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Úbeda y Baeza, máximos exponentes del Renacimiento

Ambos conjuntos monumentales celebran en 2018 el decimoquinto aniversario de la declaración de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO

  • Catedral de Baeza, obra renacentista del arquitecto Andrés de Vandelvira
    Catedral de Baeza, obra renacentista del arquitecto Andrés de Vandelvira
Jaén.

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25 de julio de 2018. 16:28h

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La Razón.  Jaén. 30/7/2018

El conjunto monumental renacentista de Úbeda y Baeza, declarado Patrimonio de la Humanidad desde 2003, representa uno de los destinos predilectos para los amantes de la historia, el arte y el patrimonio. En este 2018 estas urbes festejan el décimoquinto aniversario de la obtención de este título otorgado por la UNESCO, que ha contribuido a dar a conocer el inmenso legado de estas dos ciudades jiennenses a nivel nacional e internacional, conformando uno de los destinos más atrayentes del turismo interior andaluz. Úbeda y Baeza son dos joyas del Renacimiento, máximos exponentes en el sur de Europa de la grandiosidad de esta etapa histórica.

Junto a Jaén capital, estas dos ciudades conforman el triángulo monumental del Renacimiento del Sur gracias a la obra del arquitecto Andrés de Vandelvira -protegido por una de las figuras más influyentes del Renacimiento, el secretario de Estado del emperador Carlos V, Francisco de los Cobos– cuya impronta no sólo está presente en la capital jiennense, en Úbeda o en Baeza, sino en multitud de localidades de todo el territorio provincial como Sabiote, Canena, Villacarillo o Huelma, entre otras. Es precisamente la huella de Vandelvira y, tras ella, la influencia y el poder de Francisco de los Cobos, los que están detrás de la riqueza monumental de Úbeda y Baeza que posibilitó la protección de estas ciudades por parte de la UNESCO.

Situadas muy próximas al mayor espacio natural protegido del país, el Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y las Villas, estas dos ciudades aguardan al viajero para trasladarlo al esplendor del Renacimiento e invitarlo a recorrer sus calles empedradas, recrearse en la belleza de su infinidad de palacios, iglesias y plazas, contemplar desde sus miradores la inmensidad del mar de olivos jiennense y disfrutar de una rica y variada gastronomía que tiene al aceite de oliva virgen extra como protagonista indiscutible y como instrumento principal del trabajo de una generación de restauradores que está consiguiendo hacer crecer, en calidad y en promoción, la cocina jiennense.

Las dos ciudades han sido escenarios de largometrajes y fuentes de inspiración de múltiples poetas, literatos y artistas, que han confesado en más de una ocasión los paseos inspiradores por sus diferentes rincones, disfrutando desde sus cerros de bellos atardeceres y del sosiego que emanan sus callejuelas. A pesar de que el viajero puede sentir que en cualquiera de ellas se ha detenido el tiempo, Úbeda y Baeza han renacido con su título de Patrimonio de la Humanidad como ciudades vivas y dinámicas, dos conjuntos históricos llenos de vida que se complementan con una extraordinaria oferta cultural, turística y gastronómica.

Úbeda y Baeza son dos ciudades hermanas, fuertemente ligadas por la historia, el patrimonio y la cultura. La primera representa la arquitectura privada y el poder civil, mientras que Baeza es símbolo de la arquitectura pública y el poder religioso, tal y como lo ponen de manifiesto los edificios que cada una de ellas alberga.

En Úbeda, que es la capital comercial y administrativa de la comarca de La Loma, es parada obligada la Plaza Vázquez de Molina, considerada como una de las más bellas de España y epicentro patrimonial de una ciudad culta, dinámica, comercial y cosmopolita. Esta plaza, conocida popularmente como la Plaza de Santa María, se extiende al sur de la ciudad, en el corazón del primitivo barrio del Alcázar, donde estuvo la ciudad árabe, y está próxima a la Redonda de Miradores y a un paso de los palacios, iglesias y conventos que han engrandecido la leyenda patrimonial de la ciudad ubetense.

