Un desconocido tesoro

El «chabacano», un español criollo hablado en el sur de Filipinas, se caracteriza por la ausencia de plural y femenino, como se puede leer en el cartel de la imagen: «Un ciudad» o «maga animal» / Foto: La Razón
El «chabacano», un español criollo hablado en el sur de Filipinas, se caracteriza por la ausencia de plural y femenino, como se puede leer en el cartel de la imagen: «Un ciudad» o «maga animal» / Foto: La Razón

Hace dos semanas, en este mismo espacio, se hablaba de la presencia española en Filipinas 120 años después de la «pérdida» de este archipiélago y, entre otras cosas, de cómo en el tagalo, su lengua mayoritaria, abundan las palabras procedentes del castellano, unas seis mil, lo que supone el 17% de su vocabulario. Al final del artículo se indicaba que en otra entrega se hablaría exclusivamente del «chabacano», un español criollo hablado en el extremo occidental de la isla de Mindanao, al sur de Filipinas, especialmente en la ciudad de Zamboanga, donde la mayoría de sus habitantes son católicos a pesar de que en Mindanao predominan, y con bastante diferencia, los musulmanes. Lamentablemente, en otras zonas de Filipinas como Cavite, cerca de Manila, se ha ido perdiendo y ya quedan pocos hablantes de esta lengua, cuya pronunciación y escritura es diferente en ambas ciudades.

La profesora de la Universidad Ateneo de Zamboanga y lingüista experta en chabacano, Claribel C. Concepción considera que en esta ciudad se ha conservado mejor esta lengua por el destacamento de soldados al servicio de la corona española establecido para defender este territorio, cercano a Malasia, de los ataques de los musulmanes malayos. Para la construcción del fuerte acudieron filipinos de diferentes islas, cada una con su propio idioma; para entenderse, los trabajadores empezaron a repetir mecánicamente las frases que escuchaban, ignorando las reglas gramaticales.

Tomás Calvillo, antiguo embajador de México en Filipinas, cree que el chabacano puede deber su origen a la numerosa comunidad mexicana instalada en Filipinas como mano de obra y también como parte del destacamento militar español. Estos mexicanos tenían al español como segunda lengua recién aprendida, lo que explicaría que no fuera muy correcto gramaticalmente y que derivara en el chabacano. De hecho, el tagalo también ha tomado prestadas otras palabras del castellano hablado en México como «maní» (cacahuete) y «maneho» (conducir). La notable presencia mexicana en el archipiélago se explica porque Filipinas dependió del Virreinato de Nueva España desde 1565 hasta la independencia de México, cuando pasó a ser administrada directamente por España. Además, la principal comunicación de las islas con la metrópolis era el Galeón de Manila que conectaba una o dos veces al año Filipinas con México.

El chabacano es una lengua viva, muy diferente al castellano en la sintaxis, y al ser criolla no tiene una estructura complicada ni conjugación de verbos. Ramón Balaguer, cónsul honorario de España en Zamboanga, resume las peculiaridades del chabacano en la ausencia de femenino («el madre», por ejemplo) y de plural (cuando se quiere usar el plural se pone delante la palabra «maga», «maga libro») así como en la eliminación de la «r» final en el infinitivo de los verbos («come»). Para conjugar los verbos se emplea «ta» delante para el presente («yo ta come»); si «ya» precede al verbo («yo ya come») es pasado y si es «ay» la que va delante («yo ay come») es futuro.

Se trata de una lengua predominantemente hablada, algo que se puede constatar a diario por la ausencia de prensa escrita o cada domingo, cuando los zamboangueños, al igual que la inmensa mayoría de filipinos, acuden a la misa dominical. Mientras que la homilía se celebra en chabacano, la hoja parroquial situada a la entrada se reparte en inglés y las publicaciones religiosas que se pueden adquirir en un improvisado punto de venta son todas en inglés, a excepción de un único ejemplar del Nuevo Testamento.

No obstante, quien fuera alcalde, Celso L. Llobregat, potenció el uso del chabacano; de hecho, el himno de la ciudad, «Zamboanga hermosa», cantado en los actos oficiales, está escrito en español. Sin embargo, esta localidad se fomenta bajo la leyenda de ser «la ciudad latina de Asia», cuando quizás habría sido más correcto la palabra «hispana», que, por otra parte, conlleva connotaciones históricas en el país. En cuanto a la gastronomía chabacana, algunos de sus platos típicos resultan especialmente familiares: callos a la andaluza, puchero, pescao en blanco, ropa vieja, croquetas de patatas y bacalao a la vizcaína.

La embajada española en Manila y el Instituto Cervantes, con José María Fons como responsable de las actividades culturales, ha fomentado notablemente la difusión del chabacano con la proyección de cortometrajes y documentales, hablados en esta lengua, en el Festival de cine español «Pelikula» que el Instituto Cervantes organiza cada año en octubre en Manila. La embajada promovió un seminario sobre el chabacano, al que acudió el máximo experto en la materia, el lingüista norteamericano John M. Lipski. También se pensó en abrir un centro del Cervantes en la Western Mindanao University de Zamboanga, pero esa zona de Filipinas es muy peligrosa por la presencia de varios grupos terroristas islamistas, como el Frente Moro de Liberación Nacional, que llegó a ocupar la ciudad en septiembre de 2013, ocasionando la muerte de más de cien personas; esta lamentable situación convierte toda la zona en un destino desgraciadamente nada recomendable y casi en una temeridad su visita. Con todo, el chabacano sigue siendo la lengua más hablada para orgullo de sus habitantes y como una muestra más del rico patrimonio de nuestra cultura.