Goya, oculto en un almacén

Aparecen en Vilanova i la Geltrú doce estudios para los «Disparates»

Una de las estampas de Francisco de Goya que han podido ser estudiadas
Una de las estampas de Francisco de Goya que han podido ser estudiadas

Durante décadas, la familia Cabanyes guardó en Vilanova i la Geltrú una serie de doce grabados de Francisco de Goya, cuatro de ellos en un almacén, pero sin saber si realmente se trataba de piezas auténticas o de copias de época. Un estudio realizado por la catedrática de pintura y grabado de la Universidad de Barcelona, Rosa Vives, ha demostrado que se trata de pruebas de ensayo previas a la primera edición de la serie goyesca «Disparates», realizada entre los años 1848 y 1963.

Las obras se han conseguido conservar en un perfecto estado y, según explica Vives a LA RAZÓN, tienen «un alto valor documental». La especialista considera que ahora podemos entender algo mejor «los pasos previos a la primera edición. Son unos grabados muy útiles porque se trata de un periodo en el que la información que se conserva es escasísima».

Rico imaginario

Los denominados «Disparates» son una de las series más célebres de estampas de cuantas realizó Goya, junto con sus «Caprichos» o «Los desastres de la guerra». En ellas, el pintor de Fuendetodos plasmó todo un rico imaginario formado por imágenes oníricas –André Breton las consideraba precedentes del surrealismo– en las que había espacio para todas sus obsesiones. Lo grotesco, la crítica al Antiguo Régimen y la mirada a varios componentes de la sociedad de su tiempo, afloran en un conjunto que fue editado tras la muerte del maestro. La colección completa estaba formada por 18 estampas, de las que en Vilanova se tienen 12.

La responsable del estudio apunta a que el conjunto presenta «matices que los hace diferentes de los grabados que conocíamos hasta ahora. No hay un cambio en las composiciones, pero sí, por ejemplo, en algunos aspectos como el de los claroscuros». Lo que ya resulta más complicado es fechar estas pruebas, aunque se sabe que la primera edición de «Disparates» vio la luz en 1864 de la mano de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Por tanto, el conjunto ha de ser obligatoriamente anterior a este año.

Las estampas miden 22 por 32 centímetros y los márgenes fueron desgracidamente cortados. Cuando pudieron ser desmarcadas se vio que estaban envueltas en un ejemplar de «La Vanguardia» del 5 de septiembre de 1895, lo que hace suponer que esa fue la fecha en la que pudieron llegar a la masía de la familia catalana, situada en Vilanova i la Geltrú.

Vives sospecha que estos «Disparates» fueron regalados a Joaquim Cabanyes, pintor y militar, tras un viaje a Madrid en 1895. «Era habitual que en ese tiempo se pudieran comprar tanto estampas como las pruebas en la Calcografía Nacional de Madrid. No es extraño que Cabanyes las pudiera lograr, aunque no sabemos cómo llegaron a sus manos», asegura la estudiosa.

De dos en dos

Enmarcadas de dos en dos, una parte acabó en el salón de la casa familiar, mientras que el resto permaneció en un almacén, desconociendo sus propietarios el verdadero valor de estos tesoros goyescos. Con el paso del tiempo, algunos críticos de arte pudieron contemplar las obras, pero no ha sido hasta ahora que se han podido estudiar con detenimiento y se ha podido constatar, por ejemplo, la calidad del papel de la imprenta de Madrid, hecho que ha ayudado notablemente a la conservación.

Las obras serán restauradas para poder exponerlas en el Centro de Interpretación del Romanticismo Manuel de Cabanyes, en Vilanova i la Geltrú, situado en la masía en la que han estado todo este tiempo.