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Mia Couto: «Que Sant Jordi sobreviva es motivo de esperanza»

El autor de Mozambique es el pregonero de la fiesta del día del Libro

  • Mia Couto: «Que Sant Jordi sobreviva es motivo de esperanza»
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    Miquel González/Shooting

Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

22 de abril de 2019. 20:23h

Comentada
Víctor Fernández.  Barcelona. 22/4/2019

Es una de las indiscutibles más importantes voces del continente africano. Mia Couto fue el encargado de abrir el inicio de la fiesta de Sant Jordi con un diálogo celebrado ayer en el Saló de Cent de Barcelona. El autor de «Trilogía de Mozambique» (Alfaguara) o «La confessió de la lleona» (Periscopi), habló con este diario.

–Es la primera vez que acude a la celebración de Sant Jordi. ¿Conocía la fiesta?

–No, pero me han hablado tanto que es casi como si la conociera. Sé que es una cosa muy extraña en el mundo. Que una fiesta como esta sobreviva en el tiempo es motivo de esperanza. Ustedes regalan rosas. Lo curioso es que en mi país, en Mozambique, no hay tanta flor, pero sí árboles que son sagrados. Aquí sería difícil regalar un árbol. En todo caso, una semilla.

–Usted empezó publicando poesía a los catorce años.

–Sí, unos poemas muy edulcorados.

–Hay mucha gente que a esa edad no piensa en la literatura. ¿Qué le hizo tomar ese camino?

–Es que no veía otro camino. Fue más por incompetencia que por competencia. Soy hijo de un poeta y creo que crecí con la poesía en casa. Mi padre no era solamente alguien que escribía poesía sino que también vivía poéticamente. Eso quiere decir que le daba importancia a cosas que no eran visibles, que eran inútiles, por decirlo así. Eso nos dio una visión del mundo. Fue quien me robó esos versos que aparecieron en periódicos cuando tenía catorce años. Los publicó sin mi autorización. En aquel momento me enfadé mucho, pero ahora estoy en deuda con él.

–Empezó como poeta, pero ha seguido como prosista.

–Sí, pero sigo siendo poeta. Soy un poeta que cuenta historias. Me resulta muy difícil no ser poeta porque hay respuestas a diferentes visiones del mundo que solamente podemos encontrar a través de la poesía. En Mozambique una cosa no es una cosa. Las cosas tienen alma. Como las cosas no están tan determinadas, si a un colega biólogo le digo que esta noche fui un leopardo o un árbol les parecerá fantástico. Aceptan que pueda pasar. La frontera entre la realidad y la ficción es diferente.

–¿Podemos hablar de África como un continente poético?

–Es difícil hablar en conjunto, pero esa África que conozco sí lo es. Existe otra actitud filosófica que ofrece al mundo, al tiempo, al cuerpo o al límite entre espacio privado y público. La oralidad en África sigue siendo dominante frente a la escritura.

–Parece que la palabra dicha tiene más peso que la escrita en África.

–Sí, así es y tal vez no sea tan extraño aquí en Europa. No creo que esto sean diferencias esenciales entre Europa y África. La tentación de crear estas categorías y hablar de Europa como si fuera una es como crear diferencias entre españoles y suecos y verlas como mayores que las que hay entre españoles y marroquíes.

–La tradición oral sigue manteniéndose en África para contar historias. ¿Hasta qué punto le han influido para su obra literaria?

–Están absolutamente vivas. No son leyendas que se queden paradas o rígidas sino que se recrean continuamente. Le pondré un ejemplo. La primera vez que hubo elecciones en Mozambique, la gente ni sabía qué era eso. Era la primera vez que podían escoger a sus jefes y se preguntaban si se podían escoger a los dioses. Hubo un inmenso trabajo de educación, de enseñar qué es esto de votar y la democracia. Un candidato hizo un mitin y dijo que venía para salvarlos, para traer escuelas, carreteras y progreso; y en seguida se levantó un anciano y se mostró conmovido porque había venido de tan lejos para salvarlos, pero a continuación dijo que le recordaba la historia del mono y el pez.

–¿Cuál es la historia del mono y el pez?

–Yo tampoco la conocía, igual que el candidato. Una vez un mono vio a un pez en un río y pensó pobre animal, se está ahogando. Lo sacó y al ver que se movía, creyó que era de felicidad, pero finalmente murió. Pensó que si hubiera venido antes, lo habría salvado. El mundo está lleno de salvadores, y esta historia fue el mejor combate a la demagogia del político.

–Usted es un gran lector de poesía y creo que entre sus principales lecturas están Federico García Lorca y Miguel Hernández.

–Mi padre era un poeta muy ligado con la poesía francesa en primer lugar y después con la española. A consecuencia de su actitud política se tuvo que exiliar a Mozambique por culpa de la dictadura de Salazar. Así que en las figuras de Lorca y Hernández, no solo como grandes poetas, estaba la historia que ellos representaban. Eso me lo transmitió: lo que había detrás de los poemas de estos autores.

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