Vázquez de Molina es una plaza insigne, de grandes proporciones y carácter señorial. En la misma, destaca la Sacra Capilla de El Salvador del Mundo, el mayor mausoleo civil construido en España, en cuya cripta descansan los restos de Francisco de los Cobos y su esposa María de Mendoza. Fue el secretario del emperador Carlos V el que encargó expresamente la construcción de esta iglesia cuyo diseño fue concebido por Andrés de Vandelvira, aunque la planta es obra del arquitecto Diego de Siloé, el escultor francés Esteban Jamete fue el autor de las tallas de la fachada principal y Francisco de Villalpando realizó la reja que separa de modo simbólico el espacio reservado a la familia de la nave destinada al pueblo. Además, Berruguete fue el encargado de ejecutar el antiguo retablo del altar mayor, del que solo queda el conjunto escultórico de la Transfiguración de Cristo. La sacristía y su extraordinaria portada fueron también obra de Andrés de Vandelvira.

Al lado de El Salvador abre sus puertas el Palacio del Deán Ortega, promovido por Fernando Ortega, primer capellán del mausoleo y confesor de Francisco de los Cobos y de su esposa. Este edificio, que alberga en la actualidad el Parador de Turismo y del que destacan sus balcones, su patio interior y su escalera en piedra, se atribuye también a Vandelvira. Junto a estos dos edificios, la plaza también alberga el Palacio Vázquez de Molina, conocido como Palacio de las Cadenas, una de las más brillantes muestras de la arquitectura civil del siglo XVI en España. Hoy este imponente edificio es el Ayuntamiento de Úbeda. Situado enfrente de la portada principal de la colegiata de Santa María, el Palacio de las Cadenas fue edificado entre los años 1540 y 1560 por Andrés de Vandelvira. Su promotor fue Juan Vázquez de Molina, sobrino de Francisco de los Cobos, que consiguió introducirlo en la corte hasta llegar a ser otro de los hombres de confianza del emperador Carlos V y secretario de cámara de su hijo Felipe II. La planta del palacio es cuadrada y su fachada, que está dividida en tres cuerpos y siete calles, abre a una gran lonja cuya entrada la marcan dos leones en piedra.

La Plaza Vázquez de Molina se completa con la Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares, la iglesia más antigua de la ciudad junto a la que el viajero puede encontrar la estatua con el que se rinde homenaje al arquitecto protagonista del legado renacentista de esta ciudad, Andrés de Vandelvira. Esta colegiata, construida sobre los cimientos de la primitiva mezquita aljama y con huellas góticas, mudéjares, renacentistas y barrocas, ha sido en numerosas ocasiones escenario de películas, como la de Alatriste, basada en los libros de Pérez Reverte.

Aunque esta plaza sea parada obligada para cualquier persona que se desplace hasta esta ciudad, el conjunto histórico-artístico ubetense posee otros muchos puntos de gran interés para el viajero. Uno de ellos es la zona de la Casa de la Torres, de fachada plateresca, que se encuentra ubicada en el barrio de San Lorenzo, cuya iglesia, aunque no está abierta al culto, puede ser visitada por el público y está siendo escenario de multitud de propuestas culturales, una de ellas dedicada a uno de los cantautores que nació en esta ciudad, Joaquín Sabina.

También destaca el entorno de la Iglesia de San Pablo, muy próximo a Vázquez de Molina y a los miradores donde los turistas buscan los cerros de la ciudad. Esta iglesia está ubicada en la Plaza Primero de Mayo, conocida también como “Paseo del Mercado”, que durante siglos fue el centro de la ciudad medieval. Dicha iglesia, declarada Monumento Histórico Nacional en 1926, es de estilo gótico tardío. A la plaza asoman también las Antiguas Casas Consistoriales, una de las sedes del conservatorio de música, y próxima a las mismas se encuentran la Casa Mudéjar, que acoge el Museo Arqueológico, y la llamada Sinagoga del Agua, testigo de la impronta de la cultura judía en esta ciudad.

