García Burillo invita a la Diócesis de Ávila a abrir los ojos al mundo excluido de libertad

Jesús García Burillo, obispo de Ávila
Jesús García Burillo, obispo de Ávila

Tras visitar recientemente la prisión de mujeres abulense de Brieva, y con motivo de las celebraciones por la Fiesta de la Merced, patrona de los centros penitenciarios, el obispo de Ávila presentaba a su Diócesis la Carta Pastoral sobre la labor de la iglesia en las cárceles. Una misiva, contundente, en la que un preocupado Jesús García Burillo llama a los fieles a profundizar en la misión penitenciaria, pero también y sobre todo a que abran los ojos al mundo excluido de libertad.

El prelado hace suyas las palabras del Papa Francisco con motivo del Año de la Misericordia, animando a los presos a ganarse la indulgencia «atravesando la puerta de su celda, en lugar de la Santa, dirigiendo su pensamiento y la oración al Padre, «porque sólo él es capaz de convertir los corazones y las rejas en experiencia de libertad».

La Pastoral Penitenciaria del obispo alaba el trabajo que se está realizando en los últimos años en materia formativa y educativa en la reinserción de los reclusos, pero advierte de la necesidad de valorar en mayor medida los trabajos en beneficio de la Comunidad y los centros de reinserción social dependiendo de la leveda de las penas cometidas y del arrepentimiento de los delincuentes. «La privación de libertad y el aislamiento no están consiguiendo ni la disminución de la delincencia ni la reinserción social de la mayoría de los presos», advierte Monseñor García Burillo, quien insiste en que si no se logra una transformación de la mente y del corazón de cada interno durante el tiempo de estancia en la cárcel será complicado, por no decir imposible erradicar la delincuencia y dar pasos firmes hacia la plena reinserción social de los que han delinquido. «Y Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva», apunta.

Por todo ello, el obispo de Ávila convoca a los fieles a esforzarse por descubrir los valores positivos de cada ser humano, así como a perdonar sus comportamientos errados. Y pensando en el futuro, García Burillo anima a establecer contactos y encuentros en las parroquias y arciprestazgos con los que ya trabajan en la Pastoral Penitenciaria y conocen de cerca las cárceles, para profundizar en la sensibilización de la comunidad cristiana y promover el surgimiento de grupos de creyentes dispuestos a conocer, acompañar y escuchar a quienes están privados de libertad. «Una verdadera Pastoral Penitenciaria-finaliza García Burillo- no puede limitarse solo a la atención humana y a la ayuda espiritual, sino que también debe tener en cuenta el sufrimiento y el desamparo de quienes han sido víctimas de la actuación delicitiva de sus semejantes así como de la situación de pobreza y marginación de los familares de los reclusos».