Trias convierte Turismo de Barcelona en una sucursal del soberanismo

El PP acusa al alcalde de «vender la joya de la corona» de la ciudad

La Razón
La RazónLa Razón

El consorcio Turismo de Barcelona, formado al 50 por ciento por el Ayuntamiento y la Cámara de Comercio, cumplió el año pasado 20 años. La importancia de esta entidad en la construcción de la Barcelona contemporánea está fuera de toda duda. No ocurre lo mismo, sin embargo, con la tendencia que está acuñando en los últimos tiempos. Sucede que ni siquiera un organismo tan vinculado a la economía ha podido resistir la tentación de implicarse en la deriva nacionalista. Más aún con la llegada de Xavier Trias a la alcaldía. Al menos, así se desprende del libro «20 años haciendo turismo» de Turismo de Barcelona. Según el PP, el Ayuntamiento «se ha vendido la joya de la corona de Barcelona a favor del independentismo».

No en vano, el texto explica discutibles operaciones, como la compra de Spanair, como un motivo de orgullo. Según los autores, la aerolínea supuso «un reto estimulante y necesario». El portavoz adjunto del PP en el Ayuntamiento, Javier Mulleras, recordó que la quiebra de Spanair supuso hipotecar 15 años las inversiones de Turismo de Barcelona al avalar el préstamo de la compañía de 75 millones.

Lo cierto es que el texto aún va más allá y convierte episodios polémicos de la historia reciente de la ciudad en ejemplos de «la Barcelona comprometida». Según los autores, los encierros de inmigrantes en iglesias hicieron cambiar la Ley de extranjería en 2001 y el movimiento de los indignados parece que tuvo su epicentro exclusivo en Barcelona. De hecho, a su juicio, la plaza Catalunya se convierte en símbolo del movimiento 15M pese a tratarse de una mera constelación de las protestas en la plaza del Sol de Madrid.

Esta visión de Barcelona contrasta, sin embargo, con la «Barcelona identitaria» de la que hablan los autores cuando se trata de cultura. Cualquier vestigio de la Barcelona mestiza o cosmopolita desaparece para convertirse «en el centro cultural y nacional del país» en la que brillan los «castellers». «Barcelona, sede del gobierno de la Generalitat también es el epicentro político. El gran punto de inflexión llegó en 2012 con un millón y medio de catalanes manifestándose por las calles de la ciudad», apuntan. El tricentenario de 1714 tampoco podía quedarse al margen del aniversario de Turismo de Barcelona y el texto añade que la inauguración del «Born Centre Cultural es el último ejemplo de las raíces identitarias de la capital catalana».