Vidas de Giacometti

Un libro recupera las impresiones que el escritor James Lord tuvo con el gran escultor y su hermano Diego

Desde hace un tiempo, la editorial Elba ha venido publicando en nuestro país algunos de los perfiles artísticos que fue escribiendo James Lord, una de las más interesantes e intensas voces de la historiografía del arte.

Desde hace un tiempo, la editorial Elba ha venido publicando en nuestro país algunos de los perfiles artísticos que fue escribiendo James Lord, una de las más interesantes e intensas voces de la historiografía del arte. Fue amigo de todos, desde Pablo Picasso a André Gide, desde Dora Maar a Jean Cocteau y todo lo que vio supo explicarlo con una aguda y elegante prosa. Por eso la aparición de uno de sus trabajos no es solamente una buena noticia sino que roza el acontecimiento.

Elba acaba de lanzar «Los hermanos Giacometti», con las vidas de Diego –el gran olvidado de la saga– y Alberto, el escultor que se convirtió en uno de los gigantes del arte del siglo pasado. Lord tuvo el privilegio de conocerlos, de andar por sus talleres y, sobre todo, hablar y hablar, ser testigo de conversaciones que hoy nos permiten reconstruir un pedazo de la historia de las vanguardias. Leer estas páginas es como poder ser testigo directo de esos encuentros que se alternan en el libro con fragmentos de los diarios personales de James Lord.

La primera de las entradas es del 15 de febrero de 1952. En esa fecha, en un café parisino y gracias a su amigo Peter Watson, conoció a Alberto Giacometti. Tan emocionado estaba Lord que se quedó mudo ante Giacometti mientras hablaba con Watson sobre una amiga común, una tal Isabel que parecía ser devoradora tanto de hombres como mujeres. Luego pasaron a conversar sobre el arte del escultor: «Hablaron de las obras en las que estaba trabajando Giacometti, respecto a las que se mostró muy satisfecho. Yo me aventuré a decir que la exposición de Nueva York me había parecido admirable. Giacometti se encogió de hombros y dijo: “Eso demuestra que usted ve sólo con los ojos”. Pero se rio. Tenía los dientes muy pequeños y muy separados, manchados por el tabaco –fuma sin parar–, de manera que cuando se ríe su cara parece la de una de esas lámparas de Halloween hechas con una calabaza. “En fin, es mejor que ver con los pies”, concluyó».

Entre Lord y Giacometti se crea una amistad llena de complicidades, como cuando el artista quiere regalarle un gran cuadro, pero el estadounidense le pregunta sorprendido por qué. «Bueno, si no eres capaz de decirme por qué debería ser tuyo, entonces más vale que me lo quede», responde socarrón Giacometti que finalmente entregó la pieza al amigo.

El libro explora esa amistad que se extendió por catorce años en las que no hubo prácticamente ningún desencuentro. Este tuvo lugar en noviembre de 1956, cuando Lord escribió una carta pública a Picasso criticándolo por ser miembro del Partido Comunista y no haber condenado la represión soviética tras la invasión húngara. Giacometti desaprobab a Picasso como artista y persona, pero «no tengo derecho a emitir juicios en público, más teniendo en cuenta que yo también soy una amenaza pública para el bien común. Como tú, y como Picasso. Verás, Platón tenía razón respecto a los artistas, y no quiero discutir sobre ese punto. Hiciste mal».

«Los hermanos Giacometti»

James Lord

ELBA 198 páginas

19 euros