«Chuches» suecas para leoneses muy golosos

Caramel-OH! Éste es el nombre de una tienda de golosinas poco habitual. Situada en la Avenida Padre Isla, 11 de León, ofrece a quien a ella acude dulces suecos. Todo productos sin glúten, lactosa, glucosa y menos aditivos (colorantes, grasas transgénicas o aceite de palma) que los que habitualmente se dispensan en este tipo de establecimientos. Se trata de un paraíso para los alérgicos, tal y como nos explica Amador García Montes, su dueño, un asturiano que en septiembre de 2012 abría este negocio y que asegura estar satisfecho de llevar dulzura a la vida de muchos clientes, que poco a poco se están convirtiendo en habituales. «Incluso hay casos particulares, como los de suecos que pasan por la calle, ven lo que aquí vendemos, y cogen un 'cargamento'», ironiza este hombre de 40 años, que dejó la soldadura para regentar esta tienda, tras ser operado de una hernia discal como consecuencia de un accidente. «Podía haberme ido a trabajar fuera, pero tengo aquí a la familia y me quedo con ella», relata convencido.

Su objetivo, una vez pasó a engrosar las listas del paro: encontrar algo que le gustase «a todo el mundo». Y lo encontró. La diferenciación, detalla, partió también de algo que conocía: «tengo dos casos de celiacos en la familia, y por eso apostamos por este tipo de servicio, que es lo que es al final».

En cuanto a cómo puede afectar la situación económica a algo tan común como las «chuches», es rotundo: «nos toca lo mismo que a cualquier otro negocio, en lugar de gastar seis euros, la gente saca de la cartera tres, pero creo que, pese a que la cosa va lenta, el boca a boca está obrando, y soy optimista». Algo que fundamenta en que «quien viene aquí, acaba repitiendo, porque es un producto algo más caro, sí, pero la diferencia es abismal, porque al llevarlo a la boca, nada tiene que ver».

Amador García aclara que «éste no es un quiosco al uso, está más orientado quizás a los adultos, que vienen a comprar y se llevan golosinas para ellos y para sus hijos o familiares».

En cuanto a sus objetivos, no lo duda: «mantenernos, pero no dejar de movernos». Y se explica: «hacemos tartas de golosinas, que pueden ser normales, o para celiacos, quitando el glúten, o llevamos encargos a algún pub, por ejemplo, que nos solicita dulces». De igual manera, venden el producto a otras provincias, haciéndolo llegar por servicios de paquetería con los que ha establecido acuerdos o por sus propios medios.

En este contexto, apunta que «no somos muy de lacitos y adornos, no. Aquí nos centramos en la calidad del producto, y apostamos por tartas frescas, que no lleven muchos días hechas y al llevárselas al cliente parezcan otra cosa o estén de aquella manera».

Paquetes combinados

De igual manera, Amador ofrece en Caramel-OH! brochetas de gominolas, galletas decoradas y 'cupcakes' que, asegura, «están siendo un éxito», lo que se deriva, dice, de que «nos volcamos en lo que el cliente quiere y, a partir de lo que nos señala que puede gastar, hay productos para todos». Así, destaca que en su tienda uno puede encontrar todo tipo de gominolas, además de regalices de sabores raros, y siempre con un cuidado exquisito.

Amador García cree que en los últimos tiempos los políticos se fijan mucho en los autónomos. «No sé si vamos a ser la solución que pretenden. Si todos los que se quedan en paro abren una empresa, llegará un momento en que todo se colapse».

Igualmente, recuerda que «a la hora de abrir un negocio, hoy por hoy, debe existir mucha más flexibilidad, porque viven con la soga al cuello al principio, con alquileres, proveedores, cuotas de autónomos... y aquí la administración no mira si vendes o no, sólo ve que has de pagar». Asimismo, dice que «si por mí fuera, contrataría a vendedores, pero es mucho desembolso, y las subvenciones no llegan a nada». Si bien, asegura que las que pidió al abrir el negocio, las recibió en tiempo y forma.