«Tanto impuesto me parece un disparate»

Manuel Miano gestiona «El Sayagüés», un comercio de aperos de labranza y cuero, desde hace más de 15 años

Nos atiende mientras no deja de entrar gente en su negocio. Una idea que puede resultar chocante, porque más de uno puede pensar aquello de que las tiendas de artesanía están de capa caída. Puede ser. Pero el único establecimienato que sigue abierto, dedicado a la venta de aperos de labranza, utensilios tradicionales para la ganadería y cuero, en Zamora, es un ir y venir de clientes, aunque, como reconoce Manuel Miano, propietario de «El Sayagüés» -una tienda de 'toda la vida' de la calle Costanilla-, «la mayoría sólo entra para mirar».

«Esta zona era, en su momento, un trasiego de público, de gente que venía a comprar. Por ejemplo, en el día de San Pedro, se sacaba el género fuera», indica Miano, una de las caras más conocidas del comercio de Zamora, quien asegura que «los pueblos se movían mucho más antes, pero el campo se ha ido mecanizando y la cosa ha cambiado con respecto a nuestro producto».

En su negocio hay de todo: cuero, remaches, monturas para caballo, aperos y lo que más se vende: botas de vino y collares y cencerros para perros, vacas u ovejas. Sin embargo, explica, «lo que más tirón tiene son las tornaderas o los rastros, para poner en bodegas». De hecho, señala, el público que más compra en la actualidad son turistas jóvenes, que en periodos vacacionales, compran para adornar chalés, restaurantes, bares...

«A gente de Zamora y de pueblos de la zona vendemos ya poco», lamenta, aunque un alto porcentaje de clientes procede del medio rural zamorano, del que dice que «tiene miedo de gastar, pese a que sí hay dinero». Si bien, no tiene duda alguna al afirmar que «una cosa debe estar clara: si no es con el campo, Zamora y su provincia no comen», dado que, añade, carece de industria, por lo que, allí, «la solución se encuentra en la gente del campo»

En la ciudad se gasta cada vez menos y el negocio, como los de los demás, está más que frío, argumenta. «O la cosa cambia, o en cuestión de años nos vamos todos al garete». Una idea que expone apuntando que su tío, que fue el anterior propietario del establecimiento durante 50 años, presentaba unas cuentas mucho más lustrosas. En particular, explica, porque «las ventas eran grandes, sí, pero los impuestos, muchos menos. El IVA, la Seguridad Social, la luz, todas las tasas que nos han colocado... Tanto impuesto me parece un disparate y cada vez queda menos margen para ventas y no se pueden subir precios porque dejan de comprarte», añade.

Algún problema más

Pero, el mayor problema que está encontrando en estos momentos Manuel es que los representantes comerciales van desapareciendo en el sector, al igual que las fábricas: «el que vende no compra porque no vende y al que yo vendo no compra porque no vende», cita, en alusión al producto concreto del cuero. «Apenas vienen cuatro viajantes, porque los han ido quitando, de manera que ahora debemos pedir por catálogo y a través de internet», matiza. De igual manera sentencia que, las fábricas de cuero cada vez disponen de menos género, por lo que el producto se está encareciendo en los últimos tiempos.

Manuel Miano explica que no ha optado por vender a través de internet, pese a que ha tenido ofertas en este sentido. Espera que sus hijos puedan trabajar en aquello para lo que han estudiado, pero señala que las puertas del negocio siempre están abiertas para ellos, aunque, señala, «si esto deja de funcionar, no podrán seguir con él». De manera que pide, de una forma genérica, «que salgamos todos de la crisis y podamos subsistir». Que así sea.