Una de las calles laterales del popular Paseo del Mercado llega a la plaza del Carmen, donde abre sus puertas el Oratorio de San Juan de la Cruz, lugar de culto y peregrinación para los fieles del santo carmelita. En una de las celdas de este convento, que acoge en la actualidad el Museo San Juan de la Cruz, halló el poeta místico la muerte el 14 de diciembre de 1627. Al otro lado del Paseo del Mercado, en la calle Real, que une la Plaza de Andalucía –centro neurálgico de la ciudad– con la Plaza Vázquez de Molina, se citan algunos de los palacios señoriales más importantes de Úbeda. De entre todos destacan dos, el de los Condes de Guadiana y el Vela de los Cobos. El primero, que alberga actualmente un hotel de cinco estrellas, luce un torreón construido en el primer tercio del siglo XVII. El segundo, que también se puede visitar, es uno de los palacios más esbeltos y llenos de armonía proyectados por Vandelvira, en el que destaca la galería de arcos de la planta superior.

Tras contemplar la impresionante torre del Palacio de los Guadiana, el viajero puede acercarse hasta la plaza y la iglesia de San Pedro, frente a la que se sitúa el Palacio de los Orozco, de arquitectura decimonónica. La calle Antonio Medina conduce hasta el Palacio de la Rambla, hoy también hotel, del que destaca la belleza de su portada y la yedra en su patio renacentista. A la Plaza de Andalucía, centro de la ciudad en el XIX, asoman las Antiguas Carnicerías y la Torre del Reloj, que se han abierto recientemente al público, que tendrá la oportunidad de contemplar desde esta torre una de las panorámicas más imponentes de la ciudad ubetense. Al lado de la Plaza de Andalucía, abre sus puertas la Iglesia de la Santísima Trinidad y calles arriba se encuentra uno de los templos más singulares de Úbeda, la Iglesia de San Nicolás de Bari.

Afueras de la ciudad medieval, cuya extensión estuvo delimitada por una muralla de la que aún se conserva buena parte –incluso, algunos torreones pueden visitarse– el Hospital de Santiago es otro de los grandes símbolos monumentales de Úbeda. Conocido como “El Escorial” andaluz este edificio, centro cultural ubetense por excelencia –alberga eventos tan relevantes como el Festival Internacional de Música y Danza– fue promovido por Diego de los Cobos, sobrino de Francisco de los Cobos. De sus elementos arquitectónicos destaca su imponente fachada, flanqueada por dos altivas torres, el patio, la iglesia y la caja de la escalera decorada con pinturas murales.

Baeza, la ciudad poética

Baeza tiene una emoción poética que guarda en sus calles, sus plazas y sus monumentos. A esa emoción contribuyeron los versos de Antonio Machado, que fue profesor de francés en el instituto de la Santísima Trinidad, en una ciudad íntima, callada y silenciosa que conviene recorrer despacio para entender el significado de su historia y sus leyendas.

La Plaza de Santa María, centro histórico de Baeza, fue construida en un tiempo en que clero y nobleza pujaban por el gobierno de la ciudad. Levemente inclinada para subrayar el poder de la Catedral de esta ciudad –construida sobre la desaparecida mezquita aljama– la plaza está presidida por la fuente de Santa María, mandada construir por el Concejo en 1564 para conmemorar la traída de las aguas. Tras la conquista cristiana en la primera mitad del siglo XIII, el oratorio de la Catedral fue consagrado como iglesia bajo la advocación de la Natividad de Nuestra Señora. En 1529 se iniciaron las obras de la catedral gótica. Poco tiempo después, el templo sufrió severos daños que hicieron replantear la obra bajo un aliento artístico bien distinto.

