Historia

Vicky Peña: «Es maravilloso rescatar a un ser como María Moliner»

María Moliner es mucho más que un nombre en letras grandes sobre el lomo de un libro. Detrás de esos doce caracteres se esconde una vida dedicada a la biblioteconomía, a la investigación del idioma y a la divulgación de la riqueza del español. Como muchas mujeres que participaron en la aventura de la II República, el Franquismo la depuró e impidió que siguiera su carrera. Ese exilio interior le sirvió como una cáscara protectora en la que desarrolló una labor que acabó con la publicación del famoso «María Moliner». «El diccionario», de Manuel Calzada Pérez, ha estado esta semana en el teatro Lope de Vega, donde Vicky Peña se ha metido en la piel de esta mujer fascinante.

–¿Cómo se ha encontrado en este papel?

–Muy a gusto, por dos razones básicas: una porque la persona de María Moliner ha despertado en mí una gran simpatía y admiración; y otra, porque el personaje teatral me permite un terreno de juego muy amplio y rico. Estoy encantada.

–En este caso se puede decir que hay vida más allá de las estanterías.

–El hecho de haber rescatado al personaje ha sido revelador. Además, el propio diccionario es una obra tan curiosa, peculiar, distinta, que de algún modo hace presentir que detrás de todo aquello había un ser humano muy rico e interesante. Además de su familia, entre los profesionales bibliotecarios o periodistas sí era conocida, pero para el gran público no. Es maravilloso haber restacado a un ser como María Moliner. Estoy encantada con ella, insisto.

–¿En qué momento decide ella dedicarse a recopilar palabras?

–Pues ella tuvo una vida profesional muy rica dedicada a las palabras hasta el final de la Guerra Civil, ya que había colaborado con la República en un exhaustivo plan de bibliotecas estatales que no se pudo llevar a cabo por la llegada del Franquismo. Desde el momento en el que ganan los sublevados, a ella la consideraron roja aunque nunca pudieron achacarle ningún crimen, ya que hasta gente de derechas la defendió. La degradaron 18 puestos en la Administración y la confinaron a una pequeña biblioteca que no era nada cultural. A sus cincuenta y pico años, con su marido en su cátedra de Salamanca y con una amplia disposición de tiempo, le pareció que era una buena opción hacer un diccionario de uso, pequeño, corto y ágil. Lo que iba a ser una labor de dos años se transformó en un trabajo de quince que acabó en una gran obra.

–Hablando de teatro y de palabras, ¿cuál cree que es el término que mejor le viene a la actualidad escénica de nuestro país?

–(Silencio largo) Desgobierno...

–¿Cuál sería el antónimo adecuado para sacarla de esta situación?

–Para este caso, responsabilidad.

–¿Cree que con esta obra el público se acercará más al mundo de los diccionarios, que están ya en desuso?

–Supongo que en esto han influido mucho los medios de comunicación modernos, porque ahora cualquiera que tiene una duda la puede consultar en la Wikipedia. En mi caso, yo es que tengo un problema de índole cultural, ya que en mi casa siempre ha habido diccionarios, que siempre me han fascinado, así como la sonoridad de algunas palabras. Recuerdo algunas que estaban en la Enciclopedia Espasa que eran como nombres de historia de aventuras. Siempre me han gustado mucho los diccionarios, tocarlos, mirarlos de atrás a adelante, cosa que con una pantalla no puedes hacer. No sé si la gente va a volver o no a él, aunque no es el propósito de esta obra, si bien, también es muy agradable. Se trata más de restituir la labor de una mujer y de una generación, cuyo trabajo cultural fue silenciado por los franquistas para que la incultura se asentara en la sociedad. Ahora mismo se podría decir lo mismo, porque parece que hay una voluntad clara del Gobierno por alejar la cultura, la educación y el criterio de las personas.