Conducir con responsabilidad, por Lluis Martínez Sistach

La Razón
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Las carreteras son casi para todos algo muy familiar. Cada día se viaja más, especialmente en los meses de verano, en que también aumentan los desplazamientos a causa de les vacaciones. Las cifras de los accidentes de circulación no son un mal inevitable, sino que tendrían que hacernos tomar conciencia de nuestra responsabilidad cuando conducimos y hacerlo con un sentido muy afinado de la justicia y de la caridad.

Cada año, a comienzos del mes de julio y en torno a la fiesta de San Cristóbal, patrono de los automovilistas, la Iglesia católica promueve la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico, que este año tiene el lema: «¿Qué luz te conduce? La fe te responsabiliza al volante».

Dicen los expertos en el tráfico que la causa de la mayoría de los accidentes son los fallos humanos: velocidad excesiva, adelantos indebidos, incumplimiento de las señales de tráfico, exceso de alcohol, ingestión de drogas, etc. No hay duda de que conducir mal, de forma imprudente, en malas condiciones físicas o psíquicas, es una patente de homicida o de suicida.

Toda vida humana es valiosa, es importante. Pero lo más triste es que un gran número de víctimas de los accidentes de circulación son personas jóvenes, que a veces ven limitadas sus capacidades para toda la vida.

Hay que tener muy presente, cuando conducimos un vehículo por las calles, las carreteras o las autopistas, que lo hacemos junto y en medio de otras muchas personas y familias que también circulan o viajan, tanto si son peatones como si son conductores. Así pues, no somos responsables sólo de nuestra propia vida, sino también de la vida de los demás. Y tanto nuestra vida como la de los demás es el primer bien de las personas; para los creyentes, la vida es un don de Dios, un don que hay que respetar y proteger.

Conducir bien es una forma de vivir la solidaridad humana. Benedicto XVI, antes de su renuncia, se dirigió a los jóvenes cristianos invitándolos a participar en la Jornada Mundial de la Juventud que tiene previsto presidir el papa Francisco en Río de Janeiro la última semana de este mes de julio. En este mensaje, Benedicto XVI comenta el lema de la Jornada, que son las palabras finales de Jesús en el Evangelio de San Mateo: «Id a todos los pueblos y hacedlos discípulos míos». Benedicto XVI invitaba a todos los jóvenes a hacerse testigos de las enseñanzas de Jesús, y a hacerlo en todos los canales de las comunicaciones humanas, desde las nuevas tecnologías hasta la circulación viaria.

Refiriéndose a la circulación viaria, el Papa emérito habla de «evangelizar el ámbito de la movilidad». Es una bella expresión que constituye una invitación a autoeducarnos en la manera de conducir para respetar nuestra vida y la de los demás. Este es el camino para reducir los accidentes y contribuir a una movilidad más humana.