Andrés de Vandelvira, que por entonces trabajaba en la construcción de la Catedral de Jaén, recibió el encargo de la reconstrucción de la catedral baezana. Solo se mantuvieron algunos elementos del pie de nave, como el rosetón gótico que se eleva por encima de la puerta de la Luna y que aún hoy representa uno de los elementos más simbólicos del templo baezano. Rodeado de prestigiosos maestros canteros y afamados escultores, Vandelvira dotó a la nueva Catedral de los novedosos vientos del Renacimiento. Tras su muerte se hicieron cargo de las obras Francisco del Castillo, Alonso de Barba y el jesuita Juan Bautista de Villalpando, autor de la fachada principal. El 16 de diciembre de 1593, el obispo Francisco Sarmiento ofició la primera misa en el altar mayor.

Por dentro, la Catedral está plagada de capillas: la mayor es obra de Manuel García del Álamo, de estilo barroco, mientras que las capillas Dorada y de las Ánimas, dos de las más importantes, se sitúan al pie del templo. Esta última está separada por una soberbia reja del maestro Bartolomé, realizada en 1513. La Custodia del Corpus Christi, que es uno de los grandes tesoros catedralicios, fue engastada por Gaspar Núñez de Castro en 1714. Otras estancias de la Catedral son el claustro gótico, en torno al cual abre el museo catedralicio, y el campanario, de estilo barroco, faro de la provincia de Jaén.

Una ciudad con Catedral y Universidad

Junto a esta plaza, se encuentra el Palacio de Jabalquinto, sede baezana de la Universidad Internacional de Andalucía, que es uno de los edificios más soberbios de la arquitectura gótico isabelina en la provincia de Jaén. Fue mandado construir por Juan Alfonso de Benavides, familiar del rey Fernando el Católico y cuyo hijo contrajo matrimonio con doña Luisa, la hija del poeta Jorque Manrique. La fachada del palacio mira hacia la plaza de Santa Cruz –donde se alza la iglesia tardo románica del mismo nombre–. La calle Beato Juan de Ávila conduce hasta la Antigua Universidad, un edificio manierista, abierto en 1595 y cerrado en 1824, que en la actualidad es un instituto de enseñanzas medias donde se conserva, tal y como era, el aula donde el poeta Antonio Machado impartió clases de gramática francesa entre 1912 y 1919.

El Arco del Barbudo desciende hasta la plaza de la Constitución, pero conviene continuar la calle hasta derivar en la Plaza del Pópulo, donde se alza la escultura en piedra de Himilce, princesa de Cástulo y esposa del general cartaginés Aníbal. Al lado se hallan los edificios de las Antiguas Carnicerías y las Escribanías Públicas. A un lado de la carretera de Jaén abre sus puertas el Antiguo Hospital de San Antonio Abad, actual archivo municipal y biblioteca pública. La plaza de la Constitución, conocida también como Plaza del Mercado, exhibe soportales de estilo castellano donde hace siglos abrieron sus negocios los artesanos de la ciudad. De su pasado comercial da cuenta la Alhóndiga, construida en 1554. Frente a ella, al otro lado de la plaza, se eleva el Balcón del Concejo desde donde las autoridades asistían a fiestas y actos públicos.

En el arranque de la calle San Pablo se alza la torre de Aliatares. Cerca se hallan las ruinas del desaparecido convento de San Francisco, sede actual de un auditorio que ha acoge a lo largo del año multitud de actividades y conciertos. El convento fue promovido por el apellido Valencia de Benavides, que a mediados del siglo XVI quería emular la riqueza de Francisco de los Cobos. Vandelvira fue el autor del templo, pero un terremoto a principios del siglo XIX obligó a desmontar buena parte de la capilla mayor, cuya altura subrayan en la actualidad un conjunto de estructuras de hierro. Vandelvira también trabajó en la iglesia de San Andrés, que comenzó siendo gótica para después abrazar los nuevos postulados del Renacimiento.

