso un revulsivo a la ciudad en aquellos años. La exposición estará abierta hasta el 8 de septiembre e incluye cerca de ochenta pinturas realizadas en los últimos diez años en las que son apreciables elementos del jazz, el cine, el teatro y la cultura popular. Hasta una semana antes se podrá ver en el impresionante espacio de la antigua Cartuja Santa María de las Cuevas «Prada Poole: la arquitectura perecedera de las pompas de jabón», coproducción del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, CAAC, con el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, Musac. Una visita a esta exposición es un viaje a la ciencia ficción y la constatación del carácter visionario de este singular artista, José Miguel de Prada Poole, que rompió todos los esquemas en los años 70 con el diseño de la futurista pista de patinaje cubierta Hielotrón, que revolucionó Sevilla en plena Transición. Aquello fue un salto en el tiempo del pasado al futuro que ahora, en un irónico viaje, emprende el camino inverso.