Crecen las voces críticas en ERC y CiU contra el rol de Homs

Junqueras no se fía del conseller. «Su único apoyo es Mas y eso quiere decir que Mas está solo», dicen

Un conseller admite que Mas cometió tres errores, «hacer caso a Homs y convocar elecciones, nombrarlo conseller y portavoz del Govern»
Un conseller admite que Mas cometió tres errores, «hacer caso a Homs y convocar elecciones, nombrarlo conseller y portavoz del Govern»

Francesc Homs, el conseller de Presidència, es el hombre fuerte del ejecutivo de Artur Mas. Es portavoz del gobierno catalán y el responsable del proceso de transición nacional. Es el grumete de Mas. Pero también su hombre más cuestionado. Los últimos en subirse al tren de las críticas han sido los republicanos de Oriol Junqueras. El entorno del presidente de ERC comenta que Junqueras no se fía de Homs y que critica sin tapujos «su chulería y su forma de actuar». Un «savoir faire» que ha dado más de un susto al proceso soberanista.

Quienes lo conocen, dicen que Junqueras se irrita sobremanera cuando Homs se dirige a él mismo con un aire de superioridad que considera inadmisible. Pero, sobre todo, lo que no gustó a los republicanos fue que el portavoz del gobierno catalán visitara a escondidas la Casa Real. Sus explicaciones, afirmando que era un encuentro institucional, no convencieron a nadie. Ni en el Palau, ni fuera de él.

Mas obvia las quejas

ERC se suma así a las críticas discretas y no tan discretas al supuesto «todopoderoso» conseller. Un miembro del ejecutivo de Artur Mas es explícito: «Los más duros en sus críticas son los de ERC. Luego vienen los empresarios. Y por último, el propio Govern. Secretarios generales y directores generales se quejan de la falta de coordinación».

Al presidente Mas le han llegado también quejas de los alcaldes de CDC, que le piden que «ponga orden, que alguien coordine y solucione los conflictos porque desde que no está Germà Gordó en el Palau de la Generalitat –ahora, conseller de Justicia– esto es un guirigay». Todo un regalo para Homs, si se tiene en cuenta su –mala– relación con Gordó.

En la calle Córcega, la sede de CDC, contemplan este conflicto desde la distancia. Homs y los suyos –calificados por otro conseller de Mas como «los bufones de la corte»–, no tienen ni presencia ni incidencia en el partido. Los hombres del portavoz –Jordi Moreso, Jordi Baiget, Jordi Cuminal y Víctor Cullell–, son vistos por el poderoso aparato de CDC como «unos principiantes sin experiencia». De hecho, Josep Rull, que va haciendo poco a poco con las riendas del partido en sustitución del noqueado Oriol Pujol como secretario de organización, ha marcado una línea roja a Homs. Rull, un hombre prudente, minimiza las críticas en público pero actúa de puertas adentro trabajándose el partido, que conoce perfectamente desde su etapa en las juventudes nacionalistas.

Fuentes conocedoras de la cocina convergente afirman que «a Homs no le gusta su forma de hacer porque lo considera una amenaza de futuro». No en vano, voces dentro del partido aseguran que «Rull puede ser un valor en alza, en caso de que el proceso soberanista acabe como el rosario de la aurora».

Las críticas son transversales y multidisciplinares. Homs «siempre va haciendo amigos», comenta en privado el que fuera la mente en la sombra de CDC durante años, David Madí. No es baladí esta afirmación. Otros dirigentes nacionalistas, incluido un conseller poco sospechoso de no ser independentista, se suman a los reproches recordando «que está muy sólo. Su único apoyo es Mas. Y eso, quiere decir que Mas está muy sólo». Otros van más allá.

Un conseller afirma que no se puede hacer política «con los burócratas del aparato de Palau», para rematar con una reflexión lapidaria: «Mas ha cometido tres errores. Primero, hacer caso a Homs y convocar elecciones. Segundo, nombrar conseller de Presidència al culpable de la derrota electoral. Y tercero, nombrar portavoz del Govern al responsable de la transición nacional». Esta demoledora afirmación es constatada por un experto en comunicación política. «Homs es el portavoz más cabreado de la política nacional. Siempre está riñendo, no tiene mano izquierda y no genera equipos», analiza.

Esta falta de habilidad para tejer complicidades es lo que ha hecho saltar las chispas en ERC. Los republicanos se sienten menospreciados «cuando nosotros somos los que damos estabilidad al Govern», protestan. Chispas que llevan tiempo saltando con Unió.

Las primeras saltaron con la vicepresidenta, Joana Ortega, que cada vez que puede le deja claro a Homs que es la número dos del Govern. Otros dirigentes de Unió son más duros. Frases como esta no admiten equívocos: «Es un salvaje haciendo política».

El presidente Mas, hasta hoy, ha escuchado los reproches manteniendo su confianza en Homs. Ha soportado con estoicismo las críticas de alcaldes, empresarios, entidades de la sociedad civil, consellers, miembros del aparato del Govern y Esquerra. «Homs no está sólo ante el peligro por los ataques que vienen de otros partidos o del Gobierno de Mariano Rajoy, sino que Homs está en peligro porque está bajo un intenso fuego amigo», comenta un dirigente territorial de Convergència, antes de añadir que « a pesar de que el president no es partidario de hacer cambios, la presión aumenta por momentos».