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Greta Thunberg amonesta también a Colau

Más de 280 ciudades europeas cuentan con áreas restringidas a los vehículos más contaminantes, la capital catalana estrena medida diez años después que los pioneros

Los castellers de Barcelona sonríen. Y los gigantes, los cabezudos, los demonios y otra fauna fantástica que sale se su escondrijo cada 24 de Septiembre para celebrar la fiesta de la Mercè, la copatrona de la ciudad. Luce el sol, a mediodía se llegará a los 27 grados, una temperatura veraniega, aunque desde hace veinticuatro horas, oficialmente, ya es otoño. La leyenda contará que desde que Santa Eulàlia, la otra copatrona de Barcelona, tiene su fiesta de invierno con los niños de la ciudad, ya no llueve el 24 se Septiembre. Porque Santa Eulàlia ya no llora, ya no está triste ni enrabiada con la Virgen de la Mercè por haberle robado la fiesta. Ahora, la comparten. Pero la ciencia dirá que eso son pamplinas, que ya hay evidencias de los efectos que el cambio climático está provocando en nuestro país y una es que en España, los veranos son casi cinco semanas más largos que en los años ochenta. Que cada vez hace más calor, no es sólo una queja de los más ancianos. El informe «Efectos del Cambio Climático», de la Agencia Estatal de Metereología, confirma que hay una tendencia al alza de las temperaturas y que este aumento se ha intensificado en la última década. Tras estudiar el periodo que va de 1971 al año 2000, constata que el verano crece unos nueve días por década.

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Antes de que la joven Greta Thunberg amonestara a los políticos en la Cumbre de Acción Climática de la ONU por no actuar para proteger el medio ambiente, muchas ciudades habían tomado medidas, pero está claro que son insuficientes. «La gente se está muriendo y ecosistemas enteros han entrado en colapso. Estamos en el inicio de una extinción en masa y lo único que hacen es hablar de dinero y de cuentos sobre un crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?», fueron las palabras de la joven.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que se ha saltado el día grande de la Mercè, para estar en Nueva York, fue una de las amonestadas. Escuchó en directo a Thunberg, consciente de que Barcelona va diez pasos por detrás en esta lucha.

En enero, pondrá en marcha la Zona de Bajas Emisiones (ZBE), que prohibirá la circulación de los vehículos más contaminantes dentro del perímetro de las rondas.

Afectará a 50.000 coches. Los vehículos generan el contaminante principal de la ciudad, el dióxido de nitrógeno (NO2), al cual está expuesto habitualmente el 48 % de los barceloneses en unos valores superiores a los recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). También emiten CO2, primera causa del cambio climático.

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Barcelona será la segunda ciudad española en poner en marcha una zona de restriccción al tráfico, después de Madrid Central. «Sólo en Alemania, hay 50 ciudades que limitan la circulación a los vehículos más contaminantes y en Europa funcionan ya un total de 280, algunas hace 10 años», dice el investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC, Xavier Querol.

«No sólo vamos tarde, sino que se van a necesitar más medidas para reducir drásticamente el número de vehículos de combustión», añade Xavier Basagaña, investigador del Institut de Salut Global de Barcelona (ISGlobal), impulsado por La Caixa, que lidera un proyecto que estudia si la contaminación del aire puede afectar al rendimiento de los alumnos de secundaria.

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Los estudios avalan las ZBE

Barcelona va tarde y España va tardisimo para cumplir con el Acuerdo de París contra el cambio climático, que insta a recortar las emisiones de efecto invernadero para frenar el aumento de la temperatura. El objetivo es lograr que este siglo la temperatura del planeta no supere los dos grados centígrados respecto a los niveles preindustriales.

Basagaña explica que hay diferentes estudios que han evaluado los cambios en la calidad del aire después de la implementación de zonas de bajas emisiones. Y pese a que estas evaluaciones son «complicadas», porque es difícil separar su efecto de otras medidas como renovar una flota de autobuses, las auditorias constatan que esta medida ayuda a reducir la contaminación.

Por ejemplo, «la entrada en vigor de las zonas de bajas emisiones en 17 ciudades alemanas redujo un 4% la emisión de NO2», explica. «En Lisboa, se constató una reducción del 23% de PM10 y del 12% de NO2», aunque matiza que «sólo una parte de esta disminución se puede atribuir a las zonas de bajas emisiones, porque en paralelo, la ciudad estrenó otras medidas». «En Londres, la reducción de PM10 dentro del perímetro de ZBE fue del 3% y fuera, del 1%». Y «en Madrid, aunque hace poco que se restringió el tráfico, ya se ha detectado importantes reducciones de NO2», subraya.

En general, “la efectividad dependerá de cómo se aplique y de las medidas complementarias”, matiza. Pero lo que está claro es que, aquí y ahora, Barcelona tiene altos niveles de contaminación en comparación con otras ciudades de Europa, sobre todo de NO2. Y es obligación de todos actuar.

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Los últimos de la clase

De lo poco que puede presumir Barcelona en la lucha contra el cambio climático es de ser la primera ciudad de España en poner en marcha una Zona de Bajas Emisiones como Dios manda. La primera fue Madrid Central, pero la de Barcelona será veinte veces superior y todas las administraciones van de la mano. Para cumplir con el Acuerdo de París, que España firmó en 2015, el Gobierno tiene un plan para limitar el acceso de vehículos en todas las ciudades de más de 50.000 habitantes en 2023, más de un centenar, pero a día de hoy sólo funciona Madrid Central. Mientras, la contaminación mata a 424 personas al año sólo en Barcelona.