Una visita a Bruselas sospechosa

La Razón
La RazónLa Razón

Uno de los mayores errores de la Junta de Andalucía en los últimos años ha sido la dejadez con la que ha manejado los asuntos europeos y la presencia andaluza en Bruselas. La comunidad autónoma ha recibido cuantiosos e importantes fondos de la Unión Europea, pero la presencia de la región en los foros de decisión ha sido tradicionalmente insignificante. Y ello pese a contar desde 1994 con una sede permanente en Bruselas, con cargo al Presupuesto autonómico, pero que se ha caracterizado por la ineficacia y la opacidad que define a los entes autonómicos de la Administración andaluza. Ni una sola gestión en décadas que merezca la pena ser recordada. La visita que mañana hará la consejera de Presidencia, Susana Díaz, no debería ser noticia, sino rutina. En la capital europea se juega el futuro de la región y, por ejemplo, la reforma de la Política Agraria Común es decisiva para el futuro económico. Mucho más que la defensa de la normativa antidesahucios porque el futuro de esta ley está en manos de la troika y lo que tenía que haber hecho el Ejecutivo andaluz es elevar las consultas pertinentes antes y no sacrificar la seguridad jurídica para obtener un mayor impacto mediático. Por ello, la visita de Díaz está justificada sólo si sirve para abrir vías de diálogo estables y no una fotografía. Griñán, por ejemplo, tardó casi dos años en visitar Bruselas. Lo hizo en enero de 2011 pese a ser presidente desde abril de 2009. Sus últimas declaraciones alertando de que Europa «no merece la pena» si frenan el decreto antidesahucios, no ayudan. El viaje de su consejera de Presidencia suena más a un desagravio que a otra cosa.