Bebi Fernández: «No me puedo considerar influencer; yo escribo libros y hago activismo»

«Memorias de una salvaje», que versa sobre la trata de mujeres en España, es la primera novela de Bebi Fernández

Resulta complicado explicar a alguien que no maneje redes sociales quién es Bebi Fernández (Alicante, 1992). Entre otras cosas, porque ese no es su nombre real y jamás ha desvelado su identidad ni imagen. Con 26 años, esta criminóloga es una de las voces con mayor potencia en el entorno digital en nuestra lengua. Huye del término influencer y abraza el de activista. Feminista «de raíz» e irreverente por naturaleza. Hoy, más de millón y medio de seguidores entre Twitter, Instagram y Facebook, y un libro entre sus manos: «Memorias de una salvaje». Confiesa que escribir le ha dolido, pero ahora se conoce más. Y nosotros, pese a no saber quién es, también.

-¿Quién es Bebi Fernández y a qué se dedica?

-Bebi Fernández es una activista en red. Es mi alter ego, y se dedica a al activismo social, a la crítica costumbrista. Una crítica mordaz, ácida, que casi roza la mala educación. Me hice muy conocida entre 2013 y 2014. A partir de ahí, deriva en mi faceta de escritora, que no tiene nada que ver con lo que escribo en redes.

-¿Mejor, entonces, hablar de activista que de influencer?

-Mucho mejor. No me puedo considerar influencer. El influencer es alguien que representa o que recibe a marcas, que monetiza su presencia en red. Yo me dedico a escribir libros y a hacer activismo online.

-Pero usted influye sí o sí.

-Si entendemos influencer como persona con capacidad de influenciar a través de internet, sí, lo soy.

-¿Por qué oculta su identidad?

-Lo de ocultar mi identidad fue algo que realmente surgió sin quererlo. Cuando empecé a soltar mis ideas en 140 caracteres en Twitter llegó un momento que alcancé un número de seguidores que me asusté. Decidí crearme un pseudónimo y, de paso, una burla más: el cliché de rubia tonta con el que había lidiado toda mi vida. La dualidad de la mujer; parece que tienes que o ser guapa, o ser atractiva. Bebi es una burla a eso.

-Ahora salta nuevamente de los 140 caracteres al papel. ¿Qué cuenta «Memorias de una salvaje»?

-Es una narrativa con un poso de crítica social importante. Es un «thriller» ficcionado. La parte social está basada en hechos reales, tras una investigación exhaustiva sobre las mafias que operan en España respecto a la trata de mujeres y la explotación sexual. Es la historia de una chica de 19 años al uso por su iter vitae. Es la hija de un narcotraficante asesinado en un ajuste de cuentas y que deja una deuda que ella va a tener que pagar alternando sus estudios universitarios y trabajando en un club de alterne clandestino. Lo importante de la novela es su protagonista y toda la alegoría y la metáfora que hay detrás. Una crítica social en la que juego con el ensayo, el periodismo casi, y la verdad.

-Con la cantidad de frentes abiertos que tiene hoy el feminismo, ¿por qué eligió este tema en concreto?

-Me voy a la trata de mujeres porque creo que una de las violencias más brutalmente normalizadas, hasta rozar lo psicopático, que está viviendo esta sociedad. Es una violencia que tiene consumidor. Tan pensada, tan enraizada en nuestra sociedad, que la tenemos normalizada. Vamos por la autovía y vemos un cartel de neón y no somos capaces de pensar y enrabietarnos por que haya chicas de mi edad esclavizadas y violadas todos los días por hombres de a pie. Me parece brutal. Es una temática que tenía que tocar en mi novela. Estamos totalmente adormecidos.

-¿Se puede diferenciar, por el tono y el objetivo, el activismo que realiza en Twitter con el que encontramos en papel?

-(Muy segura) Sí, claro. La gente se sorprende cuando me lee en papel. Se espera un lenguaje como el que yo empleo en redes sociales. Espera una acidez, un humor, que luego no se da en mis libros. Son mucho más emocionales, más serios y y con un lenguaje mucho más cuidado. Cuido mucho mi faceta literata, es mi vocación.

-(NOTA: esta entrevista se realizó el miércoles 12 de diciembre, días antes de conocer la noticia del secuestro, agresión sexual y asesinato de la profesora Laura Luelmo en Huelva) Se acaba 2018. ¿Un buen año para el feminismo?

-Vamos mal, pero vamos bien. Quiero decir que queda muchísimo por hacer, pero estamos dispuestas a hacerlo todo. La cuarta ola feminista es imparable gracias a las redes sociales e Internet. Se han despertado lazos de sororidad por todo el mundo. Va para largo y vamos a dar mucha guerra. Es una batalla que estamos dispuestas a ganar y dejaremos el mundo mucho mejor de lo que lo encontramos.

-Pero Internet también ha llevado, como hemos visto este año, a la apropiación y comercialización de la marca feminista.

-Aquí se sube al carro todo el mundo. Es consecuencia de vivir en un sistema capitalista que trata de explotar todo lo que se pone de moda. Ayuda a extender mensaje, pero se empaña el mensaje real de la lucha. La camiseta con el mensaje que podemos comprar está hecha por mujeres en países tercermundistas, y eso no ayuda al feminismo, sino que capitaliza la lucha. Es la doble vara de medir de la sociedad en la que vivimos. Es importante que las activistas intentemos que las nuevas generaciones profundicen y vayan a la raíz, que es que vivimos en un sistema patriarcal y hay que cambiarlos desde las estancias educativas.

-Y de Bebi, ¿qué más podemos esperar?

-A nivel creativo, esta novela. Escribirla ha sido un proceso precioso, porque descubrirme como novelista ha sido como volver a nacer. Me he descubierto a mí misma como persona y como escritora. Pero este descubrimiento me ha dolido mucho. Al leerla, los lectores se darán cuenta. Creo que es la razón por la que uno se debe recuperar. Te mata y te revive a la vez. Ahora estoy un poco muerta. Por ahora no tengo más proyectos editoriales. Disfrutar de la novela y recuperarme.

-Le seguiremos leyendo, pues, por Twitter.

-Por supuesto, eso siempre. Me moriré creando.