Sabores con historia

No hay mejor aceite de oliva virgen extra en el mundo que el de Jaén. El mayor símbolo gastronómico de la provincia es también su mejor embajador y el argumento principal de una cocina deliciosa y saludable, además de que se ha convertido en un atractivo turístico de primer orden. El oleotourismo cuenta cada vez con más adeptos, atrayendo cada año a un mayor número de viajeros para sumergirse en la cultura del olivar y conocer el proceso de elaboración del aceite de oliva virgen extra. Tiendas especializadas, restaurantes, museos y almazaras abren sus puertas al viajero en estas dos ciudades para dar a conocer la esencia de un producto que impregna todos y cada uno de los 97 municipios de la provincia de Jaén.

La gastronomía es también un suculento arte en Úbeda y Baeza, cuya cocina conjuga sabiduría, tradición y las mejores materias primas. La huerta, los cereales, las legumbres, las aves de corral, la caza menor, el cerdo y el cordero constituyen la base de guisos, pucheros y potajes donde no faltan los garbanzos y las espinacas, las acelgas, las habas y las berenjenas. Pipirrana, gazpacho, ensaladas y sopas frías se degustan en los días de calor. Por el contrario, en invierno la cocina tradicional apela a los platos de cuchara como los guiñapos, los andrajos o los garbanzos mareados, conocidos como “ropavieja”. Una rica propuesta de menú: papas a lo pobre con lomo de orza y bacalao a la baezana de primero antes de degustar un cabrito al horno. La repostería conventual de las tres grandes ciudades renacentistas propone panes y bizcochos de leche, tortas de anís, borrachuelos y ochíos, que se pueden adquirir en tiendas gourmets y en los propios conventos de las tres ciudades.

Vivir el Renacimiento

Dormir en un palacio renacentista, en una habitación de época; o hacerlo en un castillo, en una fortaleza con vistas a los antiguos campos de batalla. Jaén posee hoteles únicos a la altura de los viajeros más exigentes, amantes del arte, el descanso, la alta cocina y la buena vida. Los pueblos y ciudades que conforman las rutas del Renacimiento ofrecen lugares de ensueño que incitan a descansar y a recrearse con el peso del arte y la historia. La mayor parte de estos establecimientos hoteleros abren sus puertas en Úbeda y en Baeza, en palacios señoriales rehabilitados que cuentan con todas las necesidades y lujos que solicita el viajero moderno.

Alojados en ellos se puede asistir, por ejemplo, a la cita cultural más importante de Úbeda, el Festival Internacional de Música y Danza, que se celebra a finales de primavera en varios escenarios de la ciudad, en especial en el Hospital de Santiago. En Baeza se celebran en verano los cursos de la Universidad Internacional de Andalucía en la sede Antonio Machado. Ambas ciudades comparten un Festival de Música Antigua y también ferias y fiestas emblemáticas, como las del Renacimiento, que se celebran cada mes de julio, fecha en la que se obtuvo la declaración de Patrimonio Mundial. Además, Úbeda celebra sus fiestas anuales durante el mes de septiembre en honor a San Miguel, mientras que Baeza las celebra en agosto para festejar a la Virgen del Alcázar. Son famosas las romerías de la Virgen de Guadalupe en Úbeda y de la Virgen del Rosel, en La Yedra (Baeza).

Fiestas, gastronomía, monumentos, historia, cultura... Visitar las ciudades de Úbeda y Baeza y caminar por sus calles es trasladarse en el tiempo y viajar a otras épocas. Su importante pasado ha dejado en estos municipios huellas imborrables de la plenitud y esplendor que sus calles y plazas tuvieron durante más de un siglo. Palacios, conventos, murallas, casas señoriales, gastronomía y artesanía convierten a estas dos ciudades en las joyas del Renacimiento español.

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