El arte dialoga

Baudelaire decía que no eran las perlas las que hacían el collar sino el hilo. La galería Artur Ramon nos ofrece una exposición con numerosas perlas, pero con un hilo común como es el resultante del diálogo entre las distintas obras que ha logrado reunir. Son piezas de distintas épocas y estilos, pero que comprenden la misma manera de entender la creación artística.

«Analogías» propone al visitante de la muestra que pueda acceder a obras de autores como Marià Fortuny, Isidre Nonell, los hermanos Pere y Josep Santilari, Edgar Chahine, Antoni Tàpies o Miquel Barceló, en un diálogo inédito e insólito, donde no prima la temporalidad sino el esfuerzo de cada uno de los autores presentes en la muestra.

Como afirma Artur Ramon, se trata de visualizar que «el arte es arte, más allá del espacio y del tiempo, y es cierto que hay una línea sutil que, como la tela de araña, asocia unas obras con otras».

La relación entre cuadros y objetos que se establece en esta galería de la barcelonesa calle de la Palla es curiosa y en ocasiones sorprendente, fruto de indagar en las intenciones de los artistas cuando se enfrentan hacia la tela en blanco. A este respecto, Artur Ramon ha escogido la palabra «analogía» por su origen griego, como proporción, semejanza. Es, por lo tanto, una comparación o una relación entre varias razones o conceptos.

Uno de los pintores esenciales del barroco español, Luis de Morales, nos sorprende en la exposición, con una plasmación del dramático misticismo de San Jerónimo. La pieza, un óleo sobre madera, nos muestra al santo en una actitud en la que parece sobrevolar el fantasma de la muerte. En el decrépito rostro de San Jerónimo ya se dibuja el cráneo de quien tiene su final cercano. Este hecho contrasta con dos piezas de los hermanos Santilari. Son dos reinterpretaciones del género de las vanitas –naturalezas muertas, valga la redundancia, de la muerte– en óleo (Josep Santilari) y en dibujo (Pere Santilari), actualizando la mirada hacia una temática tan antigua en el tiempo.

Otra analogía es la del coleccionista, vista desde el puntor de vista de un pintor. Así se puede descubrir a partir de dos pinturas, con un siglo de diferencia entre ellas. En una, firmada por el napolitano Giuseppe Bonito podemos ver el retrato de un coleccionista, acompañado de una de las joyas que ha podido atesorar. Es un valioso reloj que es señalado por su propietario para que nos fijemos en él. Es muy parecido al que luego pintaría Marià Fortuny, un estudio preparatorio de uno de los objetos que aparecen en «El coleccionista de estampas», una de las más celebradas composiciones del artista catalán. Parece que Fortuny dudaba si incluir o no el reloj en la pintura inicial, pensando que tal vez podría distraer al espectador en un trabajo en el que el protagonista debía ser el coleccionista y no lo que había logrado reunir.

Interesante es también el diálogo que se crea entre dos mujeres, pintadas con dos siglos de distancia por el veneciano Giuseppe Nogari y el catalán Isidre Nonell. En ambas se repite el gesto, aunque las intenciones de los artistasson muy diferentes. A Nogari le atraía la idea de plasmar a una dama ante el sopor de una tarde veneciana en la que parece que no pasa nada, salvo que el tiempo pasa. Nonell, por su parte, nos presenta a una de sus celebradas gitanas, en un momento de descanso en su estudio, un retrato sencillo de trazo rápido y combativo.

Son solamente tres ejemplos de lo que puede encontrarse quien acuda a ver esta interesante exposición en la que el espectador recrea el diálogo.