La fragmentación del voto deja a PP y Vox fuera de 17 municipios catalanes

Sin división de sufragio ambos partidos habrían conseguido 21 concejales más

Imagen de un acto electoral de Vox en Barcelona
Imagen de un acto electoral de Vox en Barcelona

Sin división de sufragio ambos partidos habrían conseguido 21 concejales más

La fragmentación del voto pasó factura a la derecha en las elecciones generales del 28 de abril y, aunque en menor medida por las características de la cita electoral, también ha causado estragos en las municipales. En este sentido, de los 947 municipios que hay en toda Cataluña, PP y Vox solo han competido en 33 plazas, lo que ha minimizado los perjuicios con respecto al 28-A, aunque no ha evitado que la división del sufragio contribuyera a que ambas formaciones se quedaran sin representación en 17 municipios: es decir, sumando los votos de ambas formaciones lograban rebasar el 5 por ciento necesario para entrar en los ayuntamientos, pero por separado se han quedado por debajo de ese umbral y sin concejales.

En el cómputo global, de no haber habido fragmentación de voto, el PP y Vox podrían haber sumado 21 concejales más: 15 de ellos en la provincia de Barcelona; dos en Girona; dos en Tarragona; y, dos en Lleida. Entre los municipios de mayor envergadura en Barcelona donde los populares han acusado la irrupción de Vox se encuentran Sant Cugat del Vallès, Santa Coloma de Gramenet, Mataró, Viladecans, Terrassa o L’hospitalet de Llobregat -todos ellos municipios del área metropolitana de Barcelona-.

Si bien, los ejemplos más destacables de los efectos de la división de voto se encuentran en tres lugares de Girona y Tarragona. En la provincia de Girona, la fragmentación ha impedido al PP tener representación en dos importantes municipios: Figueres (46.000 habitantes), donde el PP cosechó un 4,27 por ciento de los votos y Vox el 2,08 por ciento, y Blanes (38.000), donde el PP obtuvo un 3,48 por ciento de los votos y Vox alcanzó el 1,97 por ciento. En la provincia de Tarragona ha ocurrido algo similar en Reus (103.000), donde el PP se quedó a las puertas (4,72 por ciento) -Vox obtuvo el 2,72 por ciento-.

Bien es cierto que no todo el votante de Vox hubiera optado automáticamente por el PP si se hubiera quedado sin alternativa, ya que el partido de Santiago Abascal también ha cosechado voto procedente del abstencionismo originado en la desafección a los populares, pero son datos que en el seno del PP tienen en cuenta y valoran. Pese a ello, desde el PP se descarta cualquier futura alianza. De hecho, como ya ocurrió tras las elecciones generales, se aspira a que el electorado se acabe percatando de la «inutilidad» de votar a Vox y regrese.

Más allá de las circunstancias políticas, el PP logró salvar los muebles en Cataluña en las elecciones municipales, aunque en el propio partido no esconden que el balance no ha sido positivo. Los populares han vencido a las peores perspectivas electorales en Barcelona, donde han conseguido mantener la representación tras meses amenazados por las encuestas, y han ganado en cuatro municipios, dos de ellos de gran entidad, como Badalona y Castelldefels, pero los números reflejan un importante retroceso con respecto al 2015: el PP se ha dejado por el camino 149 concejales -logró 216 ediles en 2015 y ahora se ha quedado en 67- y la mitad de los votos.

El desgaste que ha sufrido la marca durante los últimos años es uno de los evidentes motivos de la pérdida de votos durante el reciente ciclo electoral en Cataluña, aunque, desde el partido también subrayan que el contexto tampoco ha sido propicio. El clima político, junto a la tardía activación de la maquinaria para formar las candidaturas, ha impedido que el PP pudiera presentar tantas listas electorales como en 2015 -ha pasado de más de 500 a 233, aún así más que C’s, según reivindican desde la dirección-. Los populares argumentan que en muchos municipios donde el independentismo es arrollador era muy complicado aspirar a disponer de candidatos por los riesgos que acarrea la exposición pública.