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Un “Selfie” con Van Gogh

El Port Vell acoge una exposición donde el visitante puede meterse literalmente en la obra del artista

  • Una visitante en una de las salas de la exposición interactiva diseñada por el Museo Van Gogh de Amsterdam
    Una visitante en una de las salas de la exposición interactiva diseñada por el Museo Van Gogh de Amsterdam /

    EFE

Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de marzo de 2019. 20:53h

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Carlos Sala.  Barcelona. 14/3/2019

«¡Van Gogh!». El grito de Adriana DeMarco resonó como ese viento reproductor de todas las guerras arcanas. «¡Van Gooogh!», continuó, estirada en su cama, con la respiración acelerada, el sudor entrando en sus ojos y su cuerpo en convulsiones. «¡Vaaan Gogh!», gritó una última vez y esta vez se incorporó, lívida, despertándose de la más extraña y acuciante pesadilla. En el sueño, el célebre pintor la acorralaba tras unos fardos de paja, con el rostro cubierto de una gasa oscurecida y grasienta, con rastros de sangre en mejilla y cuello. «Me recordarás», decía con los ojos desubicados, entregándole en la mano una oreja que acababa de cercenarse. Ella cogía la oreja horrorizada y acercándosela a la boca gritaba, «¡Van Googh!»

Sin embargo, Adriana, todavía en shock, no se acordaba de quién era Van Gogh. Saltó de la cama y vio a su derecha, en una mesita de noche, un pedazo de tela manchada de ocres y granas que parecía envolver algo horrible. ¡No podía ser! Sin pensarlo, abrió el paquete y... allí... no había nada. «¡Mi cuerpo es mío y soy libre de hacer con él lo que quiera!», oyó entonces a su espalda y se giró dispuesta a ver un fantasma, al espectro de ese tal Van Gogh, pero no había nadie. «No vislumbro un futuro feliz. En cuanto a mí, siento que fracasaré», volvió a oír a sus espaldas, pero allí volvía a no haber nadie. «Van Gooogh», gritó ahora despierta, como invocando a su fantasma, pero nadie contestó.

La chica se fijó en su alrededor y se vio dentro del famoso cuadro «El dormitorio de Arlés». Empezó a recordar vagamente quién era Van Gogh. Vio los cuadros colgados en las paredes y los reconoció. También las sillas de madera con asientos verde y el enladrillado rojizo del suelo. «En resumen, la pintura debe dejar descansar a la mente o más bien la imaginación», oyó de nuevo a sus espaldas, pero esta vez no se giró para ver quién había sido. Sabía quién había sido. Prefirió escuchar y lo entendió. Su imaginación descansó por fin y se volvió a estirar en la cama convencida de que acababa de conocer a un tal Van Gogh, un tipo fascinante. «Te recordaré», susurró y se volvió a dormir.

El Port Vell acoge una magestuosa exposición que permite al visitante entrar dentro de los cuadros de Van Gogh y encontrar los rastros de su vida que le llevaron a realizar aquellas proezas. Bajo el nombre «Meet Vincent Van Gogh», la muestra, creada por el mismísimo Museo Van Gogh de Amsterdam, propone un recorrido inmersivo en seis capítulos por la vida y obra del artista. Entre los hallazgos de la exposición, el visitante podrá estirarse en su dormitorio de Arlés, coger sus célebres zuecos, ver cómo saltaron los cuervos del maizal o pintar de forma interactiva con la misma paleta de colores que usaba el genio holandés.

La muestra, que viene de Shangai, llega por primera vez a Europa y se espera que hasta unas 100.000 personas se acerquen a la carpa que acoge la exhibición en el Paseo Joan de Borbó. «Lamentablemente, las limitaciones nos impiden poder ceder sus cuadros a otros centros, pero de esta forma podemos acercar al público la verdadera esencia de las obras del artista», comentó ayer Adriaan Dönszelma, Managing Director del Museo van Gogh de Amsterdam,

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