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«Esa idea de que en la vida, cuanto más tengamos es mejor, nos destroza»

En «Transformarse», el psicólogo Amado Ramírez desgrana los beneficios de conocerse a uno mismo

El psicólogo Amado Ramírez posa con su último libro
El psicólogo Amado Ramírez posa con su último libro

En «Transformarse», el psicólogo Amado Ramírez desgrana los beneficios de conocerse a uno mismo

«¿Cuál es lo más importante en este viaje que es la vida?». Esta es una de las preguntas a las que el psicólogo clínico, Amado Ramírez, trata de dar respuesta en «Transfomarse. Tú eres el único mago que puede cambiar tu vida», el último libro -y ya van 26- que acaba de lanzar al mercado. ¿Su respuesta? «Encontrarse con uno mismo, pero compartiéndolo con los demás, y no como te digan que tienes que hacerlo sino como tú lo sientas para no perder tu libertad».

A lo largo de este pequeño, pero denso e intenso compendio de lo que ha detectado en su trato con las personas y pacientes a lo largo de fecunda trayectoria profesional, donde narra también algunas historias de crecimiento personal, Ramírez da algunas pautas encaminadas a lograr una vida en la que el sufrimiento, «cuando nos visite, que lo hará en algún momento -apunta- sea sólo un viejo conocido y sepamos utilizar nuestros recursos para eliminarlo». Para ello se apoya en lo que él denomina como crecimiento o transformación interior de cada uno a lo largo de su vida, pero a través del sosiego, la meditación y la apertura al mundo. «Hay que sentarse con los demonios que todos tenemos en la cabeza y no hacerles caso y preguntarse qué he hecho con mi vida», señala, mientras explica que para él, lo más importante es tener una vida útil, sentir que ésta tiene una cierta coherencia y no conseguir grandes cosas. «La felicidad es coherencia para uno mismo, y no siempre tiene por qué ser alegría, ya que se puede ser feliz desde la tristeza», destaca el psicólogo, quien advierte de la presión social en la que vivimos así como de la idea extendida de que cuanto más se tiene, es mucho mejor. «El concepto de que nuestra vida será más destacada si tenemos más dinero, más mujeres o más comida es una gran mentira, y nos destroza», apunta.

Falta de tiempo y estancamiento

A lo largo de las 126 páginas del libro, trata de dar un toque a la gente que piense que en la vida no se puede cambiar, y se rebela frente a la falta de tiempo, las prisas y el agobio así como ante la comodidad y el confort en el que estamos instalados en nuestro día a día. Y advierte, también, del estancamiento como paso previo al deterioro si no se le combate. Para hacer frente a esta parálisis, así como a los tres enemigos (orgullo encubierto, miedo al fracaso y culpa) que, en su opinión, tiene el ser humano, apela a la actitud como el único valor capaz de luchar frente a estos adversarios.

En esta publicación muestra hasta seis arquetipos que pone como ejemplo de expectativas de vida y que deben guiar hacia la evolución personal de cada uno. Desde el inocente, que son los niños, hasta el huérfano, que define como aquél que llega al estado de que todo lo que le digan sus padres ya no le sirve, pasando por el vagabundo, el guerrero, que es el que tiene un motivo para pelear, el héroe, cuando ya ha experimentado un cambio mental en su vida importante, hasta llegar al mago, «lo más de lo más» como culmen de la transformación interior de una persona.

La utilidad de lo que el denomina como sus tres «yoes»: el yo autoconcepto, el yo del fluir de la conciencia y el yo observador están muy presentes también en este libro de crecimiento interior, en el que anima a estar atento a las señales de nuestro interior. También aconseja escuchar al corazón, «porque la vida es más sentir que pensar», y llama a dejar el personaje y ser uno mismo, «para conectar con quién eres, encontrar la verdadera libertad y compartirla».

Una sociedad inculta y carente de ideas propias

Amado Ramírez no se muerde la lengua a la hora de calificar a esta sociedad de hoy: «Cada vez es más inculta. Se lee poco y se estudia sólo por algún fin. Vivimos en una Edad Media pero tecnológica y parecemos robots sin nada de conocimiento sobre la realidad existencial del hombre», lamenta. Igualmente, el psicólogo advierte de la «falta de ideas propias» y de que elijamos en la vida «en base a intereses particulares, en lugar de pensar más en lo que se necesita de verdad». Finalmente, llama la atención sobre lo tabú que siegue siendo hoy en día para las personas hablar de la muerte. «La gente no se para a pensar en que al final de nuestra vida, cuando muramos, lo perderemos todo. Pensar en la muerte ayuda a vivir y a priorizar. Te quita presión», sentencia.