Memorias de una casa deshabitada

El artista Miguel Soler-Roig recoge en 14 fotografías el hogar de su infancia. La serie fotográfica «La ruina del recuerdo» se puede ver estos días en la Galería Blanca Berlín en Madrid

«Dualidad en el espacio»
«Dualidad en el espacio»

Puede escuchar todavía los pasos de su madre caminar por el pasillo. La voz de sus hermanos. El sonido de una puerta que se cierra de manera brusca por la corriente. Un coche que pasa por la calle. En cambio, no ocurre nada de eso. La casa está deshabitada. Lleva 35 años sin ser ocupada. Todo está en los recuerdos del artista Miguel Soler-Roig (Barcelona, 1961). Por un momento, parecen saltar de su mente para colocarse en los espacios al que pertenecen cuando entra en la casa de su infancia, ubicada en la avenida de la Diagonal de Barcelona.

De esta forma, empieza la serie fotográfica de «La Ruina del Recuerdo», que estos días se expone en la Galería Blanca Berlín de Madrid hasta el 21 de mayo después de haberse visto durante el mes de abril en Barbara Davis Gallery (Houston, Texas). Son 14 imágenes de tintas pigmentadas sobre papel Hahnemühle, que retratan diferentes estancias de la casa de la familia de este artista. Entre las mismas, destacan «Lecturas del pasado», donde se ven los libros de la familia, «Los pliegues en el tiempo», en la que se aprecian dos faldas y un vestido colgados o «La dualidad del espacio», con unos lienzos apilados sobre la pared, realizados por diversos artistas sudamericanos, junto a algunos dibujos de su tío Miguel Juncadella, que falleció en un accidente de tráfico cuando iba a ver a Pablo Picasso.

Concebida la serie de fotografías en 2014, ha viajado desde Photo Fever (París, 2014), Photo London (2015), Society for Photography Education en Cleveland (Ohio, 2015) hasta PhotoFest (Houston, 2016). El artista destaca a LA RAZÓN sus sensaciones cuando volvió a entrar en esa casa. «Es volver a la raíz de donde he nacido y vivido hasta los 20 años. Encuentras una nostalgia, y una añoranza de la juventud que se ha estancado en el tiempo porque la casa sigue siendo igual. Al estar ahí, es como si se hubiese parado el tiempo», indica Soler-Roig de sus impresiones de su vivienda, que repartió su infancia y adolescencia entre este lugar y la de su abuela Mercedes Salisachs, la escritora que ganó el Premio Planeta en 1975.

Todo pareció pararse cuando el artista se fue de España para estudiar Bellas Artes en la Escuela de Arte Basilea, donde algunos de sus profesores fueron antiguos alumnos de la Bauhaus. Posteriormente se trasladó a Estados Unidos para continuar con su formación en la Rhode Island School of Design y más tarde vivió en Nueva York. Sus hermanos y sus padres también abandonaron la vivienda, de la que hablan con frecuencia cuando se encuentran. Es su nexo de unión. Quizá por eso, nadie plantea deshacerse de ella a través de una venta o tan siquiera alquilarla. Pero, tampoco nadie ha vuelto a ocuparla.

De la misma, destaca la luz, mientras el tamaño de las habitaciones se ha hecho más pequeño, asegura el artista desde que las contempla con los ojos de un adulto. Sobre todo destaca «la luz del mediodía. Siempre llegaba por el lado derecho del salón. Las tardes tenían un tono cálido y eran largas, debido a que la estancia estaba orientada hacia poniente. Las memorias de mi infancia se proyectan en un espacio deshabitado con polvo acumulado durante años», confiesa el artista del lugar, al que le parecía que cada domingo era siempre verano. Incluso, en el invierno más frío, debido a que el sol siempre calentaba el gran salón como si se tratase de un invernadero. Ahora todo le parece más frío, iluminado de manera tenue por los rayos de luz que se cuelan por las persianas, bajadas pero a la vez dilatadas por el paso del tiempo.